Concurso de Relatos Cortos
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Nº 328

“LA PRIMERA VEZ FUE LA ÚLTIMA”

Nuria Pérez López

La primera vez que me hizo reír noté algo especial en mi interior. La primera vez que rozó mi mano sentí la felicidad. La primera vez que me abrazó… ¡fue tan dulce! La primera vez que me besó fue maravilloso. Me invadieron agradables sensaciones. La primera vez que hicimos el amor… me conquistó. Me dijo: “Te quiero”. Y yo le contesté: “Yo también te quiero”. Éramos felices. La primera vez que me pegó no supe reaccionar, me quedé desconcertada, impotente… no entendía nada. Sentimientos de culpabilidad me invadieron ¿en qué había yo fallado? Me sentí indigna... Después llegó la tristeza y la pena. Lloré durante horas. Finalmente, me sentí decepcionada y engañada… Aquella noche dormimos separados. A la mañana siguiente me pidió perdón. Me besó y me dijo “Te quiero”. Yo le contesté: “Yo también me quiero”. Fue la primera vez que me pegó y también la última.

Nº 327

Sensaciones

CRISTIAN GONZALEZ

Tu pelo disfraza mi mano, que intenta ser la nueva piel de tu piel, recorriendo cada rincón en busca de un vacío que poder cubrir como parte de tu cuerpo. Tu cuerpo danza con la luna, sobre el cielo un inmenso desfile de estrellas, detrás de ellas, la soledad, la nada, la eternidad y ahí estamos tú y yo desenvolviéndonos en la intimidad. Saboreo con dulzura la piel que intenta ocultarse en la curva que sostiene las entrañas de tu boca. Me pierdo, y tú vuelves a encontrarme acariciándote a escondidas. El deseo se convierte en locura por tenerte. El placer vehemente se hace con nosotros, al sentir la fuerza de tu respiración, la temperatura de tu aliento en mi rostro. Estamos solos, tendidos desnudos envueltos en cintas de seda sobre miles de pétalos de flores. Y te vivo con intensidad hasta que nace el sol.

Nº 326

Con ternura..

CRISTIAN GONZALEZ

Él le beso en la barbilla y ella recorrió el rumbo que le marco su corazón no queriendo esperar más, bajo la barbilla para encontrarse con su boca. En solo unos segundos construyeron una historia de amor. Piel contra piel, con la textura impensable de sus labios se acariciaban, resbalaban la suavidad de sus cuerpos en gotas de lluvia, formaban nuevas palabras con algunos de sus movimientos, convertían los segundos en minutos, hicieron realidad su petición de parar el tiempo y eternizaron su pasión entregando sus cuerpos al deseo. Las nubes se ocultaron por temor al anochecer y la luna cubrió el lago con su reflejo para esconderles del exterior, su luz cayó sobre ellos en pedazos del amanecer extinguiéndoles del calor y la ternura de su primera vez.

Nº 325

Ocho Segundos

LOUMAR

Era el primer día de clases en la universidad, llegué retrasada, subí rápido por la escalera; el salón aún estaba cerrado y de repente él apareció allí, recostado sobre el umbral, esperando, casi como un niño huérfano. El sol de media tarde iluminaba parte del pasillo y también su figura circunspecta, que se inmortalizó en mi retina. Los avezados en el tema dicen que basta con ocho segundos, yo solo necesité uno. Un ángel, quizás Cupido, encendió esa luz y por primera vez, sin quererlo ni pensarlo, en una exhalación, me enamoré a primera vista

Nº 324

El Útero

LOUMAR

Estábamos allí, suspendidas en medio de la nada y sintiéndonos centro de todo; en un segundo desaparecieron, como por un inesperado sortilegio, la fatiga y el cansancio que teníamos acumulados después de una semana de viaje. El agotamiento empezó a ceder con el cosquilleo del agua y la arena, cuando la brisa las hacía chocar contra nuestros pies. Éramos las dos, en silencio. La contemplación panorámica cedió, nuestros ojos se encontraron por un instante; percibí en su mirada un destello que no supe si era lágrima o resplandor, una sonrisa cómplice afloro entre nosotras y así, nos introdujimos en esa naturaleza misteriosa, que por su sabor, textura y olor me recuerda el primer tránsito que hacemos los mortales antes de emprender la quijotesca aventura en este mundo. Descubrir el mar por primera vez, evoca en mí esa apacible esfera colmada de líquido inocuo y liberador: el vientre materno.

Nº 323

El Final

Atlante

Ya no quiero Recordar en que año fue, tampoco la edad que tenia, he deseado que esas imágenes desaparezcan de mi mente o se tornen confusas, como un sueño vago o de poco interés. Pero no fue así, y la verdad que lo recuerdo muy bien, recuerdo su olor, su respiración, su último suspiro, recuerdo su mirada turbia, tal vez vidriosa. Mas sin embargo me ha resultado difícil recordar sus ultimas palabras, pues entre la confusión y el llanto, no la entendí bien; quiero creer que me dijo “Te quiero”, pero la verdad no estoy seguro. Tal vez ni siquiera alcanzo a decir nada, solo movió sus labios. Debí besarlos por última vez, pero no tuve valor, era la primera vez que veía morir a alguien amado, era la primera vez que veía morir el amor, el mío, el de ella.

Nº 322

*RUPTURA*

eL RAFA

Fue mi primer noviazgo por internet. Catherine decidió romper la relación. Teníamos dos meses de ser novios. En ese tiempo yo aprendí un poco de francés y ella algo más de español. Muchas cosas en común nos unían: la literatura, la música, el teatro, la naturaleza, la fotografía, y hasta coincidíamos en las formas de hacer el amor. Nunca olvidaré sus últimas palabras: -Mon chéri, si no puedes ver mois en persona, cet mi último chat.

Nº 321

AQUEL DIA

Amparo

Aquel día... > Con escombros de amor en mi corazón, decidí aquel maravilloso día mirarme. > De a poco dejé de vulnerar mis deseos, me gusté, simplemente me gusté. Desmantelé cada espejo que había en mi casa y me acaricié el rostro. > Esa mañana mientras aguardaba la hora, pensé en mi trayecto de vida: cuidada, fingida, deslucida, apagada. Solo esta rebeldía interior y el saber que realmente era lo que necesitaba y quería, fue lo que me volvió el alma al cuerpo. Antes de salir besé la cruz dos veces y pedí perdón. Abrí la puerta de calle, respiré hondo y caminé hacia su encuentro. > Pensé en el hábito de monja que habían quedado sobre la cama y por primera vez sentí que había encontrado mi camino.

Nº 320

EL MONO

LA PRIMERA VEZ...QUE TE VÍ

La primera vez que te ví, fuego, y no corrí, ni lloré, ni temí, ni reí, fue esa la vez. Ya no me alejaba de tí, sino te ansiaba, te quería, me maravillabas, aun sabiendo, que me harías daño. Dolor, calor, magia, carne, lecho, un hogar, todas tus chispas y misterios me diste. A los demás quería mostrarte, y nadie te entendía como yo; te apagaban, se agitaban y angustiaban. Sí, esa fue la vez. Fue la vez que te descubrí, cuando ya estabas, te descubrí, y tú, y esa vez, por fin, fui un hombre.

Nº 319

EL adiós de mi primera muela

Aldrúbal Alejandro

Después de conversar conmigo, la amable odontóloga me cedió el confortable sillón en donde tenía que estar recostado para poder extraerme la quebrantada muela. Entonces, cerré los ojos perentoriamente en ese singular temporal y, sin el nimio interés de entrever como ella manejaba en sus sutiles y laboriosas manos las pulimentadas pinzas, evoqué el pasado malestar agudo cuando detentaba una profunda abertura dirigida hacia los endebles nervios de mi encía. Debido a la intrínseca afección molar, la doctora empezó a variar sus distintas posturas junto a sus exánimes instrumentos, sintiendo pausadamente el roce del tenaz metal en mi frágil pieza, la cual permanecía acérrimamente aferrada por mi exorbitado temor. Entre ese paulatino esfuerzo de extraérmela, sucedió que me dormí sigilosamente… y al poco instante, escuché una modesta voz que decía: ¡”Ya puede abrir los ojos… vea su primera muela”!

Nº 318

Gritos y tirones

CARLOS QUIROS

Para mi primera vez recurrí a una profesional. No fue por falta de oportunidades, de hecho un par de amigas se ofrecieron de forma más o menos directa. Pero estas cosas es mejor dejarlas en manos expertas. Tenía 25 años. Sé que es un poco tarde, sobre todo en estos tiempos donde los jóvenes cada vez lo hacen antes. Yo no había sentido ese impulso hasta entonces. Las ganas me vinieron de repente, estando en la playa. Con el calor y la escasez de ropa… ya se sabe. Al principio estaba muy tenso y me dolía. La chica decía que era porque no estaba suficientemente caliente. Y tenía razón. En cuanto estuvo en su punto, todo salió mejor. El problema fue que ella era demasiado brusca y pegaba unos tirones que me hacían gritar. Los estrenos suelen ser bastante desastrosos. Así fue la primera vez que me depilé.

Nº 317

El pañuelo

LADY MACBETH

El tío abuelo tenía los párpados abultados y una sonrisa entre alegre y resignada; ella no sabía que trabajaba en la cárcel y que aborrecía su trabajo. La niña, sentada al sol, repasaba con puntadas desiguales, en un trozo de sábana, el contorno de un velero; sobre él un círculo amarillo del que surgían líneas rectas –una larga, otra corta, alternadas– representaba el sol. El tío se acercó, alabó la labor y le pidió que le bordara uno para él, un pañuelo, dijo. Semanas más tarde oyó a su abuela llorar la muerte inesperada del hermano. Mientras todos se afanaban buscando las ropas de luto, sintió que estorbaba, se refugió en el balcón y recordó, de repente, la promesa incumplida. Fue la primera vez. Después se ha ido acostumbrando a esa mala costumbre que tienen los difuntos queridos: marcharse dejándonos siempre una cuenta pendiente, una deuda definitivamente impagada.

Nº 316

TREINTA EUROS

JOSE IGNACIO SEÑAN

Su boca fue explorando cada centímetro de mi piel. El manejo experto y suave de su lengua sobre todo mi cuerpo conseguía transportarme a una dimensión desconocida. Cada uno de mis sentidos intentaba abarcar un universo de sensaciones. ¿Qué parte de su cuerpo acariciaría, cual de sus gemidos podría volverme loco, cuántas veces podría besar sus enormes pechos? Su sexo, abierto, me susurraba caricias de locura. ¿Cuánto tiempo permanecería saboreando su aroma, qué tesoro escondería tras ese volcán en erupción? No me dio tiempo a contestar a tanta pregunta. Cuando quise darme cuenta estaba tumbado en la cama boca arriba, mirando al techo, mientras ella se vestía y recogía sus cosas como el que termina un contrato por obra y servicio. Retocó de carmín sus labios voluptuosos y guardo el dinero en el bolso. Mis treinta euros del estreno se esfumaron en un abrir y cerrar de ojos.

Nº 315

Palabras tardías

Yoandy Castañeda Lorenzo

Nunca fue amor. Nunca. Tampoco una odisea probatoria donde encarar los sueños y los miedos, respecto a una virilidad latente y prematura. Nunca fui a la mujer. Nunca. Pero ella me encontró y casi sin palabras me condujo. Yo, desde mi trono adolescente, desde la inseguridad suprema…Nunca temblé. Nunca. Pero se me doblaron las piernas y un sudor desconocido, casi por capricho, se desplazó irreverente por los poros y mis venas hincháronse a vuelo de placer entre los cítricos y el olor a tierra húmeda y a vaho de animal recién parido y a respiración continua. Un temblor apenas. Y el manantial de los sinsaberes se alojó en el cuerpo ajeno como ráfagas de centella. Nunca lo conté, nunca y alguien hoy logró arrancarme las palabras.

Nº 314

Curso de 2010

Calixto

Desperté como cada mañana, con los rayos del Sol incidiendo sobre mi rostro y quejándome de mi poco tiempo de sueño, aunque me gustaba lo que hacía, la luna era mi mejor consejera y amiga. Tras asearme, encendí mi ordenador de sobremesa y abrí mi cuenta de correo electrónico. Mensaje nuevo, remitente, sin identificar por mi lista de contactos. Ha sido premiado con una mención especial en el certamen literario. Mis ojos se abrieron como platos soperos, mi corazón quiso salirse de mi pecho, mis manos parecían un nido de serpientes rabiosas. Por fin, mi primer reconocimiento, el inicio de una etapa de mi vida y quien sabe si de un cambio radical.

Nº 313

Figura chiquita

Silex

Figura chiquita, que no diminuta. Frágil como una pavesa a punto de apagarse. Toda ella vestida de negro. Cuerpo menudo que titila a cada paso. Ojos grandes, negros, profundos. El rostro dibujado por décadas y lustros, preñados de penas y alegrías, de más adioses que bienvenidas. Sus recias manos se antojan sarmientos a los que el reuma no ha hurtado la caricia ni la ternura. En sus labios siempre una sonrisa. Es mi abuela. Allí estaba ella. Feliz, alegre, triunfante. Con sus ojazos bien abiertos queriendo captar en un solo instante todos los detalles del paisaje. Flotando en la brisa que nos circundaba. El sol llenando su cara de luz. Entonces ya no estaba mi abuela, sino la muchacha de la foto de color sepia, que en plena juventud, me contemplaba desde el aparador de mi casa. Y esa joven dijo: El mar es como imaginaba, la gloria misma.

Nº 312

La priemra vez...

.....Paulaivet

El color de la primera vez.... La pureza, una caricia , el blanco,el poder de unas manos encima de un piano.. El verde., el gusto, la frescura , el sabor de las cosas,el placer del sabor......... La vista , el azul , una ventana desde donde alimentamos a nuestra alma, un cielo azul..el color de mar El sentido del amarillo, donde oír la sinfonía de la vida. .de la música ,de una sonrisa El color morado...el poder de sentir el olor de la melancolía,o una casa de antaño... Como en un rincón en medio de un bosque, cubierto de hierba , donde el aire es fresco y a la vez dulce y te inunda dentro de ti como cuando la música pasa por encima del agua. Podías sentir, precibir el olor de la lluvia que paso por allí, ,la pureza de la frescura, el olor de tierra mojada. Incluso se podía sentir el olor de la melancolía

Nº 311

Amor eterno

Alejandro cardona

Su cuerpo endiablado en las curvas extrañas y siempre atraídas de la carne me llevaban a pensarla y desearla todo el tiempo. La conciencia y el juramento del pasado me prohibían intentar cualquier acercamiento. En la batalla del deseo salieron derrotados el corazón y la razón, inevitablemente mi poder fue mi mejor arma de seducción para acariciar cada rincón de su piel sobre la mesa de la recepción que administraba. Desde la primera vez que me venció la tentación te convertiste en mi eterna amante.

Nº 310

El presente

Huma

Todos y ninguno pueden ser los motivos que desencadenen mi tortura. Una mirada, un gesto, una palabra, transforman el rostro, por el que hace años mi corazón temblaba de pasión, en una mueca de ira y desprecio que ahora hiela mi sangre. Empujones, insultos y golpes dan paso al silencio, al arrepentimiento, a las peticiones de perdón y las promesas de cambio jamás cumplidas. Asumo mi presente, jamás pensé en revelarme contra él. Pero hoy todo cambió, al percibir como el cuerpo de mi pequeña desprendía un olor que durante los últimos años no he logrado borrar de mi piel, al ver como mi verdugo se aburría de mí y la buscaba como nueva víctima. Su terror alzó mi brazo y cerró mi puño. Por primera vez, mi cuerpo y mi espíritu se defendieron y se negaron a aceptar la realidad que les tocaba vivir.

Nº 309

Con ternra

Cristian González

Él le beso en la barbilla y ella recorrió el rumbo que le marco su corazón no queriendo esperar más, bajo la barbilla para encontrarse con su boca. En solo unos segundos construyeron una historia de amor. Piel contra piel, con la textura impensable de sus labios se acariciaban, resbalaban la suavidad de sus cuerpos en gotas de lluvia, formaban nuevas palabras con algunos de sus movimientos, convertían los segundos en minutos, hicieron realidad su petición de parar el tiempo y eternizaron su pasión entregando sus cuerpos al deseo. Las nubes se ocultaron por temor al anochecer y la luna cubrió el lago con su reflejo para esconderles del exterior, su luz cayó sobre ellos en pedazos del amanecer extinguiéndoles del calor y la ternura de su primera vez.

Nº 308

Cada mañana

Willis

Despierta cada mañana, toma su triste costal cargado de herramientas y esperanzas; y se marcha a buscar el pan para sobrevivir al cuerpo una vez más, y ve con sus ojos triste a ese hijo suyo, tan joven, tan vivaz y sueña con que su calvario le sirva de puerta para hacer su vida más fácil que la de el mismo; y de súbito se viene el recuerdo de esos ojos, tan simples y hermosos, los de su amada compañera , que le falto en un momento y para siempre llevándose un “te quiero” que no volvió a consolar. Y erguido toma su costal como la primera vez y sigue caminado fiel a la vida, con cansancio, sed y hambre esperando regresar, para volver a romper la mañana con sus manos desgastadas una y otra y otra vez más.

Nº 307

Un golpe a la realidad

Willis

La vida no es mágica ni mucho menos, esa fue la primera frase que vino a mi mente esta mañana mientras despertaba ausente de sentir, la vida no ofrece mas que ilusiones me dije a mi misma, es como un trayecto sombrío en el que se nos pide sonreír, si, sonreír, porque al hacerlo seguramente nos distraemos y olvidamos el doloroso choque de realidad que a cada momento viene a nuestros sentidos, a nuestra alma, a nuestro ser completo, ese golpe que nos amedrenta y nos muestra el camino tal y como es, desierto, vano, sin sentido, completamente temporal y lleno de contradicciones, así los sentí ante esa alba por primera vez y durante mucho tiempo , así me sentí, casi sin alma, hasta que llegaste a todos y a cada uno de mis cansados momentos.

Nº 306

La primera vez que pasaba

Gonzalo Gómez

En cada territorio sucedió de una manera distinta pero acabó llegando a todos. Los científicos no supieron verlo. Los medios de comunicación no se anticiparon a los hechos. Para cuando dijeron algo el cielo ya tenía un color naranja imposible, que ningún ser humano había visto antes. Después llegaron los crujidos, los gritos, y todo, en realidad, sucedió sorprendentemente rápido. La telefonía dejó de funcionar, pero todo el mundo caminaba por la calle con el teléfono en la mano y corriendo, en un desesperado intento de abrazar a un ser querido, o de escuchar a alguien de la tele decir que todo estaba a tiempo de solucionarse. No estaba a tiempo. Fue el final. Y la primera vez que pasaba.

Nº 305

LA PRIMERA VEZ que supe cuanto te amaba...

Amara Rivero

La primera vez que supe cuanto te amaba fue aquella noche de septiembre, vagué con angustia hasta tarde. Me culpaba. Mil veces volví a caminar por esas lejanas calles con la esperanza de ver tu figura. En ocasiones el corazón me saltaba con la certeza del encuentro. Los ojos siempre me engañan. Desde entonces nada me alegraba. Los amigos intentaban animarme, no faltó hasta el sabio consejo de sustituirte, pero es que mi alma no entiende de rápidos reemplazos como saben hacerlo mis cansados pies. Al abrir mi puerta al sol de febrero, allí estabas, tu cuerpo temblaba y yo sentí estremecer el mío. Te abracé en silencio, mis lágrimas agradecían tu ya improbable regreso. Estabas sucio y flaco, no dejabas de mirarme suplicante ni de colear, lamiste una herida en tu costado. –Pobre Mochy, entra, bravo y viejo amigo, y perdóname por primero haberme dejado vencer.

Nº 304

LA PRIMERA VEZ QUE LA VIO...

Amara Rivero

La primera vez que la vio, quedó prendado de la muchacha del cabello negro, ensortijado y largo que cantando trabajaba. La enamoró y se casaron. Cuando le llegó a mi madre el momento de nacer, había tormenta. Él estaba lejos, ganándose el sustento. La muchacha del hermoso cabello estaba sola y tuvo que ser muy valiente para que mi madre pudiera ver la luz, por primera vez. Tantas veces la vi soltarse el moño y peinar su escaso y largo cabello blanquísimo, no comprendía que fuera su orgullo, el mejor y único legado que pudo dejarnos por herencia. Tampoco entendí su llanto cuando mi madre le cortó su pelo porque ya senil se negaba a bañar. Me acaban de cortar mis plateadas hebras, sólo ahora la comprendo, nada ocurre por primera vez.

Nº 303

DESPEDIDA

Eugenio

Giré la cabeza. Mi padre seguía allí. A los cuarenta años, su pelo era nieve. El frío me cubrió el corazón. Era la primera vez que dejaba mi casa. —Te quiero, papá —susurré. Sólo me oyó el pilón de la Fuente Vieja. «Nunca se lo dije», pensé con tristeza. Me detuve a remojarme el rostro. Sonreí recordando a La Chula empapada. De niño, disfrutaba salpicándola. Aspiré profundamente y un aroma a Ideales me besó por dentro. > Acomodé el petate y continué rumbo a la estación. Y ya no miré atrás. …………………………….. “Te quiero, hijo”. Sus lágrimas, como reguerillos de pena, desdibujaban la figura lejana. —¡Vamos, Chula! —dijo a su mula— Hay trabajo —añadió. Pero ninguno se movió. En el cielo, como un cuchillo afilado, una nube cortaba al sol en dos. —¡Puñetera guerra! —dijo muy bajito. Y una colilla diminuta voló furiosa hacia una acequia cercana.

Nº 302

La primera vez que me enamoré

Granaina

La primera vez que me enamoré tenía sólo nueve años. No me enamoré de un hombre, ni de una mujer, ni de un guapo actor famoso; me enamoré de una cultura. Aquellos fríos días de Marzo mis padres me llevaron a ver un espectáculo lleno de luz y de color.A mi corta edad, sólo buscaba el castillo del que tanto hablaba todo el mundo, sin embargo, no encontraba palacio alguno pero sí muchas princesas: las calles estaban llenas de princesas con ensaimadas en la cabeza. Mi madre dijo que las llamaban falleras, pero poco me importaba el nombre; lo que tenía claro es que quería ser como ellas.Y todavía, una década después, sigo enamorada de las calles de Valencia, del olor de sus hogueras, de las caras asombradas de los turistas y, sobretodo, del vestido de fallera que llevaré este año en la noche de la Cremá.

Nº 301

Primera y unica

Ovidio Rodríguez

No me había pasado antes. Otras veces, cuando me veía envuelto en esta situación, todo había pasado ya. Automáticamente te acuerdas de los mejores momentos, rescatando imágenes y voces que solo ocurrieron una vez, pero han estado aguardando en tu interior, destinadas ha trascender a su protagonista. Ahora era distinto, me había quedado en blanco. Había sucedido delante de mí y lo que me iba a quedar grabado para siempre era un silencio, una despedida. Me quede observándolo tratando de adivinar cual habría sido su último pensamiento. Quizás fue la imaginación, aguijoneada por la soledad que se manifestó de pronto, o tal vez un esbozo de asombro que me pareció apreciar en su rostro. Ahí estaba la respuesta. Cumples todo el tiempo que tienes concedido, > aprendiendo cada día y sin embargo el destino te reserva, para el último instante, una primera vez.

Nº 300

El mar

Sombra azul

La primera vez que vi el mar tenía seis años. Todavía mis piernas temblaban con el traqueteo del tren, que durante la noche, nos condujo a la costa. Después de dejar las maletas en la pensión, cogimos un autobús que nos acercó al puerto pesquero. Amanecía cuando mis ojos se perdieron en el azul ultramar de sus olas. No pude comprender de donde salía tanta agua y pregunté: – Papá ¿cuántos grifos tiene esta piscina?- Después de la explicación, paseamos hasta la playa y maravillada pisé la arena, la amasé, estrujé y amontoné diciendo:- ¿Nos dejaran llevarnos un poquito para cuando pongamos el Nacimiento?

Nº 299

Primera vez.. la luz

MªElena Blanco

-¡Es la misma luz que Sorolla vertía sobre sus lienzos!- dije pagada de mí misma, mientras el copiloto se resguardaba tras unas gafas de sol. -Es tan pura y celestial. ¿No te parece? Me encantaba hacerme la entendida en arte. Proseguí -El pintor consiguió atrapar la luz de esta tierra como nadie. Seguro que hay alguna brecha en el cielo por la que la luz se filtra, tan pura, tan cegadora, la debieron abrir con alguna mascletá -dije divertida- Saqué el codo por la ventanilla y apoyé la cabeza en la mano. Aquella luz ya la había visto antes, y me atrajo entonces como ahora, pero, ¿dónde?, ¿cuándo? Al girar en una curva la luz se proyectó sobre el salpicadero, cegándome. Entonces lo supe: fué cuando mi madre me dió a luz.

Nº 298

BENDITA PRESENTACIÓN

Eugenio

Yo sólo me fijé en sus ojos. Ella, en cambio, entre carcajadas, después de tanto tiempo se acuerda de cómo iba vestido aquel día: "Pantalón verde a cuadritos, ja, ja; camisa amarilla con cuello y puños azules, ja, ja, ja; jersey granate y cazadora marrón, ja, ja, ja, ja, ja." Luego comprendí por qué cuando, en aquel primer encuentro, yo buscaba la mirada de esos ojos, ella, con una sonrisa burlona, la gastaba en intentar dar crédito a que, aquel muchacho tan simpático con gafas de buceador que le acababan de presentar, pudiera tener tan mal gusto a la hora de vestir. —¡Qué combinación, madre mía!.., ejem… Marisa, me llamo Marisa —dijo ella, ofreciéndome la mejilla. —¡Qué ojos, Dios santo!..., esto... Genio, Eu-Genio, ja, ja —añadí yo, plantándole un beso que me supo a gloria. Un cuarto de siglo después, todavía me relamo.

Nº 297

Los borrachos

El Pardo

Quedaban en el boliche dos borrachos, mamados de pies a cabeza, el bolichero quería cerrar, pidieron otra copa, pero este le dice no hay más, solo queda que irse, y bueno danos un quirce entonces, el dueño enojado les dio un empujón y los tiro para afuera del local, un mamado le dice al otro por culpa tuya borracho nos tiraron para afuera, fue por voz que sos un mamerto, no te da vergüenza, empezaron a discutir hasta que cayeron en una cuneta. Cuando pasa una patrulla los carga y van a dormir al calabozo, al despertar uno le dice al otro esta no es mi casa ni la mía tampoco dice el otro. Los trajimos aquí hasta que se le pasara la mamua dice un policía, ahora se van para su casa, ahora vayan a enfrentar a sus mujeres, espero les vaya bien.

Nº 297

Los borrachos

El Pardo

Quedaban en el boliche dos borrachos, mamados de pies a cabeza, el bolichero quería cerrar, pidieron otra copa, pero este le dice no hay más, solo queda que irse, y bueno danos un quirce entonces, el dueño enojado les dio un empujón y los tiro para afuera del local, un mamado le dice al otro por culpa tuya borracho nos tiraron para afuera, fue por voz que sos un mamerto, no te da vergüenza, empezaron a discutir hasta que cayeron en una cuneta. Cuando pasa una patrulla los carga y van a dormir al calabozo, al despertar uno le dice al otro esta no es mi casa ni la mía tampoco dice el otro. Los trajimos aquí hasta que se le pasara la mamua dice un policía, ahora se van para su casa, ahora vayan a enfrentar a sus mujeres, espero les vaya bien.

Nº 296

Una nueva sensación

Sergio Perez

Un mundo entero se abrió para Saúl aquel día. Como todos los demás se ilusionaba al escuchar a la banda de música tocar el himno regional, se estremecía al sentir el suelo temblar bajo sus pies cuando estallaban kilos de pólvora al unísono, se emocionaba al sentir el calor del fuego devorando las esculturas que todos admiraban... Pero ese día fue diferente. Alargó la mano y la pasó por la superficie de aquel muñeco. Sintió la suavidad de la pintura en la cabeza del muñeco, las asperezas del corcho en las zonas sin pulir, el olor que emanaba de la pintura fresca de ninots vecinos recién acabados. Se sentía afortunado por poner caras a los monumentos que veneraba desde pequeño, sin que su ceguera hubiese sido un impedimento para disfrutar las fiestas. Su padre le dijo que el muñeco le dedicaba una sonrisa. Saúl lo sabía, y le dedicó otra.

Nº 295

NOSTALGIA

Añoranzas

Corrían los años ochenta. Iba yo más contenta que unas pascuas a estrenar mi primer trabajo en serio. Conocer la Administración, por aquél entonces, fue para mi como un premio. Yo debía ser de las más jovencillas y todos me recibieron estupendamente. Enseguida, desde el primer momento empecé a encontrarme feliz y lo único que quería era aprender y hacer las cosas lo mejor posible, que mis jefes estuvieran satisfechos con mi trabajo. En honor a la verdad, tengo que decir que mis compañeros me facilitaron mucho el camino. Además en esas oficinitas, que hoy nos parecerían “tan cutres”, se respiraba amabilidad, nada nos importaba mancharnos las manos cada vez que teníamos que hacer un escrito en esas máquinas de escribir antiguas, en las que había que poner papel carbón para hacer las copias , era todo tan entrañable…, pero hoy los tiempos son otros y han cambiado mucho las cosas.

Nº 294

Amor

Luis Barroso

Ella tambièn me dijo que también era su primera vez, pero quién sabe. Cualquier zaguán, cualquier plaza nos servía. Ella era el contacto. Antes estaba el Tofi, pero lo mataron y la designaron a ella, que se presentó como Mirta cuando le dije la contraseña. Una noche los horribles me vinieron a buscar. Cuando salí, muchos años después, la creí muerta. Pero era otra la Mirta que había desaparecido en la Esma, pobrecita. Volví a verla un domingo, en un supermercado. Traía colgados dos pibes, uno de ellos con sus mismos ojos oscuros. Se quedó mirándome, como no creyendo que ese tipo tan canoso y sombrío fuera yo. Luego sonrió, me tiró un beso de lejos y se fue. No me animé a hablarle. Temí opacar esa imagen de familia feliz. Además, seguramente ya no se llamaba Mirta y nunca supe su verdadero nombre.

Nº 293

Ella no

OSvaldo Huja

Ella no se levanta, se queda en la cama. Y él la espera, con todos sus gestos envueltos en sueños con la gracia de tenerla. Ella no llega. La angustia adusta se vuelve miseria. La borrachera desnuda fantasmas en su esperanza y en otras mujeres logra reconocerla. Está tan bella. Se levanta y en su cama cada mañana no la encuentra. Es otra la que ocupa esas fronteras. En la noche es ella, desnuda en licores y tristeza. Pero de mañana la nada se la lleva y otra en su lugar queda, tratando de reemplazar lo irreemplazable, tratando de recuperar lo irrecuperable y su conciencia se torna inconsciencia y su coherencia incoherencia… es una gran intolerancia que ni su ignorancia tolera. Ella ya no es ella; se convirtió en el dolor que lo supera. Y no se sostiene y no se mantiene y no se acepta. Rompe el espejo, rompe la vidriera, sale perplejo por las calles que sus pensamientos suelta; en este gran imaginario de desiertos que han cubierto la belleza.

Nº 292

Oscuro.

OSvaldo Huja

Llueve. Está agrisado el silencio. Las puteadas enfrentan tu ausencia, pero la bronca no llena el vacío impuesto por el tiempo. Prendo la televisión para encontrar algún consuelo, pero el dolor de las que veo no es tu dolor, aunque eso sueño. Estoy detrás de ese mundo iluminado por un fuego interno. Su reflejo te refleja como luz de un verso, pero nada es cierto en mi cuerpo deserto. Estoy oscuro y siniestro maldiciendo el lamento y apago la televisión y queda oscura la habitación y desaparezco.

Nº 291

Es sólo un poema mi amor

Julián San Miguel

Esa noche conoció sus pequeños pechos, al lado y por debajo de su tálamo. Y preocupado que si entraban sus padres, y ella graciosa. Y el día siguiente, cuando se despidieron con un beso tan chupa chups, sólo de labios inéditos en la mañana, jóvenes labios, tan nuevos que se mordían. Sonrió luego del beso, y le miró ¡Y su rostro iluminado Jesús! ¿Cómo no abrazó ese instante? ¿cómo ella no lo sujetó? Y los nuevos pedriscos, en su cara, que en la alborada le habría pasado él, como carmesíes que adoraban su rostro terroso, alegre, muy vivaz; reciente y suyo, del barrio de al lado. Se fue caminando, y ella mirando desde la puerta barrote. Se daba vuelta él, y seguía mirando y sonriendo ella, su primera canción. Dicen que el último amor es el primero. Y ellos dos se sorbieron, con sus veintiocho y sus treinta y dos.

Nº 290

DECÁLOGO DEL MALTRATO

Sonia Bailen

La primera vez me dijiste que no lo harías más.

La segunda no pude parar de llorar.

La tercera me rompiste tres dientes.

La cuarta me rogabas compasión, pero tu no te compadecías de mí.

La quinta ellos estaban delante, pero te dio igual.

La sexta estuve ingresada una semana, no fuiste a verme.

La séptima la llevo marcada en los riñones.

La octava los vecinos llamaron a la policía, preocupados por mis gritos.

La novena fue la última.

No tendrás oportunidad a una décima.

Nº 289

Vull dir-te

Sonia Segui

Vull dir-te que ets el més important de la meua vida. Vull dir-te que mai he conegut ningú com tu. Vul dir-te totes les catástrofes són al•legries quan tu ets al meu costat. Vull dir-te que poden passar mil persones davant meu, que jo sols et voré a tu. Vull dir-te que sense tu la meua vida no té sentit. Vull dir-te que mentres em separe de tu ja vull tornar a vore’t. Vull dir-te que no hi ha cosa més hermossa que la brillantor dels teus ulls, que no hi ha aroma més agradable que el del teu coll, ni sabor que m’agrade més que el dels teus llavis. Vull dir-te gràcies per ser a la meua vida. Vull dir-te gràcies per estimar-me. I per primera vegada vull dir-te el més important de tot, el que mai he dit: Vull dir-te que t’estime.

Nº 288

EL AMOR QUE DEJÓ HUELLA

Manufa

Estaba distraída, cuando de repente, el estaba frente a mi, con una mirada inocente y cariñosa, sus ojos brillaban como un atardecer de verano, si era el, cuánto había soñado con este momento. Sentí mucho miedo acercármele, por temor a no ser correspondida y a herir mis sentimientos. Pero…, ¡Pueden creerlo!, me decidí, me fui acercando lentamente, con pasos suaves pero asertivos, mi boca temblorosa, mis manos se sintieron sudorosas y mi cara estaba ruborizada; lo tomé por su armonioso cuerpo y le di un gran abrazo, no pronuncie ninguna palabra. Me sentí muy feliz porque por Primera vez me sentí amada verdaderamente. Me di cuenta que no solo era amor, también un poco de ladridos, amistad y mucha diversión y esta es la maravillosa historia de la llegada de mi perro Tommy. FIN

Nº 287

Envuelta en sueños

Juls

Cerré los ojos lentamente. Y soñé que su puño ya no me golpeaba; soñé que sus golpes eran amables caricias; soñé que sus insultos eran palabras de amor; soñé que el pestilente aroma a alcohol que emanaba era perfume para conquistarme de nuevo; soñé que me hacía sentir la mujer más divina; soñé ser feliz. Desperté bruscamente y, al levantarme, me golpeé con la tapa de un ataúd.

Nº 286

Los payasos también lloran

Richar Osés

La primera vez que decidí escribir, fue el verano que estrené los quince años. No faltaba nadie en el Talbot; mis padres, mis hermanas y yo, enlatados como sardinas, camino de Cádiz. De repente, oí una anécdota en la radio que me estremeció profundamente. Según contaban, el presentador de un circo recibió una llamada momentos antes de comenzar la función. Su madre acababa de fallecer. Estuvo a punto de venirse abajo y abandonar pero cargado de valor, realizó su trabajo como jamás antes lo había hecho. Dicen que fue la mejor función de su vida. Al fin y al cabo, pensó que esa sería una forma de homenajear a su madre. Después, rompió a llorar en la soledad en su camerino. Anoté aquella historia radiofónica en una esquina de mi tebeo. Fue la primera vez que sentí el impulso de dejar constancia de las cosas por las que merece la pena vivir.

Nº 285

LÁMPARA MUTANTE

IRIAMAR SÁNCHEZ

Abrí los ojos y vi una tarántula gigante que extendía sus patas amenazadoras sobre mi cabeza. Asustado, me oculté rápidamente bajo el edredón e intenté pensar. El sábado anterior sólo había tomado tres copas, no podía estar ebrio. Aparté la colcha, me incorporé ligeramente apoyándome en los codos y eché mis piernas fuera de la cama. En ese momento la habitación se transformó en un tiovivo rotatorio que giraba incesante mientras el enorme arácnido intentaba atraparme. Mi estómago regurgitaba y mi oído izquierdo percibía un inquietante pitido. Completamente mareado dejé caer mi cabeza sobre la almohada y cerré los ojos. Permanecí acostado oteando expectante mi entorno hasta que, horas después, mi dormitorio recuperó su habitual quietud y aquella temible araña mutó a su estado original, una vieja lámpara de ocho tulipas suspendida del techo. Era la primera vez que sufría una crisis de vértigo.

Nº 284

NACER

NÉLIDA LEAL

La primera vez que siempre será única, la que jamás podremos repetir. Ella no podrá nunca ser conjurada en el hechizo bondadoso de una repetición que nos permita volvernos expertos, un mero espejismo de aquella torpe primera vez, nuestro tímido primer beso, nuestra temblorosa “primera vez”, ésa que ni siquiera necesita aclaración. Mejoraremos nuestro primer salto, nuestro primer dibujo… podremos borrar la primera discusión, el primer error, la primera decepción… jugaremos a ser dioses y venceremos al destino viviendo mil veces, si así lo queremos, nuestra primera vez, pero, a cambio, aceptaremos que la primera, primera vez que jamás podrá ser otra, permanecerá siempre inamovible. Voy a redimirme de aquella primera vez que no pude escoger. De ahora en adelante, en nombre de aquella primera vez inalterable, prometo agotar la vida en la infinita repetición de todas las primeras veces que me hicieron feliz.

Nº 283

ESCRIBIR

NÉLIDA LEAL

La primera vez, con trece años, fue una copia burda, apenas disimulada, del último libro leído, “Mujercitas”, pero hizo nacer una ansiedad sin nombre que desde entonces no me permite parar. Por esa primera vez continúo una búsqueda que no sé si tendrá fin, continuó robando horas al sueño buscando un desenlace, feliz o no, un nuevo protagonista, la palabra perfecta que juega al escondite dentro de mi mente. Recordando esa primera vez, me descubro hoy tecleando una nueva idea a las horas más inoportunas, mirando a hurtadillas la sartén que sisea, vigilando el andar torpe de mi hija, espiando recelosa el insobornable reloj. Mi primera vez se convirtió en la llave eterna de una ilusión que no parece mortal, y que me lleva, me está llevando ahora, a continuar escribiendo para siempre.

Nº 282

AL DESPERTAR

ROCIO FERNANDEZ

Recostada en la cama, siento mis manos, mis pechos; en la espalda el hormigueo que me ha hecho despertar; y observo mis piernas inmóviles, inútiles. A veces tengo la sensación de poder mover los dedos, pero no poder levantarme es un disparo hacia la realidad. Mi madre dice que tengo que sentir el aire fresco y ver el sol, que eso me hará pensar cosas positivas, pero yo no estoy segura. La primera vez que salí, mi hermana abrió la puerta que rechinada, el miedo se apoderó de mi y la brisa me inundó de lágrimas, ella sonreía cálidamente, intentaba anular mi angustia. Vi a la gente pasear, los niños correr, y entonces pensé en lo afortunada que era antes. De repente me despierto, y nada es real. Fue la primera vez que me di cuenta de lo agradecida que le estoy a la vida.

Nº 281

22 De Diciembre

ALma Buruki

El principio del final, así denominé aquella extraña y mágica noche de invierno al calor de un cuerpo ajeno de sonrisa enmascarada. El vendaval golpeaba las cristaleras y la lluvia azotaba con fuerza mientras sobre nuestros cuerpos se desataba la más brutal de las tormentas. Fue con aquel film modernista japonés y aquella vieja banda sonora, cuando nuestros labios rozaron lo prohibido y comenzó el baile de pasión y máscaras de aquel húmedo Motel, por primera vez en nuestro corto paseo en común. Justo duró lo que un día, veinticuatro horas exactas de besos y caricias que se perderían posteriormente a lo largo de nuestras ajetreadas vidas, pero a mi al menos, me quedara este trozo de papel desteñido por las ultimas gotas de lluvia que me acompañaron de regreso a la rutina de este cuerpo sin alma.

Nº 280

Descendimiento

Jesús Jiménez Reinaldo

Los pulmones te queman y la cabeza te pesa como si fuera una cucharilla para percas. Un fogonazo de luz. Pero no ves nada. La crueldad de los blancos y negros. Sombras amenazantes. Sientes un golpe en las nalgas, como galgos acezantes que te acosaran. Las voces manchan. Hieren sus timbres. Rompes a gritar que te dejen en el agua. Pero ellos ríen. Mascullan grititos, estallan en júbilos sonoros. Te asustan. Y tú quieres encogerte, tanto frío. Esponjas jabonosas, tacto de telas blandas, todo te sobra y todo te irrita. Dónde apoyar la cabeza, dónde flotar. Te dejan donde el calor palpita rítmicamente. Te aquietas. Quieres dormir. Pero sientes un corte agrio, te aprisionan con una tenaza la flor del vientre. No se puede huir del dolor. Te rozan con ásperos muñones, te alientan con soplos de aire. Pregunto qué seré mientras tiemblo y respiro.

Nº 279

EL CAPÓN.

Matilde Cortijo Otero

La primera y última vez que mi padre me levantó la voz a los dieciséis años, no daba crédito a lo que escuchaba. No recordaba ningún momento en mi vida antes que lo hubiera hecho. Lo único que me dijo fueron seis palabras que resonaron en mi mente como si de una ofetada se tratara. Nos encontrábamos en la oficina y estaba acompañado de otra persona, me mandó hacer un montón de fotocopias urgentes, tardé mas de lo habitual, la fotocopiadora se había atascado, y al entregarle toda la documentación, me sorprendió diciendo: ¡Te voy a dar un capónnnn!. Él estaba nervioso porque llegaba tarde a la notaría. La tensión a la que estaba sometido, hizo que perdiera los nervios. Han pasado ya más de 30 años desde aquel día, pero nunca olvidaré la vergüenza que pasé delante de aquel abogado.

Nº 278

EL CAPÓN.

Matilde Cortijo Otero

La primera y última vez que mi padre me levantó la voz a los dieciséis años, no daba crédito a lo que escuchaba. No recordaba ningún momento en mi vida antes que lo hubiera hecho. Lo único que me dijo fueron seis palabras que resonaron en mi mente como si de una ofetada se tratara. Nos encontrábamos en la oficina y estaba acompañado de otra persona, me mandó hacer un montón de fotocopias urgentes, tardé mas de lo habitual, la fotocopiadora se había atascado, y al entregarle toda la documentación, me sorprendió diciendo: ¡Te voy a dar un capónnnn!. Él estaba nervioso porque llegaba tarde a la notaría. La tensión a la que estaba sometido, hizo que perdiera los nervios. Han pasado ya más de 30 años desde aquel día, pero nunca olvidaré la vergüenza que pasé delante de aquel abogado.

Nº 277

Cuando llega la muerte

Franco Adrian Sosa

El día y sus luces comenzaron a huir por todo los huecos de la tierra y la noche parecía brotar de la copa de los árboles, - es raro – la lluvia se hizo presente mucho antes que los vientos, los ruidos no sonaban, talvez el eco se había ido… Víbora de fiebre serpenteándome la frente, eso era. ¡Sueño negro y poderoso! Los árboles comenzaron a mecerse como bailando alguna de sus danzas, y los hacían sin la ayuda de los vientos… y es que juraría que el aire no existía… – Al parecer la noche había encontrado en mi cuerpo su jungla . La muerte ya había golpeado mi puerta muchas veces, pero fue la primera vez que me rozo la piel…

Nº 276

LAS MEMORIAS DEL TIEMPO

Checovick

El tiempo le había borrado su memoria y ahora andaba tras de el en busca de que se la regresara. Se subió a la cima más alta de la montaña donde los vientos venían de otros mundos y empezó a gritarle que el no era nadie para creerse el dueño de las memorias de la gente. Siguió gritándole que si no existieran los relojes el no existiría, y que era un desagradecido porque gracias a las memorias de los hombres podían contarse los días y los años. Pero algo que no olvidaba, era que por culpa de el la gente envejecía, se acostaba y no amanecía en la cama, pero si en el cementerio con los ojos llenos de tierra y de olvido, y como recompensa a todo esto nos quitaba la memoria. Porque? No encontró respuestas y cuando quiso volver a inquirirle los porqués, se dio cuenta que ya no sabía que preguntarle porque el tiempo le había borrado hasta su nombre.

Nº 275

BRUMAS DEL TIEMPO

Checovick

La vi pasar con su dolor a cuestas. Llevaba flores de todos los colores pero no las de color negro, porque bastaban los que llevaba por dentro. No quiso mirar atrás mientras duró su recorrido. Solamente lo hizo cuando estuvo al frente de el, lo miró por largo rato y sin pronunciar palabra alguna empezó a desojar cada pétalo de flores sobre su pálido y yerto cuerpo. No hubo una lágrima tampoco palabras. Su dolor no se lo permitió. A su regreso iba recordando su última sonrisa y el día en que el le dijo que era su mundo y esperanza de vida; lo que nunca le dijo, era qué sería su vida sin el. Empezó a escribir en letras grandes sobre el suelo y cada letra la fue pintando de colores hasta llegar a su casa. Ahora todos podíamos leer: estoy caminando sobre la bruma del tiempo buscando en él mi vida, porque con su partida se ahogó la mía.

Nº 274

HABITACIÓN DE HOTEL

Iriamar Sanchez

Abrí los ojos en la oscuridad espoleada por una incómoda molestia abdominal, aviso ineludible de una urgencia fisiológica. Me levanté adormilada y, con pasos lentos, me encaminé a tientas al baño. Cuando mi mano rozó la puerta del aseo noté que mis pies descalzos pisaban una superficie mojada. Irritada, pensé que mi vejiga, incapaz de aguantar más tiempo, había iniciado el proceso de expulsar la orina sin permiso previo. Busqué el interruptor palpando la pared y encendí la luz en el mismo instante en que algo se espachurraba contra mi cráneo. Me palpé y descubrí que mi pelo estaba húmedo; instintivamente eché la cabeza hacia atrás y dirigí una mirada escrutadora al techo. Una nube redondeada y transparente, próxima al conducto de aire acondicionado, desprendía gruesas gotas de agua que apuntaban directamente a mi nariz. Era la primera vez que veía goteras en una habitación de hotel.

Nº 273

La segunda primera Vez

Carlos Sendra Baquedano

La primera vez concluyó en la segunda. El deseo nos condujo a buscar con el coche un lugar tranquilo en el camino de un apartado bosque. Entonces se sucedieron algunos afortunados incidentes: por un lado lo reducido del espacio nos obligó a adoptar posturas creativas muy tempranamente; por otro lado, y debido a que olvidamos cerradas todas las ventanillas, el habitáculo se transformó en una sauna con los cristales discretamente cubiertos de vapor; pero además, por el camino solitario pasó primero un ciclista, luego un caminante con una cesta setera, y no faltó el grupo de mochileros, de modo que contribuimos a amenizar un tramo del camino de Santiago. Con buen ánimo seguimos a los nuestro, hasta que a pesar de toda nuestra insistencia, y debido en parte a la falta de oxígeno, nos vimos obligados a darnos por vencidos. De modo que, con agujetas, hubo una segunda primera vez.

Nº 272

LA PRIMERA VEZ QUE VI EL MAR

SOLEDAD CARAMÉ BRUZÓN

Me despertaron las luces del amanecer que se colaban intrusamente entre las rendijas del vagón. El ruido del tren había cesado. A lo lejos se oían las voces de los pasajeros. Desperté al “Pecas” que dormía profundamente y corrimos. Corrimos sin saber a dónde hasta que cansados nos sentamos debajo de un árbol. La oscuridad comenzaba a deshacerse como la niebla en las mañanas húmedas. De repente mi hermano gritó: “Es el mar, Tito. El mar…”. Nunca había visto el mar. En la tele sí o en algún libro, pero jamás tan cerca. Era una playa de arenas blancas, finas, solitaria a esas horas. Y el mar azul, inmenso, tan grande que parecía no tener fin. Nos zambullimos; saltamos sobre las olas y jugamos; jugamos como dos niños traviesos que se habían escapado de casa.

Nº 271

EL AMOR DE MI VIDA

Maria Jose Barranca

La primera vez que te vi supe que eras el amor de mi vida; éramos niños, nuestras miradas se cruzaron y mi corazón palpitó; me sonreíste y, sin saberlo, nos habíamos enamorado. Hoy, después de muchos años juntos, me gustaría decirte lo mucho que tú significas para mí. Quiero utilizar los colores para decirte lo mucho que te quiero; me gustaría que mirásemos a una nube para evadirnos juntos, dibujar un sol en grades trazos para darle calor al amor, pintar la luna para poder soñar juntos... me gustaría poder usar los colores más bellos para guardar con ellos nuestros recuerdos. Pero lo que más me gustaría es pintar nuestro amor en tinta roja para que nunca se borrara, utilizar los colores del arco iris para pintar una cometa, correr juntos con ella y, si se cae, levantarla de nuevo juntos.

Nº 270

Respiré hondo

James T. Irish

En el preciso instante en que se alzó el telón, los nervios, hasta entonces concentrados en el continuo temblor, se vinieron abajo, tranquilizando el corazón. El público expectante mantenía los ojos fijos en el escenario recién descubierto. Tragué saliva, de la misma forma que se traga al despegar el avión o ante una película de terror. Despegué los labios y de mi garganta brotaron las primeras palabras, que se convirtieron en versos, que se convirtieron en diálogos, que se convirtieron en las escenas de la representación teatral que marcó para siempre la dirección y el rumbo a seguir en la vida. Y todo empezó en aquel preciso instante, el momento que tanto esperábamos, por el que habíamos pasado noches de vela ensayando, tardes enteras repitiendo movimientos, todo... para alcanzar el cielo.

Nº 269

Eternidad

Aguará-guazú

Ya no debo levantarme, bañarme, desayunar, correr al bus y trabajar en esa oficina, soportando la cara amargada de mi jefe, todos los santos días, día tras día, esperando ansiosamente que llegue el sábado. Ya no tengo que preocuparme por el reloj y su monótona medición de horas, minutos y segundos, porque no existe para mí la obligación de llegar en hora a ninguna parte. Ya no iré al supermercado a comprar comida, porque no tengo necesidad de alimentarme. Tampoco me compraré ropa, porque prefiero estar desnudo. No me molestan los olores ni la luz irrita mis ojos. El silencio es mi mejor compañero. Nunca más me haré cortar el pelo, ni me afeitaré. Y nada de eso, porque he muerto, por primera vez.

Nº 268

Choriza novata

Aguará-guazú

Cumplidos diez años y terminada la escuela primaria mi padre me llevó a hacer un trabajo, con algunos de sus amigos. Aquella tarde dormí la siesta, porque mi tarea se realizaría en la noche. Se trataría de algo sencillo, solamente estar al liquindoi y chiflar en caso de ver a algún policía rondando. A las dos de la madrugada me desperté con la voz: “Vamos, que ya es hora”. Y para que estuviera más atenta me dio un cigarrillo encendido, que, aunque yo fumaba a hurtadillas desde los ocho, desconocí. Estaba liado a mano y no se le veía marca alguna. La primera bocanada de humo que llegó a mis pulmones me hizo sentir eufórica, desinhibida e ignorante de la realidad circundante, aliviada de mis tensiones anteriores. Todo mi entorno aparecía de colores brillantes. Fue la primera vez que tuve contacto con el cannabis.

Nº 267

LA SONRISA PRESENTIDA

Eloísa Zapata

La había oído muchas veces. Era como el arrullo del mar cuando me decía “te quiero” bajito, al oído. Una poderosa trompeta, cuando gritaba mi nombre. Si discutíamos, su voz me parecía un metal cascado, una música que hubiera perdido la armonía. Y cuando reía ante la vida, que siempre le parecía hermosa, una lluvia de cascabeles inundaba mi corazón. Aquella tarde, mientras me quitaban el vendaje de los ojo, supe lo que era el miedo. - ¿Y si no me gustaba lo que había estado amando durante años? Por un momento el mundo se paró, mi oscuridad se hizo más intensa, mi alma suplicó a Quién pudiera oírme que la espera tuviera un final feliz, que hubiera valido la pena tanto sufrimiento. Cuando vi por primera vez la sonrisa de mi hija, mi ceguera de años, la olvidé para siempre.

Nº 266

LA PRIMERA VEZ QUE NOS ENCONTREMOS

Raúl Cabanes

La primera vez que nos encontremos será maravillosa. Y también la segunda y la tercera y todas las demás. Pero la primera será especial, quedará grabada en nuestros recuerdos para siempre. Nos veremos, nos cogeremos de la mano y daremos un largo paseo por la playa, bajo el sol, notando la brisa marina en nuestra piel. Y con el paso del tiempo hablaremos de ello una y otra vez. Te espero.

Nº 265

El significado de la santidad

GAMA

Veo el horizonte y recuerdo mi primera vez que le vi a los ojos color azul como el cielo, transmitían ternura, serenidad, paz, sabiduría. A pesar de la gran multitud que me rodeaba, entre gritos, bullicio, porras, papeles multicolor y manifestaciones de locura, de ansiedad, de desesperación. Estar más de 12 horas parados sobre las banquetas en espera de que él pasara y nos saludara en segundos, bien valía la pena, pasar hambre, sueño y calor. Cuando le vi a los ojos, 2 o 3 segundos. Exploté de felicidad, sin importarme nada gritaba: “Me miro, me miro, le vi a los ojos”; esa fue mi primera vez que le vi a los ojos a Juan Pablo II, el Papa. Gracias a eso ahora entiendo lo que significa y refleja un hombre de la embestidura de un Papa que es santidad, ternura, amor y confianza.

Nº 264

La primera vez que lo supe.

Sandra Gutierrezo

Una noche planeamos, secretamente, su venida. Sabíamos cuánto la necesitábamos. Sería nuestra carta ganadora en momentos de pérdida y una alegría eterna. Era nuestro primer gran proyecto y, a pesar de los miedos propios y ajenos, nos arrojamos al río, juntos. Desde el inicio se hizo notar y mis días cambiaron completamente. Mi instinto agudizó la protección de nuestras vidas. Disminuyeron las horas laborales y aumentaron las de sueño, hasta invertirse los eventos. Esperaba, ansiosamente, conocer su mirada, y pasando el tiempo, el deseo se hizo irresistible. Preparamos, con amor, cada detalle de la bienvenida. Y, a pesar de los vientos en contra, y con diez días de retraso nadando peligrosamente para rescatarla, el siete de octubre arribó segura a puerto. El amor lo puede todo, esa fue la primera vez que lo supe…cuando Sofía, llegó a este mundo.

Nº 263

La primera vez que lo vi

Sandra Gutierrezo

Estuve parada frente a la barra del bar, con cara de resignación y algo de susto, por largo rato. La soledad manipulaba mis sentidos y la confusión mi realidad instantánea. Pedí un Martini, con mucho hielo, pretendiendo animar la noche. De pronto sentí una mano en mi hombro y una sonrisa apareció acaparando mi universo. Le sonreí en respuesta y me invitó una copa. Era él, nunca lo había visto, pero sentí conocerlo desde siempre. Nos enredamos en una charla interminable y la noche se fue bailando, entre besos y apasionadas miradas. Nos sorprendió el amanecer del diez de enero, abrazados, en la parada del autobús. Esa fue la primera vez que lo vi. De esto, hace ya veinte años, y aún duerme a mi lado.

Nº 262

Misterio Interior

Jorge Garcia Torrego

Estaba sola en el baño, y antes de sentarme a hacer pis, me di cuenta que la caja de bastoncillos estaba fuera del armario. Mamá nunca me dejaba cogerlos porque decía que eran cosas de mayores. Abrí la tapa transparente con cuidado, cogí uno y lo miré atentamente y con miedo. Estaba sola, en el baño, y nadie podría sorprenderme. Acerqué lentamente aquel bastoncillo a mi oreja izquierda, y al notar la fina capa de algodón, toda mi piel se sacudió, mezcla de placer y novedad. Al introducirlo en el interior del oído, un fuego lento me golpeó, poco a poco se fue intensificando, y al final, cuando pude sacar el bastoncillo con un resto de misteriosa cera, sentí una paz caliente. Descubierto el manjar, seguí introduciendo, girando, y penetrando mis oídos con aquellos bastoncitos hasta que estuvieron completamente limpios. Me sentía nueva, limpia, pero había roto algo para siempre.

Nº 261

CORTAR UN SUEÑO

Melancólico

El dolor lo dobló, el doctor acudió de inmediato, llamó a la Cruz Roja ¡urgente prioridad de quirófano, apendicitis con perforación!. Operó, se complicó con peritonitis y su estado empeoró. Mi hermano en un aparte me susurró: - Vete a casa con la niña y estás atento a mi llamada, si voy es que todo acabó. Despierto atendia todos los ruidos, al mínimo me sobresaltaba, presentía el dolor de la muerte por primera vez en mi vida. Se presentó con dos aldabozazos secos y amargos. Salí a la puerta, traían a mi padre ya cadáver para ser velado. Fué la primera vez que ví la muerte tan cerca, desamparado a mis 16 años, la primera vez que me sentí mayor ante mis familiares; la niñez se marchaba con lagrimas y un frio beso al que fué mi padre hacía dos días.

Nº 260

BumBum

Cardiol

Por casualidad y sin saber cómo lo comprendí por primera vez. Me besó la frente y sentenció: Tienes fiebre. Me acunó en su pecho y entonces su corazón me habló y entendí su lenguaje los dos eramos uno, me infundió amor, seguridad y a la vez congoja. Llegó mi padre, me lancé a sus brazos, le apoyé mi cabeza, sus fuertes latidos dijeron: Te quiero, pero siempre seremos dos.Estudiamos junto, me fascina, vamos a bailar, mi obsesión es escuchar sus latidos pregonando su amor. Al entrar en la "disco" le rodeo la cintura y cruzo mis manos sobre su vientre, pego el oído a su espalda, ella me acaricia mimosa y su mensaje casi me hace desvanecer. Nunca fuí de alguien como mujer, pero tú seras mi primera vez. Todos son sinceros en el verdadero amor.

Nº 259

EL PRIMER PETARDO

LOLA PIERA LOZANO

Lo recuerdo como si fuera ayer. Eran Fallas y yo tendría seis años. Era magnífico, cortaban las calles y toda la chiquillería podíamos jugar sin miedo a los coches y sin vigilancia materna. La primera vez fue en una de las calles cortadas. Un grupo de los niños con quien jugábamos llevaban de esos que eran verdes y había que encender la mecha. - Explótalo tú – me dijo uno de ellos más mayor que el resto. Cogí la mecha de color naranja y con mucho miedo lo acerqué al petardo. De pronto sonó un chisssssss, que indicaba que se había encendido y a los pocos segundos sonó un pam que resonó en toda la calle. La adrenalina y el susto me recorrieron el cuerpo y el olor de la pólvora quemada me enamoró para siempre.

Nº 258

Vacilacón

María Consuelo Álvarez Carro

Llegué con media hora de anticipación. Frente al edificio, un escalofrío me recorre el cuerpo. Presumo que no elegí bien mí vestuario para esta ocasión. Estiro la falda intentando que oculte un poco más mis piernas desnudas. Ya no tengo otra alternativa. Sólo pedirle a Dios que me ayude o volver a casa. - No sé que hacer - es la primera vez... - Que lleguen estos individuos de una vez, así se termina la agonía - suplico. Como si los hubiera llamado, los tres hombres entran e indiferentes, saludan. Ocupan sus lugares y uno toma una lista. - Que no sea yo la primera - pienso justo que escucho mí nombre. Me incorporo. La puerta abierta me tienta, pero no me escapo. El caballero mayor, me mira y dudando pregunta: Señorita... ¿estudió para este examen? Con voz firme, muy segura, respondo: - Sí profesor.

Nº 257

Salir del Pozo

Angela Olivares

La primera vez que tuve que tomar una decisión tenía veinte años. Fueron días muy duros porque me enfrentaba a un difícil problema que solo se podía solucionar con un sí o un no. Una noche en la soledad de mi cama, apartada de todos los que me daban consejos decidí seguir sola con mi embarazo. Meses después me ingresaron en el hospital con fuertes dolores que me indicaban que había llegado el momento de conocerte. Las dilataciones fueron lentas y dolorosas me llevaron al quirófano y me pusieron una mascarilla de éter, tuve la sensación de caer en un pozo negro. Cuando salí de él, tu pequeño cuerpo estaba desnudo encima de mi tripa, te acaricié con mis manos y en ese momento supe que tú eras la mejor decisión de mi vida.

Nº 256

Nuestra primera vez

Noelia Toribio Garcia

Y sin el más previo aviso sus labios presionaron los míos sellando mis palabras. Durante un segundo mi cuerpo quedó paralizado ante tal inesperada sorpresa, pero con la primera caricia de sus labios me estremecí como si hubiera recibido una agradable descarga eléctrica… Entonces me estrechó contra él sin permitir que un atisbo de aire corriera entre nuestros cuerpos… Sus finos dedos acariciaron mi mejilla y luego se deslizaron por mi cuello produciéndome un intenso escalofrío de placer. Decidí cerrar los ojos para dejarme llevar por tan nuevas y deliciosas sensaciones… No pude resistirme a responder su gesto y tanteé temerosamente, pero en cuanto probé la dulzura de sus labios mis miedos quedaron en el olvido… Era un sabor tan absolutamente delicioso que casi parecía divino… Me dejé arrastrar por aquel torbellino de emociones. Ambos disfrutamos de nuestras mutuas caricias, de la presión de nuestros cuerpos… de nuestro primer beso.

Nº 255

La Primera vez que vi el mar

Noelia Toribio Garcia

Jamás había sospechado que pudiera existir algo tan absolutamente hermoso sobre la faz de la Tierra… El inmenso e infinito océano se extendía ante mis ojos desorbitados mientras este pensamiento corría por mi mente exaltada. La gran masa de agua llegaba hasta el propio horizonte donde el Sol estaba punto de ocultarse. Por un momento cerré los ojos para disfrutar de la suave caricia de la brisa marina que alborotaba mis cabellos y de la bella canción del romper de las olas que tanto satisfacía mis oídos… Pero lo mejor llegó cuando mis párpados de abrieron de nuevo y vieron el beso del Sol con el mar en el horizonte… El agua se había convertido en fuego y en el cielo bailaban haces de luz de amarillos y anaranjados colores Era el espectáculo más asombroso que había visto jamás…

Nº 254

Adios

Iris Merino

Tenía seis años. Mi corta estatura provocaba que aquel hospital me resultara un castillo. Pero era una estancia desalentadora, repleta de un vacío intenso. Sentia el frío invadir mi pecho. Aquel era un pasillo largo y estrecho, bien iluminado por la blanca luz. Todo aquello es un recuerdo borroso en mi mente. Porque podría deciros que mi abuelo apareció a lo lejos, se acercó a una velocidad asombrosa para su edad y me abrazó. Podría contaros que no me moví, que me quede clavada en el suelo, con los ojos muy abiertos. Podría mentiros asegurando que era una niña inocente que no se percató de nada. Sin embargo, no fue así. Las personas que van a morir tienen un aura diferente. Por eso grabé su tacto, su olor, su voz y su sonrisa. Porque aquella fue la primera vez que reconocí un adiós.

Nº 253

La carta

Abel Panadero

La primera vez que recibí una extraña carta sin remitente, la abrí por curiosidad. La carta iba dirigida a mí y me invitaba a pararme a reflexionar en mi mayor miedo. ¿Cuál es el suyo? Piénselo un poco. El mío es que me entierren vivo, como en aquel cuento de Poe. Me da autentico pavor. Solo de pensarlo me mareo. Eso es lo que me pasó justo en ese momento. Me desvanecí y cuando desperté estaba dentro de un ataúd. Sin espacio para moverme. Grité. Creo que también me oriné encima. Me faltaba el aire. Empecé a dar golpes. Arañé la madera. Nada. Entonces encontré algo en mi chaqueta. Papel y lápiz. Y lo comprendí todo. Tenía que escribir una pequeña carta. Si esta es la primera vez que lee esta carta, le recomiendo a usted escriba la suya lo más rápidamente posible. Es por su propio bien.

Nº 252

¡VALENCIA EN METRO!

atenearkn

La primera vez que fui a las Fallas, mi madre me dijo que tendría que utilizar el metro, porque San Isidro está a años luz andando del centro. Salí de mi casa con una sonrisa que se borró en el mismo instante en que vi la estación. Permanecer dentro del andén sin caer a la vía fue para mí una hazaña. Inocente de mí, encontré un hueco en las profundidades del vagón, sin tener en cuenta que la “amabilidad” de la gente me impediría bajar en mi estación a posteriori. Yo miraba a la charanga, que cantaba y tocaba sus instrumentos sin ser conscientes de que tenían el aire limitado. Al día siguiente, me las ingenié para asegurarme la respiración durante el trayecto: Pegué la cara y una mano al cristal y con mi expresión de sufrimiento conseguí impedir que ningún valiente abriese la puerta donde yo estaba colocada.

Nº 251

UNA EXPERIENCIA MISTERIOSA

Marta Esteban Platero

Era un 27 de julio de 2008. Un sudor frío me recorría la espalda mientras deambulaba por las calles valencianas en busca del lugar en el que había sido citada. Por fin, leí el nombre que llevaba apuntado en la nota en el letrero de la calle. Miré el edificio durante unos segundos y decidí que era hora de entrar. Tenía exactamente quince minutos para llevar a cabo mi andadura por aquellos lares, por lo que utilizar el ascensor fue una buena decisión. “Ascensor pujant. Segona planta”. Allí me esperaba él. Pronunció mi nombre con una voz tan grave que sentí un escalofrío. Me pidió que me identificara y me hizo entrar a una habitación poco iluminada, a pesar del día tan claro que hacía. El cacharro que me esperaba dentro hacía ruiditos invitándome a matricularme por primera vez en la Universidad de Valencia.

Nº 250

Salir del pozo

Angela Olivares

La pimera vez que tuve que tomar una decisión, tenía veinte años. Fueron días duros, porque me enfrentaba a un dificil problema, que solo se podía solucionar, con un si o un no. Una noche en la soledad de mi cama, apartada de todos los que me daban cosejos, decidí seguir sola con mi embarazo. Nueve meses después me ingresaron en el hospital con fuertes dolores que me indicaban que había llegado la hora de conocerte. Las dilataciones fueron lentas y dolorosas; más tarde me llevaron al quirófano, me pusieron una mascarilla de éter y tuve la sensación de caer en un pozo negro. Cuando salí de el, tu pequeño cuerpo estaba desnudo encima de mi tripa, te acaricié con mis manos, y en ese momento me dí cueta de que tu eras la mejor decisión de mi vida.

Nº 249

Fundido en negro

DoloresQuebranto

En casa de tus padres no, ¡que hace mucho frío! - Pero es que si no tengo que pedirle el coche a mi hermano… - ¿Y si pones el brasero? así nos sentamos en la mesa camilla y nos tapamos con las faldas. - Mujer, eso tiene poco glamour, nos tomamos unas copitas y ya esta. - ¿Poco glamour? No es por ofender, cariño, pero tu habitación con la colcha de hilo, el baúl del siglo pasado y el reloj de Coca-Cola pegadito al cuadro dos por dos del Ángel de la Guarda… - (se ríe) Pareces una espía, joder, te quedas con todos los detalles. - (se ríe) Es que no vamos a cualquier cosa, vida, que te voy a dar mi flor… - Dame tu “blor” que yo te daré mi amor…¡digo! Se ríen los dos y dentro, fundido en negro.

Nº 248

LA VOZ INTERIOR

Eloisa Zapata

Al fin cree haber cortado el cordón umbilical. La corriente de odio-miedo-amor que circulaba por él parece haber cesado. Ya es libre para afrontar su propia vida.
 A pesar de ello, todo lo que intenta amar se le antoja frío, distante, árido. No logra encontrar la paz, en una larga vida sin sentido. No olvida aquella infancia de silencios, sin besos, sin caricias. Siempre está su sombra presente como queriendo apagar cualquier resplandor de alegría. La voz censuradora anula sus acciones:
- ¿Cuándo te irás? le grita a solas y calladamente. ¿Cuándo podré ser yo? ¿No me dejarás libre nunca?
Una tarde, cansada de luchar, se mira al espejo y la ve: allí está, con su gesto altivo, adusto, carente de amor.
-¡Nunca te has ido! – se dice con amargura
Es la primera vez que ve a su madre delante del espejo.

Nº 247

Una primera vez memorable

Lais

La primera vez que lo hice sentí tal vergüenza que recuerdo perfectamente el escalofrío que recorrió todo mi cuerpo. Me sentí aturdida,… excitada…, temblorosa… Mil veces me imaginara aquella primera vez, pero ninguna resultó parecida a lo que estaba viviendo… Era un sueño, perfecto y estudiado. Estaba allí porque lo deseaba. No podía volverme atrás, tenía que cumplir. Sentía la piel empapada en sudor y las manos me resbalaban sobre aquella superficie tan desconocida para mí. Quería disfrutarlo, alargar el tiempo y fijar en mi mente aquel recuerdo para siempre. Los próximos minutos serían cruciales y cambiarían mi futuro igual que cambiara segundos antes al tomar aquella decisión. Respiré profundo, fingí tener el control y me dejé llevar. Fue una experiencia breve, pero intensa… Por fin había vencido todos mis miedos y lo había hecho. Mi primer discurso había concluido y el temido micrófono ya nunca más sería mi enemigo.

Nº 246

En otro cuento

Elena Beatriz Corujo

Mi primo Waldo estaba allí cuando era joven, solo que él no se daba cuenta de que yo crecía, que me hacía la más alta de todas y no sabía qué hacer para que me mirara como veía a las muchachas de los libros, dejara un poco de leer y me hablara a mí, como a sus personajes. No sé lo que hubiera dado porque me dijera esas cosas que una nunca entiende pero suenan preciosas. Mi primo Waldo fue mi primer amor y no sé si lo supo. No he vuelto a verlo para decírselo y reírnos juntos de la madrugada en que lo desperté y me lo llevé al río. No tuve que jurarle que era mozuela. En mi primera vez no hubo palabras lindas, él las escribió después, en ese cuento que encontré por casualidad y en el que cambió mi nombre.

Nº 245

Mi primo Waldo

Elena Beatriz Corujo

Mi primo Waldo me besó y yo pasé años soñando con ese beso. Discutía con papá para que nos dejara casar un día, si total, los reyes casi siempre son primos y se casas ¿y quieres tú personas más correctas que los reyes? Aunque, en realidad, no se hablaba mucho de los reyes de verdad en aquel tiempo, casi siempre eran los de los cuentos infantiles. Pero mi primo Waldo se fue un día caminando derecho y no volvimos a verlo jamás. Fue cuando escribí mi primer poema y tuve otro novio que no se llamaba Waldo ni era primo de nadie.

Nº 244

VISITA A VALENCIA

Jas

…..La primera vez que visité Valencia me encandiló.Fué hace cinco años con motivo de nuestra luna de miel.Visitamos el Parque de las Artes y las Ciencias ,donde por la noche ,hubo unos fuegos artificiales preciosos. Cenamos en un restaurante chino cuya especialidad era el pato pekinés, por allí cerca.Todo era maravilloso;la ocasión,el sitio,la compañía…. Hasta que una discusión banal de la que ahora mismo ni me acuerdo,lo empañó todo.Ella se largó y me quedé en el restaurante “compuesto y sin novia”. Eso sí, al final pasamos la noche juntos…..

Nº 243

LA CASA RURAL

Jas

La primera vez que pasé miedo, fue cuando llegamos a aquella casa rural en pleno bosque navarro. Nada más llegar, a Morgan se le cayó la televisión al suelo, y aquello no fue sino el preludio de lo que iba a acontecer aquella noche…. Lo sorprendente era la chimenea encendida dándole calor a una olla,donde salía un olor insoportable para nuestros sentidos. A Julia se le ocurrió meter el cazo, y sacó la cabeza reducida de un mono. Salimos corriendo a por el coche para largarnos de allí.Pero cual fue nuestra sorpresa.No arrancaba ,y cuatro encapuchados al grito de Satán empezaron a zarandear el coche con mazas en las manos.Pude verle la cara a uno,¡era Toni,el que nos había recomendado aquello¡. Y riéndose me abrazó.Había sido un montaje…….

Nº 242

Mi primer amor.

Literario Azul

Aquel día, iba por una de las tantas plazas de mi ciudad, era un día apacible y acogedor, bajo los cálidos ramajes de la arboleda. Caminaba a paso ligero, cuando vislumbré tan sólo a unos pasos, a una muchacha, que a simple vista, dejaba entrever su inusual belleza. Por unos instantes, me quedé observando sus ojos almendrados y sus labios de carmín, no dejé escapar aquella oportunidad y me aventuré a conocerla, me senté a su lado y ella fue la primera en dirigirme la palabra, “tienes una bella sonrisa”, su voz delicada como una llave de sol, llegó a mis oídos como una sutil canción, mas su esencia perfumada con un toque de azahar, llegó hasta lo más profundo de mi corazón. Aquella tarde, nos entregamos por vez primera, a lo que sería nuestro gran amor.

Nº 241

Mi único amor

Caroll Revilla

De ser cierto lo que dicen los demás, acepto sólo uno. Sí, que nuestro amor no es común, ni mucho menos ordinario; soy yo quien lo extraña a diario, quien piensa en cuándo lo veré nuevamente. Mi timidez no me permite hacer muchas cosas; pero que por él hice sin dudar muchas otras: lo abracé, lo besé, lo amé y sigo amando. ¿Cómo y cuándo? Creí no nacer para amar, pensé que todo ese complejo sentir eran situaciones ajenas a mi. Sé que no todo es creer y creer, que hace falta decir y actuar; pero, ¿cómo decir y actuar? Mi interior es infinitamente extraño, sólo espero que sin dudar confíen en mí, y mi único amor tenga por seguro, como un sello grabado, que nunca amé a nadie como a él, que seguiré amándolo mientras me diga que soy la única en su vida. Ese es mi único amor.

Nº 240

La sombra

Caroll Revilla

¿Complicado? Sí, el primer día que intenté escribir no supe si quiera qué poner en el titulo de mi escrito. Mis intentos fallidos eran oportunidades para que mi maestro dijera: ¿…Eso es todo? Sí, complicado fue; así como el dolor que producían sus palabras en clase. Pero no me detuvo, sino que seguía soñando en escribir, por lo menos, una oración completa y que éste tuviera sentido común. ¿Complicado? Sin dudarlo; sin embargo, un día descubrí que para escribir no se necesita solamente la técnica, ni el conocimiento del idioma, las reglas y su complejo entendimiento, me percaté de algo distinto. Me di cuenta que hacía falta de alguien que no siempre te dijese: “Eres lo máximo”. Sino que vivir con la sombra de alguien que no tenga fe en ti, permite que uno se de cuenta que el mejor guía para escribir, es vencer aquél miedo.

Nº 239

LA VOZ INTERIOR

Eloisa Zapata

Al fin cree haber cortado el cordón umbilical. La corriente de odio-miedo-amor que circulaba por él parece haber cesado. Ya es libre para afrontar su propia vida. A pesar de ello, todo lo que intenta amar se le antoja frío, distante, árido. No logra encontrar la paz, en una larga vida sin sentido. No olvida aquella infancia de silencios, sin besos, sin caricias. Siempre está su sombra presente como queriendo apagar cualquier resplandor de alegría. La voz censuradora anula sus acciones: - ¿Cuándo te irás? le grita a solas y calladamente. ¿Cuándo podré ser yo? ¿No me dejarás libre nunca? Una tarde, cansada de luchar, se mira al espejo y la ve: allí está, con su gesto altivo, adusto, carente de amor. -¡Nunca te has ido! – se dice con amargura Es la primera vez que ve a su madre delante del espejo.

Nº 238

Al menos un recuerdo

ALFONSO NAVARRO VENTURA

La primera vez, a punto de terminar, se me escapó un te quiero un poco sórdido y del todo inoportuno. Sentía felicidad, eso es cierto, y nunca después, queriendo a alguien, me sentí igual. El peso de algunas palabras no importa si no somos nosotros los que las tenemos que cargar. En términos objetivos, fue un desastre, no hubo besos y sí un te quiero agónico y mentiroso. Ella no se enfadó ni tampoco sintió nada. Tan pronto terminé, muy pronto en realidad, me apresuré a decirle que aquélla era mi primera vez. Ella, mientras se vestía, se limitó a responder que no importaba. -Sí importa, –le respondí –importará durante toda mi vida. -Chico, a mí déjame tranquila, que la vida es muy larga y tengo mejores recuerdos que habitar.

Nº 237

Despues de la espera

Luis Gerardo Rivas

No estaba listo para ello. Entré a la sala del hospital, no veía claramente. Me dirigí a la sección en que habría de encontrarte; no tenía idea de cómo estarías. Me asomé a través de una ventana, no te encontré, sólo a la enfermera que supuse contigo estaba. Repentinamente todo a mi alrededor se obscureció, centré mi atención en verte pero no lo logré. Finalmente la enfermera salió contigo ¡venías envuelto en una cobija!, te cargué y aún con mi ansiedad no te descubrí para verte; ahora que lo pienso, no deseaba que te expusieras al viento. Antes de salir, tu abuela hizo lo que yo no decidía: te descubrió, lo primero que tus ojos vieron fue a los míos, con tu mirada sentenciaste mi destino. Nunca olvidaré la primera vez que nos vimos, la primera vez que a mi hijo observaba.

Nº 236

Nacimiento

Posedeia

La primera vez que te vi mis ojos se pusieron vidriosos, tus manos se aferraban a la mía, tus ojos abiertos como platos me miraban intentando reconocerme, a pesar de que era la primera vez que nos veíamos, sabíamos que nuestra relación se iría haciendo más intensa, cómplice y sobre todo amorosa. Eres parte de mí, durante un tiempo que se me hizo eterno tan sólo era sentirte en mi corazón, en mi mente, en todo mi ser; te tenía delante y era imposible quitarte la vista de encima, no quería que te separaran de mi lado, aunque sabía que era necesario, pero era mi momento. El dolor, sufrimiento y esfuerzo que había realizado merecía la pena y ya no habrá nada que nos separe.

Nº 235

MI CLON

Jorge Ciruelos

Apenas lo miré por primera vez, despacio y con reserva, me dio la impresión que mi gemelo artificial había emergido de un espejo ya que se observaban sus rasgos en forma diferente a lo reflejado por una pulida superficie. Recorrí despacio con mi vista y tacto su frente, cejas, párpados, pabellón auditivo, mejillas, labios y mentón. Luego lo repetí con los dedos de una mano al tiempo que con la otra hacía lo mismo en mi rostro. Me di cuenta que había aspectos que eran diferentes a la imagen registrada en mi mente. La maravilla de ver la asimetría de mi rostro, mi postura y espalda, el andar alejándome de mis ojos, mi cuerpo girando, la nuca y el pelo, me llevó a pensar si sería sincero al contestar sobre aspectos íntimos míos, la respuesta dada me maravilló, aún la estoy evaluando.

Nº 234

VALENCIA

Lourdes

Me case el veintisiete de septiembre. Y mi primera noche de casada, mi marido me pregunto que me gustaría hacer , yo le dije que siempre había deseado ir a Valencia, y asi fue como después de todo un día de emociones y después de cenar una tortilla casi cruda en un bar de Barcelona, hicimos un pequeño equipaje y como decimos aquí, “carretera y manta” , dirección hacia Valencia. Llegamos de madrugada, habían varias ferias en esas fechas y hoteles y pensiones estaban llenos, ó sea que con las mismas, mi marido agotado y sin descansar volvimos de regreso a Barcelona. Y esa fue mi primera vez, en Valencia. Por suerte, he visitado de nuevo la ciudad, sin prisas y con habitación de hotel.

Nº 233

MISTY

Lourdes

Llegué a casa de noche, aparqué el coche al lado del gallinero, y en cuanto bajé a oscuras como estaba, oí unos ladridos amenazadores que me hicieron volver al coche de golpe. Mire alrededor a través de las ventanillas y no ví a ningún perro. Entonces volví a bajar del coche y ya vi a mi marido que me esperaba para presentarme a Misty, Mi primer encuentro con ella, fue un poco traumático, pues yo no sabía que a mi marido le habían regalado una perra preciosa de color canela y negro y nos conocimos de noche, pero ahora que forma parte de mi vida, me siento muy feliz de tenerla.

Nº 232

CUENTO LA PRIMERA VEZ

NAV NEREA

Le dije a mi madre que no quería ir, pero ella insistía. Nunca antes me había puesto así, hasta ese día. Mi hermana mayor, me abrazaba y animaba diciéndome: “no te preocupes, no pasa nada. El primer día cuesta un poco, porque no te gusta, porque no sabes, por miedo a hacerlo mal, porque no es fácil, pero una vez entres, estés allí, caigas dentro, conseguirás relajarte, y empezarás a sentir como tu cuerpo se siente más cómodo y prestarás atención”. Pues allí estaba yo, muy mona, preparada para la ocasión, para todo, mi corazón se salía de mi pequeño cuerpo, mis manos no dejaban de temblar, mis nervios a flor de piel, y de repente, oí la voz de aquel chico que había visto antes en la entrada, moviendo sus manos hacia mí diciéndome: “¡Salta!”, y sin pensármelo me lancé al agua en mi primer día de natación.

Nº 231

Mascaras

Maviela Madiam

Cánticos vacíos, prédicas y palabras huecas poco gustosas de ser reflexionadas, como siempre tras este velo, “¡Tengo ansias por ser yo misma!”, Me dije esa noche de soledad. Nada es más perverso para uno mismo que portar máscaras a discreción. De las perversas, audaces, o las dramáticas. Me quiero entender con el mundo del que soy capaz, con aquel que recorre mis entrañas motivándome a vivir cada instante, desde mi ser más sincero. Sin dar explicaciones, sin poses, falsas reflexiones, sin traicionar mi credo, ni sucumbir al miedo que más de una vez es semilla ajena y mi propio flagelo. ¡Hoy me rendiré a mi desconocido yo, que tanto me gusta y que tanto aterra a esta sociedad injusta y poco soberana en el sentir! Hoy voy a ser congruente con mi semilla, sí, como la primera vez que me dije no quiero.

Nº 230

Amor

Josué Castro Puga

El sonido era chillón. Rítmico pero desesperado, con el dolor más grande que había conocido una vida. No importa que no fuese tan larga, la suya era una historia entera de felicidad ahora rota. Y el sonido aturdido, chillón, arrancaba complacientes sonrisas. Las más perfectas y genuinas. Las más hermosas, las más altas, emotivas y serenas en este mundo de hipocresía. Ya las sonrisas quedaban cortas, era el momento de lo inmortal. De trascender hasta el infinito, pasar de largo. Como las llamas, como los vientos, como las aguas. Pasar de largo la argéntea Luna, que ya no es nada ante la grandeza de lo sublime, de lo perfecto, del fuego eterno. El fuego eterno que en ese beso la madre, madre cualquiera, puso contenta en su pequeñez. En la pequeñez del diminuto chillido. Tan rojo, tan pequeño, tan aturdido, el primero, recién nacido, nuevo venido.

Nº 229

¿Sofocado?

Josué Castro Puga

La marea multicolor me envuelve, y me arrastra con millares de gotas desenfocadas, ardientes de melancolía. Por que melancolía es lo único que parece vivir en los reflejos iridiscentes de tantos ojos, que miran sin ver, hablando con quedo murmullo del hastío de sus dueños. La multitud, gigantesca. Su movimiento, elocuente. Soy novel contemplador de coherencia tan perfecta entre tantas almas y tantas depresiones, olvidos de si mismo, tantas neurosis. Todas, horas individuales que discurren en avanzar sin detenerse, abrirse paso a empellones. ¿Quién contempla la ardiente caricia de un bello silencio? ¿Y qué suspiro fugaz en el cielo profundo? Nadie ve por nadie, y entre la multitud, la soledad impera. Este mar lo prefiero a oscuras, por que el sol en su ingenua ternu ra le arranca destellos que parecen prohibir la compasión.

Nº 228

Pasaba por aqui

Adrián Pérez

La primera vez que ingresé en este sanatorio, la recepcionista me dijo que por qué volvía tan pronto.

Nº 227

PERSONAJES

Eduardo Gregorio

La primera vez que traté de escribir un relato, pensé en la cantidad de personajes que le pondría: partir de uno solo no era mala idea pues evitaba mayores complicaciones y aseguraba la posibilidad de mantener una trama simple. Si, en cambio, me resolvía por dos, el desarrollo iba a ser más difícil pero podría hacerlo más rico y ameno. Con tres la cosa ya abría todo otro panorama, se metían factores ajenos a los dos primeros, otra vida interfería con sus propias razones. Cuatro personajes prometían un cuadro colorido, variado, con numerosas peripecias y motivaciones, pero también exigencias mucho mayores. Al llegar a cinco, los personajes comenzaron a aparecer en tropel, en número insospechado como siempre sucede cuando se va agregando algo despreocupadamente. Cuando acepté eliminar algunos de ellos, terminé de entender la diferencia entre la vida y la literatura.

Nº 226

ESPERAS Y SUEÑOS

Eduardo Gregorio

La primera vez que me puse en un costado del camino haciendo señas para ver quién me llevaba, transcurrió un buen rato sin que nadie pasara. Era así: a veces se trataba de una ruta muy transitada pero en otros momentos quedaba desierta. El tiempo que se fue sumando en la espera hizo que recurriera a la imaginación, simplemente como un juego. En él, sucesivamente, se detenían diversos vehículos, tripulados por gente conocida o desconocida, con destinos sumamente variados y, en algunos casos, fantásticos. Yo me solazaba con la variedad, aunque también debía, en ocasiones, tratar con personas indiferentes, antipáticas y hasta groseras. En compensación, otras tenían una contagiosa simpatía y excelente predisposición. Indudablemente, se trataba de pura fantasía; si no, me habría ido directamente con las primeras que se detuvieron.

Nº 225

Los Geranios ven al Cielo

Cesar Arnulfo Lara

Estábamos solos Alicia y yo. Ella maltratada por su Abuela, yo totalmente huérfano. En la tarde, un sol arrepentido de haber salido. Triste observaba los coloridos geranios, para mi eran pálidos como la luz de aquella tarde. Pasó por el corredor. Fui hacia ella. La languidez reinaba. Ella doce años, yo trece. Por primera vez estábamos solos. Resaltó su belleza en mi alma. Sus cejas, ojos y boca. - Alicia, dame un beso – expresé. Enfocó su carita hacia mí, sentí que la tarde se tornó alegre. - Bueno – susurró tiernamente. Esa boquita nunca había besado, tampoco yo. Abrigué larga esa caricia, nos aturdimos. Al separarnos se fue corriendo. Nos sentimos Adán y Eva, compungidos, con el pecado original. Es por eso que yo soñé, Un paraíso para los dos, A donde me llevas tú, Por sendas que no se yo....

Nº 224

Estados

Madame Guignol

Pongo la Fondue. La vela llamea el chocolate. Mojo un dedo que parece licuarse. Compruebo que aún no hay calor suficiente. Al menos, no en el recipiente. Te llamo mientras mi mente se anticipa a los sabores que comienzan a flotar alrededor de los cuerpos. Vienes lleno de posibilidades. Voy. Te danzo con la mirada. Trozos de fruta nos esperan y más…mucho más. Fantaseamos con la posibilidad de hacerlo en una cocina de Ikea como parte de la promoción. Allí. En una cocina de mentira. Tú. Yo. Creando ambiente. Reímos. ¿Hacer qué…? Me preguntas… ¡La Fondue, la Fondue… claro! En unos instantes, todo queda derretido.

Nº 223

¡Cómo quería que llegara la primera vez!

Maléfica mala

De no haber sido porque tenía el cuerpo tan decidido, jamás hubiera sospechado que esa noche, y con un extraño, sería mi primera vez. En mi cabeza aún retumbaban los consejos de mi madre: "que no te entregues fácilmente", "házte respetar", "que tiene que ser por amor"... pero su pierna, que bajo la mesa accidentalmente me rozó, tuvo el poder arrollador de hacerme sentir que a ese desconocido, que no era un amor, me entregaría sin condición.

Nº 222

Salir del pozo

Angela Olivares

La primera vez que tuve que tomar una decisión tenía veinte años. Fueron días muy duros para mí porque me enfrentaba a un difícil problema que solo se podía solucionar con un sí o un no. Una noche en la soledad de mi cama, apartada de todos los que me daban consejos decidí seguir sola con mi embarazo. Después de nueve meses me ingresaron en el hospital con fuertes dolores que me indicaban que había llegado el momento de conocerte. Las dilataciones fueron lentas y dolorosas. Después me llevaron al quirófano y me pusieron una mascarilla de éter, tuve la sensación de caer en un pozo negro. Cuando salí de él, tu pequeño cuerpo estaba desnudo encima de mi tripa, te acaricié con mis manos y en ese momento me di cuenta de que tú eras la mejor decisión de mi vida.

Nº 221

MI HIJO

Jorge Ciruelos

Era la primera vez que me veía reflejado en una miniatura como alguna vez fui, allí estaban resumidos miles de milenios de copias de un original que en su historia se fue modificando a través del eterno resultado del trabajo y aporte siempre de dos. Tras el vidrio, trató de levantar su cabecita, y una mirada como lanzada al vacío impactó sobre mí como un torrente que se detiene en el lecho del río. Allí estaba mi pasado yo, prolongado en el tiempo por una nueva personalidad. Mi responsabilidad crecía como un destello, era ahora el garante de la correcta proyección de la familia. La germinada semilla, debía continuarse en el brote que conduciría, si yo hacía bien las cosas, a la generosa planta que integraría una buena cosecha para alimentar el deseo y proyecto del divino y buen Dios.

Nº 220

ENTRE RAILES

SUSANA GISBERT

Mi primera salida de Valencia transcurrió entre raíles. Apenas contaba unos meses de edad cuando mi hermana, entonces de dieciséis años, se vio obligada a cargar con el plácido bebé que yo era y trasladarme vía ferrocarril hasta Granada, viaje nada despreciable en aquella época. Entre raíles presenció la metamorfosis del plácido bebé en la Niña del Exorcista, ora vomitando, ora gritando desaforada, ora gimoteando, combinando tales lindezas con convulsiones que me colocaban en inverosímiles posturas. Mientras, sufría resignada miradas de conmiseración de piadosos viajeros que la compadecían por su precoz maternidad, justo castigo a su perversidad. Ella se disculpaba, diciendo que la criatura era su hermana, aunque las miradas decían que no la creían. Mi memoria ha borrado por completo ese viaje pero mi hermana, ignoro por qué, se encarga de recordármelo periódicamente con obstinada tenacidad. Y yo sonrío beatífica como el bebé que fui.

Nº 219

SABER QUÉ ES LA VIDA

MAXIMILIANO JARQUE

«Dejad que entre el chaval y que sepa lo qué es la vida», dijo mi tío. Mi madre le lanzó una mirada de reproche. Pero entré, con mis pantaloncillos cortos, mi camisa planchada y mis zapatos relucientes. Allí estaba mi abuelo tumbado, dentro de una caja y vestido de traje (sin su pantalón de pana de siempre), rodeado de mis tías, todas vestidas de negro, todas llorando. Y más que saber lo que era la vida, sentí por primera vez la presencia de la muerte. Y supe que mi abuelo ya nunca más me cogería de la mano para ir desde la calle Alboraya al puente de Madera a ver los partidos del río. Ni iríamos después, como todos los domingos, a la Casa de los Caramelos, a ver los animales de la Plaza Redonda y a cambiar cromos de fútbol.

Nº 218

En una tarde de verano

Alicia S.

Yo pensaba que aquello no era para mi; sabía que algunas mujeres lo hacían, que era normal, pero algo que me decía que yo no sería capaz de atreverme. Hasta que una calurosa tarde de verano me decidí. Era mi primera vez y hacía mucho calor. Vencí mis miedos y decidí hacerlo en la cocina, encima de la mesa. Cuando ya estaba metida en harina me di cuenta que tenia abierta la ventana y que Manuel, el vecino, me estaba espiando. Aquello, ante mi sorpresa, lejos de incomodarme me gustó, y seguí moviendo mi mano en círculos con la mezcladora fuertemente agarrada, cada vez más rápido hasta que todo estuvo a punto. El sudor me resbalaba por la cara y la espalda, y cuando llegó el momento, explotó ante mis ojos. Era la primera vez que hacía un bizcocho. A Manuel le encantó.

Nº 217

Mi primera vez …como profesora

Mariá J. Juan Meseguer

Iba vestida como una presentadora de informativos. Segura por fuera y temblando por dentro. Había visto cómo se hacía cientos de veces en una escena de la película “Diarios de la calle” que pasaba una y otra vez en la televisión de casa… … Nombre en la pizarra, presentación corta y sencilla. Mirada firme y media sonrisa al final. Sonó el timbre. Conté hasta tres en el último silencio y soledad de la mañana. Entraron uno a uno impetuosos y curiosos, queriendo saborear al máximo su recién estrenada adolescencia. Me empeñé en memorizar sus rostros a la vez que pasaba lista, consciente de su importancia en mi vida: aquellos serían para siempre mis primeros alumnos.

Nº 216

YO, CAPITAN COBARDE

AUDINIA

Fijó su mirada en aquellas nubes negras que amenazaban tempestad. La lluvia arreciaba cada vez más violenta, la mar aumentaba su nivel, mientras la espuma blanca golpeaba el triste navio. Enzo Noir, intentaba pedir ayuda por medio de la radio que existía en el cuadro de mando, su nerviosismo le hizo cantar... “ si el barco se hundiera, yo sería el capitán... y este no es mi barco... no soy de nadie y tampoco se nadar... El capitán me contó la trágica pérdida de la tripulación y aunque el capitán es el último en abandonar, me alegro que mi padre fuera capitán cobarde en alta mar.

Nº 215

NUESTRO ENCUENTRO

Maria Rosa Gutiérrez

Apenas pude reaccionar cuando sentí como la fuerza de sus brazos rodeaba mi cintura y me estrechaba junto a él. No pude detener aquel momento. Nuestros ojos se cerraron y nuestros labios se unieron en un cálido beso. ¡Deseábamos tanto ese encuentro! Sutilmente, fue subiendo su mano hacia mi blusa desabrochando cada uno de sus botones. Un rubor afloró en mis mejillas que no pude disimular. Se detuvo, pero yo acerqué mi mano a la suya despejando cualquier duda. Nos quedamos desnudos uno frente al otro, como estatuas inertes, queriendo detener por unos minutos aquel instante tan sublime, pero nuestra pasión desbordaba cualquier intento de estar inmóvil. Nos tumbamos sobre el lecho y nos dejamos llevar. Si es verdad que existe el paraíso, no puede ser mejor que aquel momento, en el que creí tocar con mis manos el mismo cielo.

Nº 214

De Película

Luis Felipe Torres

En la Facultad de Cine y Televisión de la Universidad de Chile todos conocían a todos pero nadie sabía nada de nadie. Carola Yang constituía la excepción que confirma  la regla: nacida en Corea hizo maletas y se vino junto a su familia al ghetto de Patronato. En un acto transgresor para una comunidad de mercantes se dedicó al arte. Nuestro proyecto de título y el amor lo hicimos juntos. Hoy compartimos los créditos de nuestra ópera prima «Desplegando las Alas» y el número de registro en el certificado de matrimonio. De película.

Nº 213

LO ENGAÑÉ

María José Berbeira

La primera vez que lo engañé ni siquiera me acordé de él. Mi cuerpo obedecía a unos impulsos imposibles de controlar y mi parte emocional del cerebro debía estar desactivada. Hubo una primera vez para fallarle y otra primera vez para contarle la verdad. Lo perdí, claro. Recuerdo que a mí también me engañaron, sufrí mucho. Era la primera vez que me había enamorado y así se acabaría rompiendo mi primera relación. Por primera vez perdoné una infidelidad y luego por primera vez me arrepentí de haberlo hecho porque para él no hubo sólo una primera vez. Aprendí que hay primeras veces que nunca se olvidan, es verdad. Pero lo que no me había dicho nadie es que hay primeras veces que es mejor no recordar.

Nº 212

MIS PRIMERAS PALABRAS

María José Berbeira

La primera vez que escribí una historia fue hace años. No recuerdo lo que me empujó a hacerlo, sin embargo, todavía sigo sintiendo ganas de crear historias, personajes, narradores, amores, desamores, alegrías y tristezas. Puede sonar extraño el hecho de que desee escribir tristezas, desamores y situaciones delicadas. A esto sólo podría responder diciendo que una tristeza es siempre más verosímil que las alegrías. El desamor es siempre la prueba palpable de que un sentimiento tan fuerte como el amor ha existido. Así como la tristeza sigue la huella de la alegría mientras llora por recuperarla. Me encanta escribir aunque no sepa hacerlo. Por eso siempre que lo intento es como la primera vez. Bendito sentimiento.

Nº 211

CATRE

reTango

Un artefacto desvencijado de estructura semiderruída y chirriante produce espantosas y desesperadas cacofonías en situaciones sensibles. La prueba irrefutable se dispara cuando figuras de amor pivotean en el lugar correcto y el momento adecuado. El perfume del comienzo. El contacto desbordado desata todo universo de chirridos. Ruidos cósmicos, golpeteos caóticos y ruido blanco ganan espacio. Gemido y exploración . Contrapunto creciente. Exasperación de los líquidos. Si en el relampagueo de la noche ella estalla, el instrumento diabólico que exuda insultos bajos y sucios hacia la condición femenina, cesará en su agonía. Tráka ta Trákata Tráka .....el polvo magnífico cayendo desde la creta de la ola hacia los fragmentos calientes de ignotos elementos que nos rodean para qué. Arena. Escucho el brusco silencio y la resonancia de los cuerpos exhaustos y sudorosos que emiten pequeños suspiros. Atrapo mi segundo de lucidez diario y evalúo la sólida posibilidad de castigar al catre

Nº 210

Enamorada

Nélida Magdalena

Fue en un carnaval cuando te vi. Me embelezó tu mirada, tus gestos, el aroma que destilaba tu piel al pasar a mi lado. No me miraste, no supiste que te observaba. Pasaste junto a mí, rodeado de amigos que seguían tu liderazgo. La alegría desbordaba desde tus ojos pequeños y de tu risa animada. Tu personalidad impactó mi ser de tal manera que hizo que me enamore de ti profundamente, en ese pequeño instante. Poco después llegaste a mi vida a través de mi hermano. Quedé nuevamente impactada al verte, casi no supe que decir. Eras tan bella persona, amable, gentil, que no podía dejar de amarte. Algo llamó tu atención hacia mí, hasta que un día me besaste. Tus labios dulces estremecieron mi cuerpo, entre caricias delicadas y tiernas fue tu beso el que por primera vez hizo que mi cuerpo de mujer se estremeciera en silencio.

Nº 209

La máquina de coser palabras

Luz de Vida

Entre mis carnes y el alma hecha un puño, pensé que todo acabaría aquí. Solo el sentimiento de la duda recorría mi azotea golpeando insistentemente que la muerte y la vida se debatían en ese instante. Ese miedo al dolor me impidió disfrutar de la maravilla del mundo. De piernas abiertas dejaba que el dolor se escurriera con grito de dolor. De ver como nacía otra vida, parte de la mía.

Nº 208

Duele

Maria Jose Herranz

Me quema, hoy me quema el aire. No pienso pisar la calle mas que para lo necesario, y me siento por dentro como si alguien hurgara mis entrañas y se paseara a su antojo por cada rincón de mi cuerpo, tirando de mis emociones y nervios según se le antoje. Arde, arden las aceras cuando salgo a la calle exclusivamente para pasearla, porque ella no tiene culpa de que hoy el mundo me parezca algo peor que ayer. Porque la sensación de malestar parece que aumenta conforme va pasando el día. Siento, siento como si hubiera perdido en una sola noche la inocencia que ya creía arrebatada hace tiempo, y siento no poder sonreir ni una sola vez, pero hoy no me pidáis nada, creo que no soy yo. Dormir...es lo único que me reconforta por momentos, aunque el frío en mis manos no me deja alejarme de la realidad, solo me recuerda que por desgracia sigo aqui. El corazón no muere cuando deja de latir; el corazón muere cuando los latidos no tienen sentido.... Maria jose Herranz

Nº 207

Sentiment Faller

Carlos González

Es pensa que els sentiments més forts, més sincers són per als fallers més xicotets o per a les falleres majors, fa 10 anys m'apunte a una comissió perquè les meues filles eren falleres , mes per la llibertat de moviments que per sentiment faller, em compre el trage de casualitat, la qual cosa no m'esperava és el dia de l'ofrena, desfilava amb la resta dels hòmens com és costum en Torrent, entrem al carrer de l'església, al fons es veu la verge, la nostra la maredueta, no sé el que em passe ,el meu cos tremolava, els meus ulls es van omplir de llagrimes, anava surant ,des d'eixe dia vaig saber el que és ser faller, des de fa 10 anys cada vespra de Sant Josep en l'ofrena m'ocorre el mateix que la meua primera ofrena, com si fóra sempre la primera vegada.

Nº 206

LOS ZAPATOS MÁGICOS

M. Aranguren

La primera vez que Maddox se calzó unos zapatos ya había cumplido los quince años. No le importaba que no fueran de diseño, ni siquiera que todos se le quedaran mirando mientras andaba torpemente. Su amplia sonrisa anulaba cualquier prejuicio, burla, u opinión vertida sobre su inexperto caminar. Eran sus zapatos mágicos. Cada mañana, al despertarse, anudaba el lazo de los cordones como un orfebre creando una delicada obra de arte. Había volado durante horas desde Camboya. Sus piernas cercenadas por una mina antipersona esperaban ser reconstruidas bajo la mano experta de un cirujano ortopédico. Maddox, nombre camboyano que curiosamente significaba vida, había profanado con su inocencia una de las diez millones de minas que aún existían en su país. Hoy, con la ilusión y la moral intactas, observaba las huellas de su recién estrenada normalidad perfiladas por la lluvia en el asfalto.

Nº 205

Piensa lo que comes

paula quintero

China. Restaurante local. La carta versaba en el idioma que debía, acompañada por una incómoda ausencia total de fotografías. Cuando comenzó la cena alguien me ofreció una fuente con muslitos de pollo. “Mmm! los muslitos están bien, no me apetece algo extraño”. Alargué entonces felizmente la mano y cogí uno, acercándolo después a mi boca mientras escuchaba a mi compañera que, desde la sapiencia, preguntaba: “¿qué es exactamente?”. Cuando la comida rozaba ya mis labios y mis oídos luchaban por no escuchar lo inevitable, hinqué los dientes mientras contestaban: “Son cabezas de pato”. Noté entonces cómo por mi lengua resbalaba una amarga salsa con sabor a lo que descubrí que saben las cabezas de pato, y antes siquiera de pensar “escupe” mi yo interior guió mi persona hacia la tolerancia: “cabeza, muslo… es todo lo mismo, ya cómetelo”. Fue la primera vez que comía en China.

Nº 204

Y el humo, tambien

Bazarov

Yo estaba excitado, como no. Y ella, me pareció, también. Fue sencillo, edificante. ¿Y para esto tanta complicación, tanto tabú? Encendí un cigarrillo – uno de los primeros, también – y fumé, como había visto en las películas. Ya era uno más, y me sentí bien. Ella, bueno, de ella me acuerdo menos que del cigarrillo, desgraciadamente. Sé que sonreía, y que fumó conmigo, tosiendo graciosamente.

Nº 203

Sin ceremonia

Bazarov

Le dije “oye, si tienes frío, mete tus manos aquí, en mis sobacos”. Ella lo hizo. Ella, tan pequeña, tan mona. Luego, lo normal, sin demasiada ceremonia. Ella encima, yo debajo. Sus ojos, mis ojos, sus tetas, mi pene, una flor, unas gotas frías, la sangre. “¿Follamos, no?” “Sí, estuvo bien” “Sí, me gustó”.

Nº 202

NOSTALGIA

Gualuper rivero

Cierro mis ojos y pienso en mi primera vez. Lo que recuerdo es un sentimiento de felicidad que a lo largo de mi vida no he vuelto a sentir igual. Quizás más o quizás menos, pero nunca igual, y es que por cuestiones de trabajo de mi padre, siempre estaba de viaje. Recuerdo que fue por mí al colegio, cuando yo tenía 6 años de edad. Fue una sorpresa inaudita, no lo podía creer…ahí estaba él parado al lado de mi madre, tan guapo, tan varonil, tan buen mozo. Vestía un pantalón café, una camisa color beige de manga larga. Sonriendo todo el tiempo y con sus brazos extendidos como una invitación a un fuerte abrazo lleno de amor, de cariño; solté la mochila y corrí a ese prometedor abrazo. Mis grandes ojos llenos de brillo de la emoción de verle, de sentirle de amarle y respetarle.

Nº 201

EL PRIMER BESO

Alexei Dumpierre

Tenía la ingenuidad de los doce años. Mi hermana era mayor y su amiga Susana, una criatura angelical, lucía sus lacios cabellos toda vez que estudiaban. Por el escote de su blusa, se podían apreciar dos montañas rígidas que terminaban en una cúspide marrón. Lo que más me gustaba eran sus labios gruesos, de un rojo vivo, que como dos mitades de manzana, me provocaban tentadoramente. Aquella tarde ella los mordía con singular delicadeza. - Alexei – Dijo un día que mi hermana había ido al baño. – ¿Nunca besaste a alguien? - Si, no…no sé – Respondí tímido. - Ven, pon tus labios junto a los míos. – Me dijo, mientras me alaba con fuerza. En ese instante fui el mayor cosmonauta, el Dios que conquistó las estrellas, el descubridor de las tierras vírgenes de la intimidad. Pero duró poco, pues sentí la voz de mi hermana.

Nº 200

''La primera vez...''

Cristina García

La primera vez que me enamoré todo un ejército de sensaciones se batía en guerra dentro de mí. Sobre todo mi mente y mi corazón. Al final, ganó la mente, por desgracia. Pero el poco tiempo de felicidad infinita que viví gracias al amor, ni siquiera la razón pudo con ello. Siempre tenía agujetas en la mandíbula de tanto sonreír, y mi corazón de latir tan rápido. Los problemas que antes me hubieran provocado malestar, en ese momento rebotaban en una barrera invisible. El malhumor había desaparecido de mi vida, no conocía la palabra negación. Un arco iris de luces maravillosas iluminaba todo mi ser, y se reflejaba en mis ojos. Apenas comía, solo tenía ganas de soñar, de fantasear en mi nube de algodón de azúcar, viajar a mi palacio encantado, allá en el cielo, donde sólo llegábamos él y yo.

Nº 199

Parecía Realmente Descabellado

Escritor Senovel

¿Escribir yo?, le pregunté y posteriormente le dije al doctor sin esperar respuesta, ¡si con trabajos anoto mi nombre y luego pongo números y códigos cuando mucho! ¡Diversificación!, fue la orden tajante e inútil del galeno bendito pues, cuando me senté frente al teclado a cumplir con la instrucción, surgió una mágica comunicación entre el etéreo intangible, el teclado y mis dedos que, con prisa por decir estos últimos, asombraron a mis ojos al ir descubriendo su novedosa creación en la pantalla. Es por eso que fue inútil la tajante orden del también maldito galeno pues, gracias a ella, vivo encadenado a una silla y su mesa, a mis notas y a un ordenador, a mi librero y la pequeña lámpara de junto que, junto al consejo del doctor, también confabula para matarme de hambre desde aquella tan lejana primera vez.

Nº 198

Abuelo Agradecido

Agradecido

Hace creo como mil años ya, sentado en una banca de Reforma, con alma de rapazuelo y apariencia algo mayor, aburrido y a punto de partir, la vi; me gustó, por lo que pretexté interés en la hora de su reloj fingiendo el mío descompuesto. Su fácil sonrisa sexy realmente hermosa que me paralizó, su edad de más de diez, mi absoluta inexperiencia con el sexo opuesto además del nerviosismo, solamente me hizo sonreír bobaliconamente supongo, para dejarla partir siguiendo su suave contoneo con la casi infantil mirada. Pero esa tarde Eros y Afrodita conjugaron sus magias para, diez minutos y algunas cuadras más adelante, facilitarme rescatarla de un sujeto empecinado por entablar plática con quien, por agradecimiento tal vez, luego del cine, me regaló asimismo una gozosa semana de sensualidad desbordante antes de partir al extranjero. Yo, aún le doy las gracias.

Nº 197

Mi primer beso

Riama

Él, tenía los ojos del color de la miel, su pelo rubio ceniza caía suavemente sobre sus mejillas sonrosadas, estaba tan cerca de mi, que yo temblaba de emoción. Mi corazón latía desbocadamente, estaba tan nerviosa, sus manos acariciaron mi cabello rizado, y me dijo: - No tiembles, lo deseas tanto como yo. Su rostro, se acercaba al mío vacilantemente, podía escuchar su respiración agitada y nuestros labios se rozaron, nos besamos por primera vez con pasión y desenfreno. Yo sentía como mi corazón se fuera a salir de mi pecho, pero me sentía tan feliz, tan enamorada. Sus labios, saborearan los míos, no quería separarme de él. No quería que terminara nunca, quería que el tiempo no pasara. Después del beso, nos miramos y nos fundimos en un eterno abrazo.

Nº 196

Gabriel García Márques

Elena Nievas

El lunes te sentaste a mi lado sin verme, tus ojos solo dibujaban líneas sobre "El amor en los tiempos del cólera". El martes dejé pasar dos trenes hasta que vi de nuevo aquél libro bajando por las escaleras y disimuladamente me coloqué en tu puerta, te dejé pasar y me sonreíste por primera vez. El miércoles tus ojos mostraron interés al verme sacar un libro de García Márquez. El jueves me senté a tu lado y por un instante mi mano rozó la tuya. El viernes te dije -¿Y hasta cuándo cree usted que podemos seguir en este ir y venir del carajo?-,-Toda la vida- me contestaste.

Nº 195

15 Segundos

reTango

Lo vió en el noticiero de las ocho. Del cuerpo cubierto con diarios emergía un brazo armado calibre 38. Tirado, al lado, el teléfono con la funda roja que ayer le regaló. Fue un instante. Descabezó la tentativa de llanto. Y marcó. El celular pareció resucitar. La cámara filmó el grito huérfano, por 15 segundos, del “Bombón Asesino” Hasta que La Gorra, tambien lo apagó. A Julián

Nº 194

De Montevideo a Madrid

MARIA SUGO

La primera vez que tomé un avión fué para venir a España. Tenía 25 años y una alegría tan grande como nunca la había sentido. Mis padres y familiares fueron a despedirme, todos juntos y muy arreglados, ya que en aquél entonces ir al aeropuerto era todo un paseo. No sé como se las arreglaron pero lograron hablar con las azafatas del avión y “recomendarme”, esto es que me cuidasen ya que era la primera vez que viajaba lejos de casa. ¡Qué vergüenza!. Me sentaron en la primera fila junto a Don José, un viejecito de 90 años que regresaba al Ferrol después de muchísimos años. Él también había sido “recomendado”. Allá arriba no se vé nada, nubes arriba y nubes debajo. Al final, volando sobre España se ven los campos labrados. ¡Es tan bonito!!

Nº 193

El sol de Marzo

Víctor Anaya

El sol me acariciaba la piel cuando me detuve y tiré de él. Me acerqué flotando y lo abracé con toda la fuerza posible. Era la persona más feliz del mundo. Me sentía, al tiempo, temeroso de abrazarlo como nunca lo había abrazado. Nuestras mejillas se tocaban, notaba su piel suave y su corta barba me raspaba. Tuve que cerrar los ojos porque el sol de marzo me cegaba. Sin saber cómo, me separé de él y lo miré. Nuestras bocas se acercaron y se tocaron los labios, fundiéndose en un beso dulce y extraño para mí, el primero de todos. Sus labios estaban secos y agrietados pero dulces y calientes y mientras los besaba, mientras nuestras salivas fluían a un destino común y el color de nuestros labios se oscurecía; sentía que nunca nadie en el mundo podría hacerme olvidar ese momento único.

Nº 192

Primogénito

Francisco Javier Martín

Aquel primer y esperado hijo llevaba en sus venas sangre de hidalgos y gentilhombres, catedráticos, procuradores, hombres de leyes todos, que medraron de generación en generación. Nada más nacer, y tras unos breves gorjeos que parecían anticipar el regio llanto, el bebé declamó, alto y claro ante la sorpresa general: ”Buenas noches nos dé Dios. Agradezco a todos aquellos, de los aquí presentes, que hayan contribuido participado en mi nacimiento. Especialmente a mi señor padre y mi señora madre, a los que, desde aquí, envío mis más sinceros respetos. No obstante y dado lo avanzado de la noche, mucho agradecería que se me condujera a mis aposentos para así intentar recuperarme del reciente, a la par que desagradable trance”. El bebé, si así se le pudiera considerar (engendro del demonio, según algunos), no sobrevivió al segundo mes, y casi todos, incluyendo a la primeriza (Dios los perdone), sintieron cierto alivio.

Nº 191

Idioma

Francis J. Romo

Se levantó una mañana y no entendía nada, literalmente. Sabía que era su marido, conocía perfectamente ese tono malhumorado con el que se dirigía a ella, pero ahora además había en él un gesto de sorpresa, o tal vez de perplejidad. El hizo un comentario en un idioma escandinavo que bien podría ser sueco, ella, claro, no entendió, y se lo hizo saber, o lo intentó, en su propio idioma, que tenía la sonoridad del yiddish. El cómo y el porqué hablaban como hablaban no lo podían explicar. De esta absurda manera pasaron alrededor de dos horas. En realidad, pensó ella, aunque parezca la primera vez, llevamos años así. Preparó la maleta despacio, serena, y sin mediar incomprensibles palabras, se fue.

Nº 190

Nunca Olvides

Maria Jose herranz

DICEN QUE UNA PERSONA CUANDO MUERE ES OLVIDADA PERO...... Hay personas que nunca mueren, porque nunca se olvidan, esos sentimientos tan mágicos duran para siempre, eternamente, en los corazones de quienes amaron y conocieron, y no es eterno el cuerpo, sino el destello y la ráfaga de luz, con la que iluminaron nuestra alma.Es mi padre, JOSE LUIS HERRANZ, nos dejó un 11 de Diciembre, cogió mi mano y se fué, pero si hay algo que me reconforta es que gracias a sus órganos, viven personas entre nosotros. Cuantas cosas son necesarias decir, antes de que sea demasiado tarde, escucho gente sufrir del recuerdo, de ese instante, no queriéndolo admitir, no aceptar lo irreparable, lamentos, gritos, dolor, sin nisiquiera ya escucharse, por eso hoy quiero escribir, escribir para mi padre.

Nº 189

8 de Marzo

Gotzon

Me extrañó mucho que mi vecino acudiera a aquella manifestación, conociendo sus ideales socio políticos nunca hubiera imaginado que coincidiéramos en alguna causa, no en vano, era la primera vez que lo veía en un evento similar. Despertó de tal manera mi curiosidad que no pude resistir la tentación de acercarme a saludarle. Levanté mi brazo y abrí la boca para llamar su atención cuando se integraba en el gentío a la altura de la avenida principal, por cierto, con bastante seguridad y convicción. Por suerte no llegué a intercambiar impresiones, disimulé mi intención de saludarle cerrando el puño y gritando un conocido slogan y me disolví entre la multitud cuando, al escucharle, comprendí su error de situación y calendario. Debieron tomarle por loco cuando, levantando su bastón, empezó a gritar sus arengas antiabortistas ante la mirada atónita e indignada de cientos de aguerridas feministas.

Nº 188

Mi primer amor

Monica Lopez

Cuando me enamoré de ti supe, que sin saberlo, había anhelado siempre este momento. Vi de pronto como los problemas que antes parecían grandes y ocupaban gran parte de mi tiempo, se hacían tan pequeños que muchas veces los pisoteaba y seguía adelante sin verlos. Tu pasaste a ocuparlo todo, llenándome el corazón, el alma, el cuerpo de palabras dulces susurradas al oído, de caricias y besos que pintaban una sonrisa eterna en mi rostro y encendían un brillo de esperanza en mis ojos pequeños. Cuando me enamoré de ti, te pensé en el día y te soñé en la noche con las ansias y la pasión ardiente y dolorosa del amor primero.

Nº 187

Ojos Claros

Gotzon

Sara me advirtió de los riesgos y molestias que podría sentir al principio, me animaba diciéndome que con la práctica la sensación es cada vez más placentera. Ella se inició con "el negro", decía que a pesar de su gran tamaño y su ruda apariencia era muy cuidadoso con las jóvenes sin experiencia, varias conocidas se habían estrenado con él anteriormente. Yo, en cambio, tenía predilección por el de ojos claros, me encantaba el brillo de su pelo, su cuerpo fibroso y delgado, me enamoré de su belleza al verlo por primera vez, de su forma de caminar, de su profunda mirada. No sabía bien qué posición adoptar, estaba tan nerviosa, monté suavemente sobre él, le susurré al oído mientras le acariciaba y me dejé llevar, mi corazón latía con fuerza al sentir su vigor salvaje entre mis piernas, me sentí verdaderamente libre galopando a lomos de aquel hermoso corcel.

Nº 186

Un inagotable minuto

Andrés Pascuas

Y entonces estaba ahí, inmóvil en la cama, con toda aquella presión insoportable sobre mis hombros. Muda me concentraba hasta casi ahogarme; llegó de pronto, me percibí más liviana, dilatada, inestable en el vaivén de mis percepciones: era como si no faltara nada en mí o en esa habitación que ahora habitaba (tan pulcra: con muros, techo y piso relucientes). Caí lento en su telaraña, arrastré el deseo durante lo que pareció un inagotable minuto, en su textura imaginé infinitas palabras, que me excitaron e hicieron más fácil la labor de escribir por primera vez un relato tan corto.

Nº 185

La primera vegada de tot, la primera vegada de res

juanche

La primera vegada de tot, la primera vegada de res, qu és una experiència nova? … no res, s’ apren amb el pas del temps. Mai sabem si hem viscut les coses en un altra vida, perque moltes vegades pareix que ja ha passat el que está passant, sempre les fades surten dels castells per les nits, per perseguir els dracs, la por, la malaltia, la probresa, i en despertar, per veure si són més lletges es miren al espill i tornem a trobar dones i homes morts de fam, bruts, malalts, asustats, i els temibles dracs no se’n van, tornen una i altra vegada, encara que els ogres es disfressen de flors al bosc.

Nº 184

Nunca Olvides...

Maria Jose

DICEN QUE UNA PERSONA CUANDO MUERE ES OLVIDADA PERO......
  Hay personas que nunca mueren, porque nunca se olvidan, esos sentimientos tan mágicos duran para siempre, eternamente, en los corazones de quienes amaron y conocieron, y no es eterno el cuerpo, sino el destello y la ráfaga de luz, con la que iluminaron nuestra alma.
  Es mi padre, JOSE LUIS HERRANZ, nos dejó un 11 de Diciembre, cogió mi mano y se fué, pero si hay algo que me reconforta es que gracias a sus órganos, viven personas entre nosotros.
  Cuantas cosas son necesarias decir, antes de que sea demasiado tarde, escucho gente sufrir del recuerdo, de ese instante, no queriéndolo admitir, no aceptar lo irreparable, lamentos, gritos, dolor, sin nisiquiera ya escucharse, por eso hoy quiero escribir, escribir para mi padre.

Nº 183

TESTIGOS DE AMOR

Inma Coves

La primera vez no se olvida, o al menos eso le contaron. El lugar era lo de menos, tampoco importaron mucho los preliminares... La carne hablaba sola, en su propio lenguaje, solo inteligible para ellos dos, la efervescencia de las hormonas haría el resto. Dos cuerpos ansiosos de besos, caricias, de piel contra piel... Sueños de jóvenes inexpertos , jugando a ser mayor. Los gestos torpes y ávidos se entremezclaban sin fin, el clímax llegó demasiado rápido y con él la calma. Y así quedaron, dormidos, desnudos, parcialmente insatisfechos, la sed y la curiosidad no remitían fácilmente. Sed de sexo, que ahora calmarían con más asiduidad. De momento tenían el recuerdo de aquel día, una oscura carretera y un viejo coche serían sus testigos... testigos de su primera vez.

Nº 182

Agua de Plata

Inma Coves

Era verano, la playa guardaba con recelo el secreto de aquellos dos jóvenes. Jóvenes de distintas clases sociales, pero con un sentimiento en común, el amor. Aquella noche fueron mas allá de los besos, de las caricias y los suspiros entrecortados... Sus cuerpos se unieron bajo la cálida luz de las estrellas; se prometieron amor eterno, pero las promesas no siempre se cumplen. El verano acabó y con él ese amor prematuro, demasiado débil para luchar contra la adversidad. Sus vidas ya nunca volverían a cruzarse, pero en aquella playa siempre quedaría su vez primera, acunada por las olas que murmuran sus nombres en agua de plata...

Nº 181

Consciencia fugit

Ninés de Val.

Ésta es la primera vez que escribo, por lo que lo hago con deseo, candidez, premura, necesidad… Soy tan joven… Me es imposible describir las primeras veces de mis vivencias, pero observando la vida de un plumazo, descubro maravillas que están al alcance de todos: recuerdos, anhelos, dulce nostalgia que desearía para mí. Todo está ahí fuera: miradas, charlas, sonrisas, la piel, la luz, escuchar el sonido del silencio, la calle, las manos, color, los bares, calor, las flores… Primeras veces… Lo daría todo por pasar un primer día como si fuera el último; os envidio… ¡Adelante! Es fácil disfrutar de cada instante, por breve que sea. Sólo hay que ser consciente… El tiempo pasa sin descanso… Ya casi es 19 de Marzo. Para mí será el final; para vosotros, el principio de lo que vendrá. Aprovechadlo, felizmente…

Nº 180

La primera vez… en el calabozo

J.A. SANFRUTOS

El motivo: créanme que les costaría creerlo. Mi hijo dormía en mi regazo después de la pertinente bronca con su madre. Y así, con él en mis brazos, me encontré con la policía picando a mi puerta, con unas esposas en mis muñecas y por primera vez… durmiendo en el calabozo. Dos noches después y también por primera vez, me encontré ante un juez que me alejaba de todo lo que había mimado y querido. Me alejaron de mi niño, de mi casa. Metí mi vida en una maleta y fui literalmente perseguido, por la misma policía a la que había acudido hasta con videos de mi ex pareja, donde era ella la que me golpeaba. Quizás no sea una bonita historia, pero ésta es la verdad de un hombre como otros muchos maltratado por la sin razón.

Nº 179

CAMBIOS

José Luis Castellanos Segura

La primera vez que me subí a una bicicleta fue la última que pude presumir de sonrisa perfecta.

Nº 178

Mi alternativa docente

Escarlata

Dieciocho rostros nuevos para mí, impacientes por conocerme y tantear el terreno que pisarían el próximo curso. Dieciocho almas que ignoraban que yo, tomaba la alternativa a primera hora de aquella mañana y en ese ruedo, mezcla de inocencia y adolescencia en su punto álgido. Sería inútil negar que temía al pánico escénico, pero todos los pensamientos negativos se vinieron abajo enseguida. Fueron cincuenta minutos, en los cuales mis primeros alumnos hicieron fácil lo difícil, realidad lo que hasta ese momento había sido utopía y quitaron la hoja del primer día de mi calendario como maestra. Aún, a diario, entro en mi aula y siento que vuelvo a tomar la alternativa, pues la docencia me ha enseñado que no hay día como el anterior, ni alumnos iguales, y que en esa diversidad reside la magia de mi vocación.

Nº 177

No es lo mismo

Adrian Perez

Sentí que mi suelo se desvanecía. Un vacío en mi interior anunciaba que ya nada iba a ser lo mismo; pesaba, se encajaba. Los días parecían no contar, las noches se antojaban a consuelo. Algunas canciones eran lacerantes; lo curioso es que con algunas reí, soñé y hasta bailé; pero eso ya no podía ser, al menos en esa ocasión. El bocado no llenaba porque no había nada que saciar, así que me olvidé del sabor. Lo amargo del momento lo sentía hasta en mi saliva. Me dolía escuchar salir el sol; nunca pude cerrar mis oídos, y el sonar de un nuevo amanecer se hacía agua en mis ojos. Siempre se piensa que para qué seguir cuando te pasa por primera vez, pero aquí estoy, esperando un nuevo beso que me lleve a mi segunda, tercera, cuarta; primera vez.    

Nº 176

El francotirador

Sergio ferrer

Me habían apostado en el pequeño ventanuco del baño. Mi capacidad de movimiento era escasa, pero podía observar perfectamente al populacho desde mi privilegiado puesto. Me entretenía enfocando con mi teleobjetivo los anónimos rostros, concediéndoles cinco segundos de merecido protagonismo en mi tele-visor. La hora se iba acercando y el nerviosismo se apoderaba de la muchedumbre. Era difícil inmunizarse contra su contagio, incluso desde un cuarto piso, torpemente camuflado tras dos pequeños tiestos de camelias. Mi ligero dedo índice presentía la acción y comenzó a temblar compulsivamente No podía fallar, sólo me quedaban tres disparos. Me habían filtrado que el momento oportuno sería justo tras la primera detonación. Esperé y desesperé pacientemente. Un primer estallido me cogió desprevenido y su onda expansiva me impulsó hacia detrás. Me mantuve firme en mi puesto, sujetando fuertememente el frío metal. Apunté, sin prisa. Tres precisos disparos. Tres preciosas instantáneas de mi primera Mascletá.

Nº 175

Salir Airoso

Montserrat Perez

Nerviosismo, miedo, orgullo, responsabilidad… los sentimientos se mezclaban mientras caminaba hasta el lugar acordado. Era cerca de casa, pero oculto al gentío, oscuro, solitario. De nuevo, las dudas: “no sé si lo haré bien”, “no sé si daré la talla”,”no sé si la decepcionaré”…Y eso que ya lo había hablado con mi padre y con mi mejor amigo, pero el peor de los temores revoloteaba en mi cabeza, repitiendo: “el orificio es demasiado pequeño para lo que tú tienes ahí”… Abrumado por la situación y sin tiempo para pensármelo, procedí. Tras realizar unas pequeñas maniobras al principio, noté como enseguida, ella sola se deslizaba hacia el interior, casi sin ayuda… Salí airoso de la situación. Al llegar a casa, mi madre, adivinando mi hazaña, me dijo: -Hijo, te has hecho mayor, ya te puedes encargar de tirar las botellas de cristal al contenedor amarillo.

Nº 174

Tempus Fugit

Rosi Arjona

La primera vez que vi arder una falla sentí que ante mis ojos se escenificaba, de forma magistral, la fugacidad del hombre: hermosa creación destinada a desaparecer entre las llamas del tiempo. Comprendí que sólo somos indefensos ninots. Y, para más inri, sin ninguna posibilidad de indulto.

Nº 173

Pasión difuminada, alma encontrada

Nancy Socorro

La noche abrigaba el silencio, era la brisa quien apresa el tiempo, en mi interior… susurraste, gritabas para que nunca te olvidará…hacerme sentir lo que mi mente formaba…y llego el instante donde la magia nació, mi cuerpo entrego su alma a tu descripción y el frenesí que forme al marcar tu inicio, transformo la razón en una mirada perpetua…eterna. El primer instante, la primera vez que descubrí un mundo lleno de anhelos, fue aquella noche que se desvaneció, cuando difumine mis sueños en tu existencia…algo que empezó como un juego, se dono en la pasión eterna… y tuve la extraña sensación de que jamás podría dejarte…de que eternamente tendría que escribir para sentir.

Nº 172

Semana fallera

María Viajel

Recuerdo la primera vez que sentí la pólvora en la venas y sus atronadores estallidos en los oídos. Es una sensación que no se puede olvidar, quizá porque sientes una especie de peligro en el estómago o piensas durante un momento que es el fin de mundo o cada célula de tu piel vibra sin que puedas evitarlo. Luego sólo queda el olor a pólvora, que te devuelve a tu vida normal y con él te ves arrastrado a salir de la plaza del ayuntamiento. Se acabó otra mascletá. El fuego es constante la semana de Fallas y todo lo destruye con su terrible belleza al final. Arden los ninots entre llamas naranjas en la tierra de las naranjas un año más. La primera o la última vez, ¿qué más da? Cada año, por suerte, siempre el mismo ritual.

Nº 171

Lágrimas de viudaAutor

Sebastian Miguez

De la grieta empezó a brotar agua, tanta y tan rápido que ningún empleado escapó de la fuente infinita que transformó la mina de piedra caliza en una profunda y húmeda tumba. Cada día la mayor de las viudas llenó un poquito el sepulcro de su marido con las lágrimas que perlaban de su ancianito rostro. Cuando el espíritu del trabajador sintió desde donde estaba la caricia del llanto de su mujer traspasándole el cuerpo ya destrozado por el tiempo, subió transformado en corriente cálida a besar los pies descalzos de la viejita, curando un poco su corazón roto. Incluso años después de la muerte de la viuda, la corriente siguió viva en la cantera. Dicen que quien llora de amor con los pies mojados en sus aguas recibe algo de alivio a su dolor. La primera vez que te dije adiós, fue con los pies sumergidos en esa agua.

Nº 170

El retorno

Trilce Ortiz

La vista desde el avión parecía una ciudad de juguete. De lejos los techitos se reclinaban de manera graciosa en dirección al sol, y los niños de mi imaginación jugaban descalzos en la plazoleta mayor. Ocho millones registrados de apretujados habitantes pisaron el pavimento de mi infancia hasta darle su inconfundible tono curtido.
La sensación siempre ha sido la misma, cuando las ruedas tocan el piso y la ley de gravedad se vuelve palpable; sabe a casa. Es un sentimiento inconfundible que imagino deben sentir todos aquellos hijos pródigos que regresan tras algún tiempo al hogar. Sin poder evitarlo los ojos se cierran, el alma se encoge para luego agrandarse de forma acelerada, al ritmo de una canción antigua de interminables estrofas que hablan de un júbilo inmortal.

Nº 169

La segunda vez

Trilce Ortiz

Dolió, en realidad fue el dolor más fuerte que he sentido en mi vida. Con las piernas en horcajadas, casi desnuda y muerta de pánico, sólo lograba visualizar una pared de baldosas blancas cuyas líneas perdían todo el sentido de una cuadricula, para retorcerse en una imagen que me producía mareo, aun así no podía dejar de mirar al frente.
-Relájate linda, respira tranquila y no te tenses-
Claro era fácil para él decirlo, desde arriba, con su cara arrugada por las décadas de historia y la sonrisa torcida de tanto trajinar. Sentí su mano sudorosa empujando mis rodillas, respire profundo y aguante el vomito que se escapaba por las rendijas de mis dientes.
-Pero, y ¿Si va a estar bien?- escuché que preguntaba mi novio con vos firme.
-Si hombre, no se preocupe, tiene apenas cinco semanas,- respondió él sin levantar la cabeza.

Nº 168

Fantasma

No Comments

Mi primera vez no se puede decir que fuera la mejor, no me resultó fácil. Me habían instruido bien, llevaba la teoría bien aprendida en mi cabeza pero claro, la práctica era otra cosa. Recuerdo que bebí un par de whiskys previamente y casi de trago. A los preparativos, con suavidad, le siguió irremediablemente el momento culmen. La penetración se complicó en exceso aunque finalmente lo logré. No imaginaba que me provocará tanta excitación. Y es que atravesar las paredes te permite visualizar las vidas ajenas sin ser visto.

Nº 167

Invierno

The Beast

Me sentía nervioso, incómodo, fuera de lugar. Al atravesar la puerta, una angustiosa sensación de vacío se apoderó de mi estómago. Me sudaban las manos. Un frío atroz se inmiscuyó en la espina dorsal. A pesar de ser verano tenía la sensación de que mi cuerpo creía que todavía era invierno. Observé a una mujer distraída y me coloqué detrás. Vislumbré los rostros de los otros, semblantes sin sueños, consumidos por el desencanto y la tristeza y absortos en sus propios problemas. Me había vuelto un lobo solitario. Nadie quería relacionarse conmigo. Decían que sufría repentinos cambios de humor, que mi voz era monótona y que mi apariencia se había vuelto frágil. Aquella vez ante la chica de la Cruz Roja, que me ofreció una dosis de metadona, fue la primera ocasión en que reconocí que tenía un serio problema.

Nº 166

Cuando te conocí

Kenny Oñate

Cuando te conocí traías puestos esos anteojos con marco en forma de corazón y llevabas trenzas en el cabello. Llevabas una falda larga verde limón y un top negro. Jugabas sobre las tablas con tu cuerpo a dibujar olas, a ser la princesa del mar, su niña de ojos entristecidos. Cuando me conociste yo era el mismo mequetrefe que arranca sonrisas a los niños de las caritas manchadas de betún; con juguetes de felpa en un teatrino para expiar culpas. Aquel día coloqué mi teatrino en la esquina de la sala donde ensayabas, esperando que los niños se acercaran sin saber que tú eras tú o que pasarías por ahí. Cuando nos conocimos descubrí que habría cambiado todos los minutos de mi vida entera por tan solo un segundo de la tibieza de tu abrazo.

Nº 165

Lenguaje corporal

Audrey

La primera vez que me tocó, sus dedos fueron fuego carbonizando mi piel en la dulce agonía del rítmico movimiento de nuestros cuerpos. Haciéndonos promesas que luego no cumpliríamos. Sintiéndonos sólo en la profundidad. Teniendo fantasías a la vez. Calculando cuando llegaríamos al momento final con suspiros y diciéndonoslo todo con gemidos, para sentirnos desnudos en cuerpo y alma, el corazón desbocado y el aliento con el aroma ajeno de los besos dados sin razón. Actos por inexperiencia o quién sabe, si quizás por amor.

Nº 164

Los privilegios de la conciencia

Audrey

La primera vez que actué con total conciencia de mis actos es una situación no ocurrida, en un mundo ya creado, donde los humanos no razonan y los animales son acorazados. Inevitablemente, me asusté. Salí corriendo y tropecé mientras el resto de los humanos, tras el redescubrimiento del fuego, se acercaban a mí como si fuese peor enemigo que él. Juntos trabajaron construyendo una pira en la que asesinarme a mí y a mi conciencia con lo que otro tiempo fue llamado libros. Mi raza se extinguió conmigo por ser el único con tal poder para que el resto de la especie descansara en sus cavernas, habiendo cumplido  el cometido que un día se les impuso y del que no se supieron defender.

Nº 163

vencer el miedo a perder

Lux lucis

Era la primera vez que sentía el miedo a perderlo todo. Entonces interioricé que ese todo era prácticamente nada. Sí, nada que, injustamente, te someta al terror, la culpa o la tristeza inmensa es imprescindible en la mochila de la vida..No, cuando las personas, las circunstancias o las cosas son realmente valiosas –si te acompañan en la senda de vivir- no te sobran nunca y la sensación de pérdida es sólo eso, un espectro, pues seguirán estando ahí. Continuarán pese a sentirte en la más honda pesadilla, en el abismo de un lugar llamado desconcierto. Para trasformar tan angustioso ensueño, primero hay que despertar enérgicamente, anhelando que el despertador suene con melodía de triunfo.

Nº 162

tensión de sobredosis

Lux lucis

Era la primera vez que presencié las irreversibles consecuencias de la sobredosis por cocaína en un adolescente. Fue en el proceso de intentar frenar aquél caos visceral, manifestado en tan desgarrados signos vitales, desde la unidad de cuidados intensivos. El esfuerzo profesional y mental para estabilizarle estaba plagado de nombres técnicos con apellidos de empatía hacia el joven paciente y su destrozada, pero fervientemente esperanzada, familia. Conforme sus órganos se iban silenciando, el eco del desconsuelo de sus padres se hacía más sonoro. El tono de reproche por la inconsciente conducta se fue trasformando en súplica agónica por su supervivencia Era mi primera vez ante alguien que no pudo escapar de la seductora traición de las sustancias de abuso; ante alguien que no pudo despedirse por última vez.  

Nº 161

Mi primera escoba

Marga

Me monté en ella un 19 de Marzo a las doce de la noche, con tan mala suerte que la primera ciudad que atravesé estaba ardiendo por los cuatro costados. Me apeé de mi escoba y me dirigí a un grupo de personas con la intención de preguntar que sucedía, enseguida me di cuenta de que eran unos pirómanos y querían meterme de cabeza en la hoguera, se decían unos a otros a grito pelado:!Aquí queda un ninot sin quemar ¡.Subí de nuevo en mi escoba y volé tan deprisa como pude , pues en esta ciudad no solo queman a las brujas como en la antigüedad, sino a todo el que se acerque con malas intenciones.

Nº 160

Mi primera vez.....

Lorena Martínez Huertas

Hacía tiempo que lo había estado pensando y al final, me decidí. Quedé con él a las ocho de la mañana a solas. Estaba nerviosa y casi temblaba. Me hizo estirarme y lentamente posó una mano en mi mejilla. Intentó tranquilizarme con suaves palabras cariñosas y poco a poco, me dejé llevar. Abrí la boca y lo introdujo. Al principio no noté nada, pero luego sentí un vaivén que paulatinamente se iba haciendo más potente. Me puse rígida. Se movía mucho, pero no me podía dejar llevar por el miedo. Abrí aún más la boca para que tuviera más espacio para moverse y cerré los ojos. Estaba llegando a su fin, lo notaba. De repente, cesó. Poco después, me enseñó la muela picada que me acababa de extraer. Realmente, ir al dentista es lo mejor que he pude hacer.

Nº 159

El Oficio

Cunimurgis

A veces, aprender oficios, es una obligación para vivir o sobrevivir. Todos aprendemos a lo largo de la vida, pero hay oficios llamados "Cualidades humanas" que dejan mucho que desear. No entendía yo, la labor del perdón; mi rencor y mi orgullo no me dejaban trabajar  _ ni siquiera en mi trabajo_ , _ ni siquiera en actitudes de mi vida _ , ni siquiera : _  en nada _ .Opté por buscar una reflexión, pero práctica, claro. Y cuando me dí cuenta de que existía el perdón, fue lo mejor que me pasó; perdonarme y perdonar la primera vez, fue la mejor elección para seguir viviendo.   

Nº 158

Principiante

Isabel Lagger

Ingresé al baño con la velocidad de una culebra que busca su cueva. Necesitaba calmar mi agitación y me recosté contra la pared antes de sacar el ajado cigarrillo. Los oscuros tirantes del cielo raso blanco de aquel edificio parecían teclas de un piano gigante. Música: sueño eterno; frustración inalterable, me dije, con torpeza de principiante. La fina estela del humo debió adormecerme pues no escuché pasos ni golpes en la puerta sino el frío cachetazo de la celadora que decía: “tiene cinco amonestaciones”, mientras me empujaba con violencia hacia el patio. Yo sólo pude concentrarme en el laxo humo que emanaba el cigarrillo, caído cerca del inodoro, brindándome una desganada despedida.

Nº 157

Los vendedores de besos

Ricardo Chávez

A mi hermano Alejandro

Mi hermano Alejandro era blanco como la luna en un país colmado de gente color del bronce, color madera, color tierra mojada, así que a mí se me ocurrió la genial idea.
Alejandro tenía tres años, el pelo rubio igual que una cascada de pepitas de oro y cuando acomodaba la boca para silbar sin que surgiera un solo sonido de su interior, sus labios formaban un rojo y lustroso corazón.
Una moneda de veinte centavos por cada beso- le dije a mi hermano David para que no me acusara con mis padres.
Pero a él también le gustó la idea de hacernos menos pobres, así que sujetó la mano derecha de Alejandro mientras yo tomaba su mano izquierda, y así comenzamos el negocio de llevarnos a mi hermano al parque para poner sus besos en venta.

Nº 156

Un nuevo yo

Perro Andaluz

Me contemplo en el espejo del armario que hay frente a tu cama. Estás desnuda, al igual que yo. Nunca había estado con una mujer. Tu piel de ébano es suave, te recorro con mis manos y me dispongo a dar el gran paso. Te inclinas sobre mí y me diriges en esta exótica y desconocida danza. Dejo de ser yo mismo por momentos, me transportas a otro lugar con este éxtasis. Mis sentidos se unen en uno sólo, es el placer que llama a mi puerta. Apenas te conozco pero hoy te guardaré siempre en mi memoria. Me siento cambiado por dentro, como si una parte de mí hubiera muerto y otra nueva surgiera. Ahora puedo decir que soy un adulto. Ahora soy un hombre.

Nº 155

La primra vez qe la vi

Daniel de Silva

La primera vez…que la vi supe que ya nada sería ni tan serio ni tan urgente.
Había un océano de por medio, pero se le veía demasiado angosto como para ser un obstáculo real.
Estaba en el avatar de su pestaña de diálogo y me decía todo lo que quería saber con solo enfilar hacia mí sus ojos sonrientes.
Pasaron muchos días, meses, años… El mar se quedó ahí, como un puente. Llegué.
La vi, la abracé y no le dije todo lo que quería decirle; pero no importa, solo me importa tener algo más para contar cuando no tenga nada para decir.
Hoy la sigo viendo a menudo, desde el ordenador de algún locutorio. Nos escribimos, nos seducimos, nos reencontramos.
Eso sucede solo a veces, cuando no estamos en nuestra casa, criando a nuestros hijos. Todavía nos quedan cosas que decirnos.

Nº 154

La primera vez que fui de caza

Eureola

La primera vez que fui de caza sentí una angustia en el pecho que casi logró asfixiarme. Las manos me sudaban por los nervios y un molesto tic apareció en mi ojo derecho.
Realmente no sabía qué hacía allí: en medio de un bosque, disfrazado de árbol y con una escopeta que abultaba más que yo, la cual, no sabía usar. Sin embargo mi madre, con la misma indumentaria ridícula, se manejaba con el arma como un soldado.
Tras horas si avistar nada, apareció ante nosotros una presa, un macho joven que llevaba días evitándonos. Al vernos salió despavorido alejándose de nuestras armas tan rápido como pudo. Pero a pesar de su destreza para esquivar árboles mi madre con gran puntería le alcanzó en un hombro. Sin miramientos mi madre disparó, ahogando las súplicas de la víctima. Y es que en mi familia cazar ciervos está pasado de moda.

Nº 153

La primera vez que cogí un avión

Eureola

La primera vez que subí a un avión sentí que nunca bajaría de él. Los motores rugían como una manada de leones enfurecida; aunque no podían compararse al concierto que en esos momentos se estaba organizando en mi corazón. Por un momento temí que se me saliera del pecho y corriera como loco fuera de la nave en busca de tierra firme.
Probé a pensar en otra cosa; distraer mi mente hasta que el avión despegara. Intenté imaginar cómo sería mi vida después de superar ésta prueba; estaba segura de que tendría más confianza en mí misma y me enfrentaría con aplomo los problemas que se me presentaran.
Sin siquiera darme cuenta el avión despegó mientras yo continuaba fantaseando. No podía creerlo, pero había logrado vencer mi miedo. Estaba curada.
Entonces una voz femenina en un megáfono me despertó y mis ojos incrédulos vieron que aún estaba en el aeropuerto.

Nº 152

LAS PIEDRAS TAMBIÉN LLORAN

Aroma de gardenias

Lo vi llegar ebrio, impotente golpeó las muebles, ¡gritó! Habían transcurridos ocho semanas y no se resignaba a no ver… a Mayra ¡Cuánto la amaba! La habitación un desorden, ¡distinto a otros tiempos! Abrazó la almohada y acarició las sábanas como si su olor extrañara. El remordimiento se le notaba, a través del vidrio de la ventana. Recuerdo sus cotidianas discusiones a cerca de la importancia de un “te quiero”. También la recuerdo a ella, triste en mi cama, mientras se tomaba un café… lamentándose de que a él no le importaba. A ese insensible, la vida lo había puesto de rodillas y un caudal de lágrimas, sus manos inundaban. Ahora, al fin caía yo en cuenta… que las piedras, también lloran… después de la muerte de Mayra.

Nº 151

EL ESPANTO DE GUASINA

Aroma de gardenias

Eran varias las noches que tenía sin dormir. Un caballo, con su incesante golpear de cascos, azotaba la paz de mi sueño. No era la única trasnochada. También lo estaban los vecinos de la Comarca, que a diferencia de mí… estaban acostumbrados. Desde tiempos inmemorables, en luna creciente de Junio, un Espanto galopeaba por los senderos sobre el lomo de un caballo. La única manera de evitar esos desventurados desvelos era que alguna osada vecina mirara, como el ágil jinete corría detrás del viento. Nunca antes, Espanto alguno, había inquietado mis noches, pero… sí su pretensión era que yo lo observara… estoy segura que jinetearía libre, ¡a través de los tiempos! Más aún, después de enterarme de que cada veinticinco años… una mujer del Poblado robada.

Nº 150

La primera vez que robé.

Dixon Acosta

Hice la primera comunión a los once años, cuando me inscribí como católico practicante, pero debía confesar algún pecado; descarté los pensamientos poco honorables y las travesuras, debía rememorar una acción criminal. Recordé cuando cierta vez a la salida del colegio, en un pupitre descubrí un libro de historia universal. No hubo duda moral, simplemente lo guardé en mi maleta. Confesé mi primer delito, no frente a un juez sino ante un joven sacerdote que llevaba lentes redondos y cabello ensortijado, quien me absolvió luego de pagar como sentencia un Padre Nuestro. La apropiación de aquel libro abandonado, motivó al niño infractor a interesarse en la historia y en la lectura. Una mala acción con efectos benéficos. Jamás volví a sustraer libros, por el contrario, he sido víctima de varios robos amables disfrazados de préstamos, los cuales he perdonado, sin penitencia ni condena.

Nº 149

"PRÍSTINA CANDIDEZ"

AFRODITA XX

La primera vez* produjo en mí una sensación de sorpresa. Yo creía que, como en las películas románticas de Hollywood, Él me levantaría en sus brazos, me introduciría al dormitorio y allí me depositaría suavemente sobre una mullida cama para luego cubrirme de besos. Hasta allí llegaba mi imaginación adolescente. ¡Cuán distinta fue mi primera vez! No hubo levantamiento en brazos. Tampoco un cubrirme de besos. > Ni Champan, luz difusa, o fondo de música melódica. Nada de eso. Simplemente sucedió. Comenzamos deslizando nuestras manos sorprendidas ante la ausencia de experiencia, por nuestros cuerpos desnudos. Nos fuimos descubriendo temerosos para hallarnos sumergidos luego en una oleada de sensaciones desconocidas. Mi flor comenzó a latir fuertemente mientras sus pétalos se humedecían de rocío transparente cálido mientras El mostraba su miembro erecto deseoso de una penetración vibrante, profunda, sin pausas… ¡Hasta quedar exhaustos!

Nº 148

El despertar

Aurora Priego Gómez

Los nervios afloran, la ropa vuela y la torpeza se acumula entre mis pies y manos, pero él sereno y hermoso, me tranquiliza acariciándome con manos experimentadas. Mi cuerpo comienza a responder con un deseo que se desboca dentro de mi pecho, un deseo que sale por mi garganta y a la vez baja poco a poco hasta concentrarse entre mis piernas. Se aparta un poco para verme la cara mientras me toca. Mi columna se curva soltando un gemido, entonces coge entre sus manos su pene y lo introduce en mí lentamente. Es una sensación extraña y rara, algo molesta, pero él es tan atento que apenas me doy cuenta. Una vez dentro, echa su cuerpo hacia delante y lame con su lengua mis senos mientras con movimientos acompasados me sume en un placer que nunca hubiese imaginado.

Nº 147

Las Musas

alas rotas

La primera vez que escribo un relato corto, y no se por donde empezar. Dicen que tienen que venir las musas, pero no se de donde ni por donde, además en casa ya somos muchos para que venga alguien más. Esto de musa suena a persona delicada, y no sabría donde alojarlas. Cogeré un papel, o mejor el ordenador, no, no, mejor el papel que las musas deben ser antiguas y no sabrán utilizar el ordenador, ¡como voy a pretender que me inspiren en algo que no saben utilizar!, menos mal que me he dado cuenta. Ahora a esperar. No se cuanto debo esperar, llevo dos horas y por aquí no ha venido nadie y menos con pinta de musa. Ha pasado otra hora, creo que me han engañado, las musas no deben existir, vaya timo, mejor ni escribo relato ni nada. Me voy.

Nº 146

Nieve Mágica

Blas cavanilles

Las manos sudorosas se movían magistralmente sin descanso. Hacía tiempo que carecían de huellas dactilares. El polvo blanco inundaba la estancia transformando la vieja casita en una tormenta de nieve estática. La figura del hombre sentado, trabajando, seducía irremediablemente a las hadas que se habían colado por la ventana, a pesar de que podían dañar sus alas con el brillante polvo. El rostro de aquel humano presentaba una expresión nunca antes vista por ellas; lloraba con los ojos pero reía con los labios, y sus cabellos rubios danzaban en el aire al son de la lija. Todas se sorprendieron al ver que este arisco instrumento creaba la silueta perfecta de la más bella de todas las de su especie, no podían creer que aquel muñeco fuera su reina. Jamás llegarían a saber que aquel artista solamente estaba dando forma a sus más preciados sueños.

Nº 145

Dulce recuerdo

Juanita

Lo habíamos organizado meticulosamente. Sin embargo.., huimos. A pesar de nuestra cobardía, a pesar del miedo, a pesar de nuestra juventud e inexperiencia, nos fuimos lejos. Escapamos de aquella vorágine de gente que me atosigaban sin parar. Aquel día tuve que vencer mi timidez y pasar de unos brazos a otros, responder a los saludos corteses de unos, a los besos de otros, a las palabras malévolas que algunos me lanzaban, a las miradas de envidia que algunas chicas proyectaban sobre mí, a las de lascivia, que descaradamente me arrojaban los hombres. Con valentía logré salir a flote y me embarqué en mi primera experiencia de este tipo: conseguí montar en avión y volé lejos. Volé para hacer realidad el sueño que a esa edad tenemos todas las jóvenes. Vivir los mejores días de mi vida.., disfrutar de mi Luna de miel".

Nº 144

Un vuelo al olvido

María Pilar Calvo Rivera

La primera vez te plantaste frente a mí, mientras tus diminutos ojos negros escrutaban mi ya arrugado rostro. "¿Quién eres?" apenas susurraste. Comprendí entonces que las profecías del doctor Julián eran totalmente ciertas, tu mente había echado a volar. "Soy...soy un príncipe" y te abalanzaste sobre mí al igual que cuando contábamos con sólo veinte años. La segunda vez fui un capitán de barco inglés. La tercera, uno de esos domadores de circo que tanto habías admirado. La cuarta, un constructor de catedrales. La quinta, la quinta...No recuerdo si hubo quinta...Tampoco recuerdo si hubo alguna vez más antes de reunirme contigo en tu particular vuelo.

Nº 143

Algo así fue mi primera vez...

Alfredo Ortiz

Estábamos encerrados y casi nos asfixiamos. Ella era hermosa y trabajaba en el negocio de su padre. Él le había ordenado que abriera a las once porque iba a pasar un cliente. Pero ella y yo no aguantábamos más. El anuncio de Cerrado todavía estaba en la entrada, así que ella me desnudó mientras yo la besaba pero no hallábamos dónde hacerlo… - En la recepción no… - Acá en la mesa… - No, tampoco… > - ¡¿Dónde?, ¿dónde?! No hubo otro remedio, tuvimos que meternos y ella cerró la tapa… > - ¡Mariana, Mariana!, ¿dónde se habrá metido? Usted disculpe señor Rodríguez. Este es su pedido. Bonito, ¿no? Dijo su padre mientras nosotros descansábamos en paz, felices en uno de esos ataúdes donde se puede dormir tranquilo. - ¡MARIANA! - Gritaron y yo desnudo. > No quiero contarles lo que pasó después…

Nº 142

La última batalla

Raquel Maria Saralegui

A los 93 años Mario ya no puede caminar, apenas ve, apenas oye. Se pasa los días frente al televisor, contando cuanto falta para que nazca su primer bisnieto. Y, con un ruego cansado en los labios, espera noviembre como quien espera la última batalla.

Nº 141

TERROR EN LA EN EL CALLEJÓN

M. Carmen Guzmán

Sentí sus pasos en el callejón oscuro. Empecé a correr y él también. Se acercaba, cada vez más…hasta que me alcanzó. Me volví aterrorizada … y entonces pude ver su espantoso rostro: Era mi casero, al que le debía tres meses de alquiler.

Nº 140

APRENDIENDO A VOLAR

M. Carmen Guzmán

Nunca olvidaré mi primer vuelo. Tenía cuatro años, y como no alcanzaba al bote de mermelada, volé, me di con la cabeza en el techo y derribé todos los botes de la alacena. —Clark Kent—me regañó mi madre—debes aprender a controlar tus poderes.

Nº 139

Vivir la vida por primera vez

Carmen A

La primera vez, todo lo que nos ocurre en la vida no importa que sean agradable o desagradable, en todo…., siempre hay una primera vez.
-Los primeros pasos
-La primera caída.
-El primer amor
-El primer desengaño
-El primer día de guardería
-El primer día de trabajo.
-La primera vez que participas en un concurso de relatos de cortos, contando y recontando las palabras para no pasarte
-La primera vez que ves tus pensamientos plasmados en un artículo y colgado en Internet
Todo es una primera vez y eso es lo más maravilloso. Hay que vivir, disfrutar, ser siempre positivos, porque la vida ya te obliga a beber a veces de cálices muy amargos, por lo que siempre vive la vida por primera vez.

Nº 138

la Primera vez..... y la última

Sole

En aquel excitante momento de rendición, me encontraba acongojado y anonadado. Un fuego como en Fallas recorría mi cuerpo abrasando mis vértebras. Se encontraba ahí de pie junto a mí, ojos inquisidores, escrutando en el interior de mis aturdidos sentimientos. Yo seguía estrujándola con rabia dentro del calor de mi bolsillo asfixiándola entre mis agarrotados dedos, pero siendo observado sin piedad. ¿ Qué tienes ahí ? Me preguntó al fin. Rostro colorado como pimentón valenciano me armé de valor y respondí. ¡ Nada ¡. Abrí la mano liberando la oculta chuleta antes de sacarla de su guarida, y se la enseñé, toda una mano vacía, humana, sudorosa pero ufana. Tuvo compasión de mí y apendí la lección. Fue la primera vez que me cazaron la chuleta del examen

Nº 137

Tortuguita

Juan José Luna

Debí tener de 9 años, Eric y yo solíamos caminar por los costados de las vías del tren, donde todo era vegetación y corrían arroyos y había charcos por todos lados. Después de la lluvia los animalitos solían salir, y eso es lo que buscábamos, cualquier tipo de alimaña salvaje, en especial culebras o algún tipo de roedor. Íbamos caminando, mirando a la vera del arroyo, cuando en uno de los charquitos Eric vio una tortuguita. Era de un verde como nunca había visto, un verde muy vivo. Ver a la tortuguita en su habitad natural la hacía más bellas todavía. Para un niño como nosotros encontrar un animalito exótico como la tortuguita salvaje era la gran cosa, por eso sentí envidia que él la haya encontrado y no yo. Fue la primera vez que experimenté ese horrible sentimiento que carcome el alma: la envidia.

Nº 136

Lágrimas adolescentes

Cristina Mejías

Esta tarde he ido a su dormitorio y lo he encontrado llorando, apenas sin hacer ruido, pero ciertamente abatido. Sumido en esa tristeza amarga que se acomoda en el corazón y que impide ver más allá del desasosiego. Ha sido la primera vez que le he visto llorar desde que abandonó la infancia. Sus lágrimas han sido como un azote para mí. Ha sido muy duro, cruel, ver llorar a mi hijo y saberme incapaz de aliviar su pena. Porque no buscaba el consuelo en mí, y creo que tampoco lo hallaría. Primero hay que buscarlo dentro de uno mismo. Pero esas mismas lágrimas que tanto me han dolido me han aportado una gran felicidad. Porque me han revelado que mi hijo tiene sentimientos intensos y hondos, y que no huye de manifestarlos. Hoy me he sentido orgullosa de ser su madre.

Nº 135

Rito iniciático

Julián Muñoz Carrasco

Reconozco que aquella vez mis manos temblaban como las piernas del quinceañero que se muere por besar a su primera novia. A mi lado, ella me dirigió una mirada expectante, segura, y ante tal escrutinio no me quedó otra opción que tragar saliva y empezar a actuar; Después de todo había visto hacerlo docenas de veces. Al principio estaba un tanto perdido, no sabía si estaba haciendo lo correcto o si iba rápido o despacio, pero la mujer fue guiando mis movimientos con voz experta. Así pues al cabo de pocos minutos empecé a tranquilizarme y a comportarme de un modo natural, y algo después incluso llegué a pasármelo realmente bien, aunque cuando me dijo que el tiempo se había agotado no puede evitar expulsar un casi imperceptible suspiro de alivio. Ella me miró satisfecha, sonrió y dijo: felicidades, ya tienes carnet de conducir.  

Nº 134

Mi primera vez

Antonio Larrey

Mi primera vez fue un desastre. Debía rondar los doce o trece años. En el barrio si no lo habías hecho no eras nadie. Y tampoco es que fuera la construcción de un satélite: dos manos, unas piernas que se mueven y un agujero en el que meterla. Un día nos armamos de valor y con nuestras mejores galas, nos dispusimos a estrenarnos. Entramos al local con más miedo que nunca. Tardamos en decidirnos, y seguimos viendo como otros lo hacían. Hasta que por fin encontramos el valor. Esperamos nerviosos nuestro turno y cuando llegó, aquellos que tan bien sabían meterla, nos colaron siete goles sin que apenas nos diera tiempo a tomar contacto con los manillares del futbolín. No nos importó, nos habíamos estrenado y sabíamos que era cuestión de tiempo colar esa última bola y levantar los ojos y decir la maravillosa frase: “¿el siguiente?”

Nº 133

Vida infantil

Angelica Ilha

Con las manos heladas, caminaba por las calles, miraba las piedras blancas y ásperas. Algo me decía que así como yo, ellas también sabían que les faltaba algo. Tomé algunas piedras en mis manos y las puse en mi mochila, mientras mi madre me miraba pensativa. Al llegar a la escuela vi a los otros niños con dolor en mi pecho, miedo en mi cuerpo y curiosidad en mi mente. Mi madre se quedó en la puerta, escondida, pero sabía que estaba allí, intentando tener más fuerza que yo. La tarde pasó lentamente en mi primer día de clases. Cuandó llegué a casa puse las piedras en el florero. A partir de ese día las piedras serían como yo, listas para el conocimiento, que de lugares diferentes llega, listas para dejar de estar en blanco, listas para ser de colores.

Nº 132

Sangre y Saliva

Sara paz

La noche en que me follaste por primera vez, el agua del canal temblaba lenta, llena de espuma. Tú me tocabas a tientas, el aire se volvía tóxico y los cuerpos resbalaban inquietos, procurando no quemarse. No recuerdo ahora muy bien si fue lento o doloroso, tampoco recuerdo el color de las paredes, ni la hora. Lo que si recuerdo es tu dulce expresión de pánico, uno de tus brazos atrapando mi espalda y la forma peculiar de la cama, meciéndose como un barco sobre sangre y saliva.

Nº 131

Una mala decisión

Juan Antonio Font

Plantado al borde del vació, mi mente no sabe que hacer, el cuerpo no me responde, el sonido de las sirenas bajo mis pies, se convierte en un leve susurro casi inaudible. La suave brisa acaricia mi rostro, cuando el tiempo se detiene y el recuerdo de mis actos me envuelve la mente. La chica a la que amo no se fija en mí, estoy cabreado con los amigos, mis padres no me entienden. Mis pies se desprenden del suelo, envolviéndome una oscuridad sepulcral, el vacío se hace infinito. “¿Qué va a ser de mí? ¿De mis padres y amigos? No me volverán a ver, no podré equivocarme otra vez y aprender, ya no hay marcha atrás.” Abro los ojos. Lo primero que veo es un médico asistiéndome y alegrándose de verme despierto. A las puertas de la muerte pido otra oportunidad.

Nº 130

La primera carta

Vera Gudiel

Lo habíamos organizado meticulosamente. Sin embargo..,  huimos. A pesar de nuestra cobardía, a pesar del miedo, a pesar de nuestra juventud e inexperiencia, nos fuimos lejos. Escapamos de aquella vorágine de gente que me atosigaban sin parar. Aquel día tuve que vencer mi timidez y pasar de unos brazos a otros, responder a los saludos corteses de unos, a los besos de otros, a las palabras malévolas que algunos  me lanzaban, a las miradas de envidia que algunas chicas proyectaban sobre mí, a las de lascivia, que descaradamente me arrojaban los hombres. Con  valentía logré salir a flote y me embarqué en mi primera experiencia de este tipo: conseguí montar en avión y volé lejos. Volé para hacer realidad el sueño que a esa edad tenemos todas las jóvenes. Vivir los mejores días de mi vida.., disfrutar de mi Luna de miel".

Nº 129

A la mañana siguiente

Vera Gudiel

Me condujeron al interior de una caverna entre sombras danzantes. Un ruido ensordecedor tomó posesión de todos los cuerpos, que en su frenesí se expandían y convertían la estancia en el lugar más angosto que pudiera imaginarse. Todo parecía desproporcionado y grotesco. Algunos rostros pasaban ante mí como ráfagas, incitándome a formar parte de su aquelarre. A duras penas logré situarme estratégicamente al fondo, demasiado cohibido para participar. Al cabo de un rato, uno de mis amigos me invitó a beber algo. A esa invitación le siguieron muchas otras. Me obligué a complacerles sin dejar de observar, atónito, el espectáculo que se ofrecía ante mí. Y en algún momento indeterminado perdí la noción del tiempo. A la mañana siguiente no recordaba nada. Entonces comprendí por qué solían decir que bebiendo todo se veía mejor. En realidad, nada que pudiera verse valía la pena.

Nº 128

DULCE RECUERDO

Juanita

Lo habíamos organizado meticulosamente. Sin embargo..,  huimos. A pesar de nuestra cobardía, a pesar del miedo, a pesar de nuestra juventud e inexperiencia, nos fuimos lejos. Escapamos de aquella vorágine de gente que me atosigaban sin parar. Aquel día tuve que vencer mi timidez y pasar de unos brazos a otros, responder a los saludos corteses de unos, a los besos de otros, a las palabras malévolas que algunos  me lanzaban, a las miradas de envidia que algunas chicas proyectaban sobre mí, a las de lascivia, que descaradamente me arrojaban los hombres. Con  valentía logré salir a flote y me embarqué en mi primera experiencia de este tipo: conseguí montar en avión y volé lejos. Volé para hacer realidad el sueño que a esa edad tenemos todas las jóvenes. Vivir los mejores días de mi vida.., disfrutar de mi Luna de miel".

Nº 127

Deseo incontrolado

Juanita

Lo miraba a escondidas, anhelaba tocarlo, acariciarlo, mimarlo. Lo buscaba con la mirada e intentaba hacerme a la idea de que mis dedos se posaban suavemente sobre él. Mi obsesionada mente hacía realidad, lo que deseaba. Después, me arrepentía, no era capaz, me sentía torpe, inútil. Buscaba las ocasiones en las que poder realizar mis pequeñas y añoradas travesuras, indagaba el momento oportuno para deslizarme en su pequeña e íntima habitación y cogerlo y estrecharlo entre mis manos, hasta escuchar sus inconfundibles sonidos. Por fin, cansada ya de quererlo y mirarlo a lo lejos, me acerqué, y con ansias contenidas..., comencé a tocar el teclado del ordenador de mi hijo. Las palabras, contenidas y pensadas durante mucho tiempo, me brotaban a raudales, sin apenas pensarlas, así, fui dando forma por primera vez a lo que mis sentimientos me reclamaban: Escribir.., dar rienda suelta a mi imaginación.

Nº 126

PALABRAS INSONORAS

Maria Isabel Guerrero

Es una sensación rara, miro para un lado y para el otro, y ella me sigue con su mirada. Hay veces que no tenemos ni que hablar. Nos comunicamos sólo con los ojos o con un simple gesto. Lo malo es que la que habla siempre es ella., yo no digo nada, ni mu.
Hay una idea equivocada sobre mi, todos se piensan que no entiendo una conversación larga, sólo palabras sueltas. Vamos que se piensan que soy tonto. Pero ahí esta siempre ella comunicándose conmigo, con sus dulces palabras. Ella es mi ama del alma y yo su perro fiel. Y siempre nos unirán las palabras, aunque sean mudas.

Nº 125

Mentira

Tomas O. Manzanelli

Entonces, mi padre se volvió hacia mí, que lo miraba fijo, no lo acusaba, mi mirada no era cínica, pienso que no podía serlo de manera alguna, puesto que la acción requería cierta sutileza, la cual, para el niño de entonces, era completamente desconocida. El, advirtió mi desconcierto,  sonrió de manera particular, diría que una mitad de la boca se arqueó, mientras que la otra permaneció rígida. Puso una mano sobre mi hombro. “Escuchame, hijo, en determinadas circunstancias, es necesario olvidarse de las reglas, como ahora, por ejemplo. Es en razón de evitar un daño, un conflicto. Todos, alguna vez, usamos la excepción”. “¿Y cómo  sabré cuándo?” “Ya te darás cuenta. ¡Ah, eso sí, debe ser el último recurso!”. Alzaba el índice, lo agitaba, como cuando debía amonestarme por haber faltado a la verdad. Cuánto ídolos se me cayeron después; pero vos, papá, fuiste el primero.

Nº 124

Las Fallas

Manuel Quiroga

La primera vez fue lo más importante. Iba a empezar de nuevo la estación más hermosa, chicas con pantalones cortos y escotes encendidos. Por entonces vivía en un pueblo sin mar, como Sabina, y quería viajar a la costa. La juventud llenaba las semanas, las tardes, los minutos ociosos y las horas eternas devorando los libros, revistas o periódicos en viejas  bibliotecas. Todo era muy nuevo después de haber dejado Madrid y sus problemas…Me levantaba al oír las campanas, con los limpios obreros pasando por mi calle. Autobuses vacíos volvían presurosos de descargar viajeros en la estación de FEVE. Yo acudía a los hornos a comprar tortas dulces.  Nunca había escuchado la explosión de las nubes, el increíble fuego devorando la noche. Pero una tarde dulce subimos en un coche y llegamos a punto. Valencia ardía en fallas. Nada tan clamoroso había imaginado.

Nº 123

A UNA MONTAÑA

CIUDADELA

Matterhorn, ¿Quién enamoró a quien? Nos buscamos mutuamente y nos encontramos. Somos un solo corazón y alma... Cuando mi cuerpo muera, que mis cenizas recorran y habiten en tu interior para siempre. Tú, eres la montaña de mi vida, amor a primera vista, puro flechazo... Cuerpo esbelto; piel rocosa; sangre cristalina; manto nevado, cálido y gélido, imponente y desafiante, frágil y tímida, protectora y solitaria, líder entre tus hermanas; pequeña pero de gran corazón, única, mi verdadero amor. Forjadora de sueños... De tus entrañas emergen las almas de los que alcanzaron  tu cumbre, esa culminación de triunfo logrado lleno de sensaciones indescriptibles que sólo los elegidos pueden sentir, y adherir en la cima de su corazón para siempre. El día que nos presentaron nos convertimos en un solo elemento. Mis ojos penetraron en tu alma y ya no quise apartar la mirada de ti. …

Nº 122

Concurrencia de 3 primeras veces

Brujilla

Que el teléfono sonara era normal puesto que trabajaba en una centralita. Pero era la primera vez que al descolgar preguntaban por ella. Un escalofrío la estremeció y la garganta se le hizo un nudo. No acertaba a entender las palabras que le trasladaba el teléfono. Únicamente podía repetir tres palabras una y otra vez: ¿pero está bien? El camino en taxi fue mortífero, largo e inconsciente. Al llegar, supo por primera vez lo que significa perder a alguien a quien quieres para siempre. Y de esa forma cruel cerró el libro de la primera vez que la amaron.

Nº 121

Don Pascual

Superser

Recuerdo la primera vez que vimos a Don Pascual. Nos revolvía el pelo con cara de contento o nos pellizcaba las mejillas donde nos viera. Me fastidiaba lo del pelo, pero era el nuevo cura del pueblo y había que tenerle respeto.
Aún éramos unos críos cuando algunos amigos y yo nos hicimos monaguillos. Don Pascual seguía revolviéndonos el pelo cuando nos veía por la calle, pero había que tenerle respeto. Recuerdo también la primera vez que me hizo sentarme en sus rodillas con sus bromas y sus cosas, y recuerdo la vez que salté asustado de aquellas rodillas...
Recuerdo la primera vez que dejé de respetar a alguien: La tarde que estábamos jugando en la plaza y se nos acercó, mientras me revolvía el pelo, yo revolví su cara de dos hostias.

Nº 120

Rabia

María Elena Martínez

La primera vez que escribí tenía apenas ocho años. Los justos para sentir rabia. Los necesarios para saber que quedársela para uno no es bueno y compartirla con el resto no vale mucho la pena. Entonces comencé a escribir mi rabia. A dibujar con trazos difusos su verdadero rostro, que, como descubrí mucho después,  no era más que mi propio rostro reflejado en un papel en blanco.
 Ya desvirgada mi primera cuartilla, dejé que la rabia se escondiese entre árboles exóticos. Dejé que ardiese entre las llamas y remontase el curso de mil ríos.  Hasta que un buen día…no sé cómo….mi rabia, mi pequeña rabia, desapareció sin dejar el más mínimo rastro. Si alguien la encuentra, sepa que con el tiempo se vuelve hasta mimosa.

Nº 119

La Ciguapa

Randoro Ariostto

Mi primera vez fue con La Ciguapa, lo juro. ¡Aaahhh! sus cabellos pabellonaban aquella desnudez y su canto aturdía mi corazón de un modo que, el temor a morir, corroía mis ímpetus adolescentes. Escuchaba a través de la nívea expansión sus estridentes zancadas. Mi respiración delataba inmadurez en tales diligencias del placer. Una osadía de roedor me acomodó al claustro de su sensualidad. Temblar a cada palabra, serpentear al filo de la noche o el alba; el dolor del amor que parte con una leve dulcedumbre en agonía, la expiación de la mujer amada a destiempo. El morbo del más hermoso relato de Javier Angulo Güridi.

Nº 118

Sobremuriente

Luis Utges

La primavera vez tenía un mes de vida, aún no criaba pelo y fue en una charca cerca de casa con un atardecer naranja de vetas azul turquesa. Después de un breve besuqueo y un hostigamiento de sus extremidades sobre mi piel, entró dentro de mí, súbitamente, profiriendo un leve eructo de placer pulmonar y rascándose ávidamente la oreja derecha, yo enturbiada de nuevas sensaciones me deje llevar por el trasiego,  mientras proseguía el chapoteo exultante de sus congéneres, que nos acercaba el rancio y dulce sabor del agua. Mi partenaire acabo de expulsar desde su minúsculo reproductor su líquido vital y saltó en pequeños vuelos verticales a reencontrarse con los suyos, mientras exhausta esperaba ansiosa la acción de la naturaleza. Mis futuros dos mil trescientos doce hijos invadirían la superficie terrestre, en huevas verdes gelatinosas, para inaugurar en nuestro minúsculo micro clima, una nueva y poderosa, especie de rana.
Saludos,

Nº 117

LA INMENSIDAD

L.G. MORGAN

La primera vez que vi el mar descubrí lo que era la vida.
Éramos gente de terruño, de tierra adentro, y acudimos al mar como un peregrinaje costoso cuando yo tenía catorce años.
Recuerdo haberme parado junto al coche, intuyendo el mar pero sin verlo, sintiéndole al pie del acantilado donde me hallaba encaramada.
Me adelanté paso a paso con reverencia, dejándome inundar por el olor a sal y el susurro mágico del vaivén de las olas. Me demoraba a propósito, me sabía al borde de un gran descubrimiento.
Luego, al llegar, quise verlo de golpe, abarcando de una sola vez toda la inmensidad inabarcable. Y se me perdió el aliento.
Aquello era el infinito, la vida misma, comprendí.
El cambiante eterno. Innumerable, inacabable, inagotable.
Y nunca he vuelto a alejarme mucho de él. Fue amor a primera vista.

Nº 116

Locura

Nagaryuna

Estuve en un lugar extraño donde sentí mil terremotos, y bandas de música tocaban en calles atestadas de gente.Noche y  día se confundían salpicados con disparos de luces de colores acompañadas de sonidos que parecían truenos. Algunos locos saltaban de alegría cuando la tierra temblaba y corrían pidiendo más; estos nativos, si sufren un bombardeo, salen al balcón y aplauden, pensé… Coloridas esculturas/caricaturas interrumpían el paso, y personas vestidas con variopintos atuendos (barrocos junto a “guiris”) componían un conjunto demente e indefinible que me mantuvo confuso muchas horas. Juro que no tomé nada extraño. Quiero volver.

Nº 115

Amor De Madre

Victoria D.B.

La primera vez que la tuve en mis brazos me sentí la mujer más feliz del mundo. Por fin podía coger sus manitas, ver su carita de ángel, abrazarla contra mi pecho y quererla más que a mi vida. Siempre recordaré aquellos días en los que aprendimos a conocernos, noches de desvelo en las cuales para tranquilizarla, meciéndola, le susurraba tiernas nanas. Madre e hija unidas más allá de un cordón. Unos cuantos años han pasado y aquella niñita chiquitita es ahora una guapa adolescente. A veces reñimos y nos peleamos pero  cuando duerme, cojo sus manos, miro su cara de ángel, y deseosa de abrazarla contra mi pecho, siento que la sigo queriendo más que a mi vida. En el silencio de la noche, recuerdo y pienso que en el fondo muy pocas cosas han cambiado desde aquella primera vez.

Nº 114

Mi primera vez en Fallas

Jefa

Un día comenté que me gustaría ir a  las Fallas de Valencia. L o hice  con la sensación de que no podría cumplir ese deseo, como si hubiese dicho: me gustaría darme un paseo por la luna. Por eso cuando, por mi 80 cumpleaños, me regalaron los billetes de avión, no me lo podía creer.  Y llegó el 10 de marzo y aterricé en Valencia. Valencia en Fallas es algo increíble y yo me  sentía como un niño que ha descubierto el mar por primera vez: todo me parecía inmenso y demasiado luminoso; para un gallego la luz del mediterráneo pude resultar cegadora......

Nº 113

Una Inglesa en las fallas

Setarcos

No me creerán. Estaba pasando por el doloroso puente de los dieciocho a sabiendas de que las únicas mascletás de mi vida venían de la Fiesta Mayor Levantina. Fue en esta última del 2010 que conocí a una Thatcher ninfómana de veintidós añitos. Sin preámbulos me invitó a escondernos bajo el artesonado de una Falla de Rajoy y allí comenzó el delirio de la sangre, a oleadas me venía. A horcajadas se subió encima de mí bombeándome, exprimiéndome… desahuciándome. Sus pechitos británicos brillaban como globitos iluminados por el sol. Sus grititos eran llamaradas encadenadas que incendiarían antes de tiempo la infraestructura: One, two, three, four… Me pide más, pero mi ardor es fláccido. Imbecile, me insulta y desaparece entre las piernas de la Oposición. ¡Gibraltar español!, le grito y ella se vuelve y me regala un enérgico corte de mangas. Fue así mi estreno, aunque sé que no me creerán.

Nº 112

Las empanadillas de mi abuela

Cangreja

Recuerdo cuando mi abuela; por fin, me dejó ayudarla a hacer empanadillas. La emoción me embargaba. Muchas veces la había visto hacerlas pero nunca había estado yo preparándolas.
Me encontraba subida en una banqueta con un delantal atado debajo de las axilas que me tapaba los pies. Ella extendió las obleas sobre la mesa y yo, con su supervisión, las rellenaba con la pasta que previamente habíamos preparado. Luego mojaba mi dedito en agua y lo pasaba por el borde de la masa, doblaba la misma y, con un tenedor, apretaba para cerrarlas con muchísimo cuidado. A pesar de todo algunas empanadillas fueron pinchadas y al freírlas se reventaron. Pero esa noche la cena la había hecho yo y nadie podía quitarme la ilusión de hacer por primera vez las empanadillas con mi abuela.

Nº 111

ÚLTIMO DESEO

Andrés Fornells

Era un paria, lo peor que un humano puede ser en la India. Componían su cuerpo un miserable revoltijo de huesos y pellejo oscuro. Se hallaba tendido de espaldas sobre la grana de un céntrico jardín de Bombay. Se acercaba la madrugaba, hora en que la muerte trabaja con mayor ahínco. Él se hallaba en las últimas. Las ropas que vestía estaban tan destrozadas que cuando él muriera no servirían para nadie más. Agonizando ya, sus pitañosos ojos vieron que el cielo se enturbiaba. Pidió como tantos sentenciados a muerte, que le fuera concedido un último deseo: que por primera vez una chica lo besara. Y casi en seguida sintió sobre sus labios una humedad cálida y tierna. Luego dejó de sentir y quedó inmóvil con una sonrisa-mueca. La vaca, animal sagrado en  su país, siguió adelanta con la cabeza alta, bamboleando orgullosamente sus  ubres.

Nº 110

Para Tabita

Oscar Jimenez

La primera vez que cruzamos miradas…
La primera vez que una sonrisa iluminó la oscuridad…
La primera vez que nuestros labios se unieron…
La primera vez que dijimos “Sí, quiero”…
La primera vez que me sentí hombre al hacerte más mujer…
La primera vez que dejamos de ser dos para ser tres…
La primera vez que volvimos a ser niños, adolescentes y adultos…
La primera vez que un “Sí, quiero” nos desgarró el alma…
La primera vez que nuestras manos son torpes para acariciarnos…
La primera vez que la enfermedad nos separa…
La primera vez que le hablo a una piedra…
Si alguien me preguntara cuál fue mi primera vez…
Abracé a la vida con mi primera vez y moriré siendo primerizo.
No existe una primera vez en el amor,
pues mil primeras veces hacen que te ame, siempre, como la primera vez.

Nº 109

Un par de horas depues

Chicken-Pumpkins

Llevaba meses esperando poder acercarme a ella, llevaba semanas deseando hablar con ella, llevaba días pensando en una cita con ella, y ahora, solamente unas horas después de aquel mágico minuto, me he dado cuenta de que aquellos pocos segundos fueron mi primer beso, mi siempre recordado y único..... primer beso.

Nº 108

Sí, duele mucho

Liza Di Georgina

Duele mucho –me dijo Elena. Asustada, entré trastabillando al cuarto desconocido mientras sentía mariposas en el estomago y me retumbaba en la mente la frase de Elena. Entonces sentí esas manos firmes sujetando mi brazo mientras con voz queda me decía “relájate”.
> Contuve el aliento y cerré los ojos antes de que mi piel fuera penetrada. Sentí un dolor agudo. Me mordí los labios y apreté los puños para no gritar. -Sí duele mucho –pensé. Creí que el dolor y esa sensación extraña no se irían jamás. Cuando todo terminó una gota de sangre tibia que me resbalaba lentamente. Respiré aliviada, me acomodé la ropa y salí de ahí a toda prisa. Ya afuera, aun temblorosa, sonreí. Ahora era toda una mujer y se lo presumiría a Elena en el colegio. Porque no cualquiera aguanta que le saquen sangre sin llorar.

Nº 107

Poppens

SILK

De entre todos los nombres, él la llamó amapola. Sonrisa ingenua y cuentos siempre a mano, convenció al viento de transformarla en animal y flor. Ahora, por vez primera, Poppens lo espera...

Nº 106

HOY ES LA PRIMERA VEZ

Alberto Chara

No puedo recordar la primera vez que caminé ni la primera vez que hablé, no puedo recordar la primera vez que dije mamá o papá; tampoco puedo recordar mi primer día de clases, la primera mala nota o el primer felicitado y no puedo traer a la memoria mi primer error o mi primer acierto.  No puedo recordar la primera vez que silbé o entoné una canción, no puedo recordar la primera película que vi o el primer libro que leí y tampoco puedo revivir la primera vez que grité o me quedé en silencio.   Sí, hoy es la primera vez que no puedo recordar, esas primeras veces...
Amada mía, amada de toda la vida, tu siempre estarás en mi corazón y en mi mente... como la primera vez.

Nº 105

LA PRIMERA SALIDA

DANIEL KIENIGIEL

Qué pasa? No te muevas tanto! Que no te muevas tanto! Así me gusta, tranquila nuevamente. Déjame seguir comiendo. Así, así. Que buena vida. Espera, espera! De nuevo! Me estás haciendo mover! Me estás moviendo! Esto es un temblor, tranquila, tranquila! Ves que puedes, ya, ya, así. Si aquí está todo bien, para qué cambiar? Respira hondo, y a mi déjame comer, que luego me voy a hacer una buena siestita. Pero será posible? Puedes detener este ritmo? Me estás haciendo desplazar hacia delante, y eso no me gusta nada. Nueve meses espectaculares, y justo hoy te pones loca? Ay, Ay, me estoy aplastando la cabecita! Alguien me está empujando fuera de este tubo! Cuanta luz! Quién es este señor? No me agarre de mis pies! Mami, me está pegando en la colita! Creo que voy a llorar, estoy llorando! Hola, Mami, que gusto verte!

Nº 104

Miedo a volar

Alicia Blanco

Cinturón abrochado. Bandeja en vertical. Tics nerviosos en aumento. Carlos se mordisquea las uñas. Quizás aún está a tiempo de levantarse y salir corriendo. A su lado, un señor bigotudo ojea el periódico tranquilamente. Seguramente ya ha volado muchas veces y ha olvidado que podría ser la última vez que completa su crucigrama. El aparato se pone en marcha. Carlos se imagina una larga agonía. Aceleran cada vez más. Cierra los ojos e intenta recordar todas las cosas loables que ha hecho en sus quince años de vida. Siente que una fuerza tira de él y le separa a la fuerza del campo gravitatorio. Se queda sin respiración. Sus sentidos le avisan de que el mundo ya no está cabeza abajo y abre los ojos. Por la ventanilla, el ocaso entre nubes nacaradas. Se alegra inmensamente de no ver ángeles entre ellas.     

Nº 103

EL APLAUSO

Armando Aravena

Fue el aplauso de aquel joven que había presenciado todo desde el fondo del vagón, lo que sorprendió. Sin embargo, tras aquel peculiar instante de incertidumbre aflojaron las risas, silbidos y más de alguna frase de aprobación, que alguien gritó a la distancia. Pero, quienes resultaron más sorprendidos por todas estas festivas manifestaciones fueron los propios protagonistas. Un gesto de auténtico rubor creí ver que se dibujaba en el rostro de ambos. Sin embargo, si bien parecieron confundidos en principio, cuando cruzaron sus miradas, evidenciaron una auténtica y casi infantil complicidad. Nunca creí que fuese posible hacerlo allí, pensé,  mientras subía las escaleras con una injustificable vergüenza ajena en mi propio rostro. El inmenso abrigo de él creo que ayudó mucho, me dije. Sin embargo, tal vez yo jamás sería capaz de hacerlo. No pude evitar cubrir por última vez con mi mirada el sitio del suceso.

Nº 102

Escribir

Pilar Galindo

No era la primera vez que escribía, pero siempre lo había hecho para ella y de ella, como una espiral que partiera de su centro y sobre él girara siempre, en circunferencias  cada  vez más amplías y más ensimismadas. Hoy, por primera vez, ha sido capaz de armar un personaje, que aunque  parecido a ella, tiene otros rasgos sacados del mural vivo del mundo. Le da vida, le hace decir y hacer, lo mete en problemas, le facilita armas y astucia para defenderse, le permite llegar hasta donde ella soñó que llegaría. Duda entre hundirlo en la desesperanza o dejarle un atisbo de felicidad. Mientras crea mundos mágicos, da y quita dichas, se siente Dios, un dios menor que mueve los hilos de sus  hijos de papel. Embriagada por ese poder recién descubierto deja de dar vueltas sobre si misma y escribe una novela.

Nº 101

Volar libre

Lina Micó

La primera vez que baje de un avión en tierras extranjeras supe que ya no había vuelta atrás. En adelante, nada volvería a ser lo que por tanto tiempo había sido. Tenía veinte años cuando aterricé en un pequeño aeropuerto de la Inglaterra profunda y la sensación de aire limpio, puro y fresco me vino a decir que ya era una mujer y que más me valía cuidar bien de mi misma si no quería fracasar en aquel proyecto de locos. Cuidar de unos niños pequeños se me antojaba imposible. ¿Cómo cuidar de alguien cuando eres tú la que necesita ser cuidada? Sin embargo, no tenía otra opción. Esa era mi única posibilidad de aprender un idioma extranjero y poder cumplir mi sueño universitario. Me subí el cuello de la chaqueta, cogí mi equipaje de mano y, con la piel de gallina me dije: adelante.

Nº 100

Los fantasmas

Asisi

Las despedidas son siempre más duras para el que se queda mirando, como yo, el rastro de aquel tranvía. El que se va recordará con melancolía aquel lugar y a la persona amada, pero el viento que se lo lleva todo acabará por desfigurarlo. El que se queda siente un vacío negro y una estaca clavada en el pecho que le acecha en cada rincón, en cada espacio por los amantes compartido, como cuando demolieron el Pub donde tú y yo nos besamos por vez primera. Se siente entonces una punzada enorme al saber que todo cambia a tu alrededor, pero perdura el fantasma indómito del amor perdido.

Nº 99

Disfraces

Vinícius Antunes

Teníamos, Manola y yo, sólo 15 años. Nos conocimos en el colegio. Al fin de las clases nos apoyábamos en los muros y nos besábamos con audacía y nos leíamos con indecorosas manos. Pero los peatones limitaban nuestro contacto. Resolvimos ir a un motel. Había un lío: en Río de Janeiro no se permite la entrada de menores de 18, aunque sólo se confiere la cara y no los documentos de la gente. Me recuerdo haber robado las gafas de mi padre y comprado unos bigotes falsos en la tienda de disfraces. Mi novia secuestró el abriguito de crochet de la abuela, puso un poco de talco en los pelos y llevó gafas antiguas. Porque era noche y la luz poca, no nos descubrieron. Entramos y corrimos a la habitación. Justo al entrar, tuve mi primera vez como si fuera con una abuela, una abuela coneja.

Nº 98

Cosas que no cambian

Orso

Lo confieso, no quería contaros con sinceridad mi primera vez y traté de forzar la literatura. Comencé redactando caricias, besos, suspiros y hasta algunos movimientos acompasados. Pero cuando sólo llevaba dos líneas escritas, y apenas comenzaba a caldearse el ambiente, un coma se me subió a la cabeza. No quise darle importancia: una coma impertinente, pensé. Luego guiones y paréntesis empezaron a interrumpirnos, y hasta dos interrogaciones casi consiguen hacer dudar a mi pareja. Yo, emocionado a pesar de todo, procuré concentrarme, disfrutar, "carpe diem" me aconsejaron dos comillas aliadas en los oídos. Pero todo fue inútil, las exclamaciones se hicieron gritos, los números me dejaron en ridículo, los movimientos acompasados se aceleraron al quedarse sin comas, y ya desesperado no tuve más remedio que cazar un punto, pegarlo con cola y rendirme en este vergonzoso final.

Nº 97

INVENTARIO

Hechizada

PERTENENCIAS DEL SR. DI PIETRO, JOSE retiradas del inmueble de la Avenida Rivadavia 3046, Capital Federal con fecha 5 de febrero de 2010:
1.   Mesa de luz laqueada con un cajón (1)
2.   Bancos plásticos marrones (3)
3.   Cama de cedro (1)
4.   Valija de viaje con ropa (1)
5.   Bolso deportivo de mano con ropa (1)
6.   5 tazas y 5 platos de porcelana
7.   Televisor de 20 pulgadas (1)
9.   Radio despertador (1)
10. Cámara fotográfica digital (1)
Y pensar que la primera vez que te vi, creí que eras para siempre.

Nº 96

Equívoco

Manuel Monsó

Él era un joven muy atractivo.  Aunque lo que más sedujo de su persona, fueron sus manos. Desde el primer instante desee abandonarme al contacto de aquellas manos. Por eso, cuando me condujo a su casa, estaba segura de que todo iría bien, a pesar de ser la primera vez para ambos.  Al llegar,  me depositó con la máxima delicadeza sobre su cama y me contempló  con auténtica adoración. Una de sus manos se deslizó a lo largo de mi cuerpo y, aunque seguramente estaba tan impaciente como yo por comenzar, pareció feliz prolongando aquellos momentos previos sin que nadie pudiera interrumpirnos. Por fin, me cogió deliciosamente torpe entre sus brazos, y con los ojos cerrados y una sonrisa de inmensa felicidad en sus labios comenzó a pulsar, tímidamente, las cuerdas de su primera guitarra

Nº 95

Ocurrió en Valencia

Marga

La primera vez que oí decir "fallas de Valencia" fue hace más de cuarenta años, en  mi pueblo natal. En mi libro de sociales venía dibujada una falla y hablaba de Valencia .me pregunté donde estaría esa ciudad, en que parte del mapa podría situarla, para mi estaba tan lejana y era tan desconocida como la China.
Pasaron los años, llegó la adolescencia y mi familia, como muchas otras, decidió venir a Valencia a vivir.
La primera vez de casi todo en mi vida ocurrió en esta ciudad acogedora: la primera vez que olí el azahar respiré tan profundo que casi me dolían los pulmones ¡que delicioso aroma! La primera vez que vi el mar, que comí una paella, que probé la horchata, que oí una mascletá.
Si aquel lejano día me hubieran dicho que todo lo bueno y malo me iba a ocurrir en valencia  no lo hubiera creído.

Nº 94

Un gesto mágico

Aisi

- ¡No me dejes sola, el silencio sin ti es tan oscuro! Pensó que estaba gritando, pero no era así, el miedo la había paralizado el habla. Escuchar el sonido de su voz por vez primera la despertaba ahora a la realidad de verse sola. Pero sabía que no podía dejar de gritar o moriría. Le costaba respirar,  la habían despojado de su cordón con furia y arrojado a un mundo frío, desolador. - ¡Oh Dios, que es esto!, Almudena recogió la bolsa de plástico ensangrentada, adivinando lo que había en su interior. Pensó en las consecuencias del acto que parecía realizaba a cámara lenta. Un destino incierto le deparaba a este ser humano y al que lo había abandonado en aquel lugar hacia apenas unos minutos. Y el tiempo se detuvo. En ese pequeño gesto, casi mágico, cambiaba y afortunadamente para siempre la vida de tres personas.

Nº 93

En mi memoria

Carmen Sabater

LA PRIMERA VEZ NO ES SIEMPRE ALRGRE O GRACIOSA PORQUE TAMBIEN HAY ACONTECIMIENTOS TRISTES
 COMO ESTE, LA PRIMERA VEZ QUE TÚ NO ESTABAS AHI, HA SIDO LA PRIMERA PRESENTACIÓN A LA QUE NO HAS VENIDO A VERME, BUENO EN CUERPO, CLARO PORQUE YO CREO QUE SI ESTABAS, QUIERO CREERLO PORQUE "IBA POR TI" LO PREPARE TODO CON ILUSIÓN POR ORDEN, CON CUIDADO, LOS TRAJES, LOS ZAPATOS ,EL  ADEREZO....TODO COMO ME ENSEÑASTE A HACER Y NO COMO LO SOLIA  HACER. SENTIA,NO SE UNA MEZCLA DE EUFORIA Y ANSIEDAD Y SOLO HUBO UN MOMENTO QUE SENTI QUE SE ME ENCOGIA ALGO POR DENTRO, EN EL PECHO , EN EL CORAZÓN, FUE CUANDO MIRE DIRECTAMENTE A LA MESA DONDE HUBIERAS ESTADO Y NO TE VI, NO ESTABAS....PERO CERRE LOS OJOS Y TE IMAGINE , Y RECORDE LO QUE TU ME DECIAS , RECORDE NUESTROS "SECRETOS" Y ENTONCES ME DEJE LLEVAR POR TODOS Y APROVECHE HASTA EL ULTIMO MOMENTO PORQUE NADA ES ETERNO PERO TÚ SIEMPRE VENDRAS  A MI PRESENTACIÓN CONMIGO, EN MI MEMORIA.

Nº 92

NUEVO DÍA

Angel Carrasco

ERA una de esas mañanas soleadas de octubre en las que a uno le apetece pasear. Soplaba un viento tibio que arrastraba con delicadeza, como barriéndolas con mimo, las hojas secas de los árboles caídas en las aceras. Los transeúntes iban hoy poco arropados e incluso algunos pájaros se habían atrevido a piar tímidamente. Desde su ventana podían verse algunas nubes que se desplazaban por el cielo sin prisa, en cháchara, acompasadas. Un día alegre para casi todos. Pero no para él, porque en su primer día como muerto la cosa era distinta, la realidad se percibía de una manera difícil de explicar (se lo aseguro).

Nº 91

Vampiro

Silk

... Completo el trance, abrazados los miedos y vencida la noche, clavé despacio los colmillos en el cuello delgado del amante. Por vez primera supe del bienestar y el sabor de tu sangre.

Nº 90

La primera vez que fui en camello

Aida

En mi luna de miel viajé a Canarias; lo que más me ilusionaba era montar en un camello. Resultó una experiencia extraña, entre libertad e inseguridad. Aquel hombre me dijo con voz tranquilizadora que subiera y no tuviera miedo. El animal, arrodillado, se levantó bruscamente y yo me tambaleé. Me agarré a aquel asiento como si fuera lo último que hacía en esta vida, y poco a poco me fui elevando, dejando el suelo atrás. Allí arriba todo parecía diferente, y yo misma me sentía pequeña a merced de aquel animal. Alrededor del Teide, mirando aquellos paisajes tan singulares, soñaba que me encontraba en algún país lejano, desconocido y deseoso de ser descubierto. Cuando acabó el itinerario me entraron ganas de repetirlo; sin embargo, pensé que era mejor quedarse con ese maravilloso recuerdo. Quizás algún día repetiré.

Nº 89

Un gesto mágico

Aisi

- ¡No me dejes sola, el silencio sin ti es tan oscuro! Pensó que estaba gritando, pero no era así, el miedo y el cansancio la había paralizado el habla. Escuchar el sonido de su voz por vez primera la despertaba ahora a la realidad de verse sola. Pero sabía que no podía dejar de gritar o moriría. La costaba respirar,  la habían despojado de su cordón con furia y arrojado a un mundo frío, desolador. - ¡Oh Dios, que es esto!, Almudena recogió la bolsa de plástico ensangrentada, adivinando lo que había en su interior. Pensó en las consecuencias del acto que parecía realizaba a cámara lenta. Un destino incierto le deparaba a este ser humano y al que lo había abandonado en aquel lugar hacia apenas unos minutos. Y el tiempo se detuvo. En ese pequeño gesto, casi mágico, cambiaba para siempre la vida de tres personas.

Nº 88

VIDA EN LA MUERTE

Álvaro Flores Pacheco

El médico le anunció que sólo le quedaban unas semanas de vida, tal vez menos. La mujer, ante la morrocotuda sorpresa del doctor, no salió de la consulta vencida, sino con ganas de lucha, y eso que la única arma que poseía era el amor. En los siguientes días, la enferma terminal amó como nunca había amado, a lo grande, en la cama y lejos de ella. Hasta la Muerte se percató de la fuerza del amor de la mujer cuando, al cabo de un mes, le advirtió de su presencia. Por eso no le importó que la mujer la abrazara. Y, por primera vez en su existencia fúnebre, la Muerte se sintió viva.

Nº 87

Ahora que recuerdo

Lugo

Ahora que recuerdo, estaba asustada..  Decían mis amigas que les había dolido, ellas siempre lo describían así, y decian que muchas de ellas sangraron, lo cual contribuyo a mi terror, en charlas de amigas, todas contaban sus experiencias, yo era la única que no tenia nada que contar y las escuchaba embobada y aterrada. y también fascinada,  decían que después de eso, no había dolor, todo iría mejor.Estaba nerviosa,  no sabia que iba a suceder, llegue temprano. entonces entré, la habitación estaba iluminada y él impecable, en realidad era muy guapo, me invitó amablemente a que me recostara, entonces prendió la luz y yo cerré mis ojos.   Con delicadeza, cogió mi cara.¡Es mentira!. cuando salí, estaba realmente contenta, no me había dolido nada y mi mamá me iba a comprar un helado de chocolate.. Ahora ya tenía  brackets.

Nº 86

El pensamiento del mañana

Alvario Flores

Juraría que el pensamiento que se le acababa de ocurrir era la primera vez que lo pensaba. ¿De dónde habría venido?"De ti, de tu mañana", resonó una voz en la cabeza del hombre.  No le convenció mucho la respuesta. Más bien todo lo contrario. Si el pensamiento había llegado a él desde su propio futuro, ¿qué sucedería si él no tuviera mañana? Sucedería que entonces habría pensado un pensamiento que provenía de un mañana inexistente.  "Exacto", dijo la misma voz de antes."¿Entonces?", preguntó a la voz, como si la voz fuera alguien dentro de él,  no él dentro de sí mismo."Entonces, piensa".

Nº 85

Salté de un árbol

Claudio Alejandro

La primera vez que salté de un árbol, calculé mal. Golpeé contra una rama, las hojas, el tronco, y después aterricé sobre un caminito de adoquines. Me rompí la clavícula, el fémur, dos costillas, y la cabeza se me abrió como una lata de conservas, dejando un charco de abundante sangre. Tenía golpes por donde mirara. Por meses estuve con tubos, tornillos y otras cosas atravesando mi cuerpo.
Esa fue la primera y última vez que pretendí ser pájaro.

Nº 84

Mi primera vez

Beatriz

Mi primera vez fue con mi primera novia, la semana pasada. Quise hacerlo bonito, romántico, con pétalos de rosa y velas. Descubrí que hacer mantillo con pétalos de rosa era carísimo así que compre geranios que eran baratos y las velas en los chinos. Todo preparado, llego el día; emocionado. Prepare una cena romántica, con su pizza, su Pepsi-cola; ansioso.
La llevo al cuarto, las velas no huelen a cera, no consigo identificar el olor; nervioso. Me desnudo en un pestañeo, me tiro en la cama. Se me mete tierrecilla de los geranios en el culo; incomodo. Ella se ríe; sorprendido. Se acerca a mí en ropa interior; excitado. No consigo desabrocharle el sujetador ¿Por qué no harán los enganches de velcro?; intrigado. Lo consigo; pletórico. Empiezo; patoso. Funciona; taquicardico. Dos minutos y medio después termino; agotado. Ella me pregunta ¿YA?; decepcionada. Mi primera vez en 150 palabras, bueno, segundos.

Nº 83

SER MAYOR

Beatriz Aragó

La primera vez que tu padre en fallas te dice, "Vamos a comprar petardos de mecha y los tiras" es uno de los días más emocionantes de un niño fallero. Entras emocionada a la paraeta (cuando con 7 años podías entrar en una paraeta y comprar petardos sola) pides una caja y una mecha (porque los mecheros eran muy complicados). Salías emocionada, le dabas la mecha a tu padre mientras con impaciencia rompías el plástico que envolvía la caja.
Tu padre encendía la mecha y te decía: "Pon el petardo en el suelo, enciéndelo y apártate". Cogías un petardo, lo colocabas estratégicamente en el bordillo de la acera de manera que la mecha quedara en el aire. Acercabas la mecha al petardo, estabas nerviosa. Salías corriendo antes de que se encendiera. Volvías a acercarte, te temblaba la mano, salían chispas, corrías lejos, muy lejos, ¡PUM! Eras feliz. Eras mayor.

Nº 82

La primera vez que nadé

ARTEMIO RODRIGUEZ

La primera vez que nadé,fue accidentalmente,estábamos en el puerto de mi pueblo una pandilla de niños,curioseando como descargaban los barcos con grandes grúas. Una vez nos cansamos de mirar nos fuimos por el borde,cuando de pronto alguien me empujó y caí al agua,al no saber nadar, comencé a chapotear,,los demás niños me decían que extendiera los brazos y que hiciera como si apartara algo,de esta forma conseguí llegar hasta unas escalerillas,así aprendí a nadar. Muchas veces se recuerda la primera vez ,con nostalgia,como un buen recuerdo,en mi caso no es así,pues si bien aprendí a nadar,me quedó un triste recuerdo,una huella que me ha marcado para siempre,al caer al agua,sentí como un chorro de agua se introducía por mi oído derecho,resultado..rotura del tímpano,como ven mi primera vez en nadar,tuvo consecuencias mas bien negativas. Primeras veces mas afortunadas,también hubo...esas son otras historias.

Nº 81

Células locas

karla leardini

Resulta que de repente se te enloquecen las células y empiezan a jugar con el equipo adversario. Tú, alucinando ahí en el publico, dejas caer la cerveza al suelo y sin acabar de tragar gritas "¿Pero, pero que hacéis???!!!" .Al cabo de un rato, después de haberse hecho las desentendidas, se plantan en medio del campo y te miran con cara de inocentes como diciendo "Sólo estamos cumpliendo órdenes.". Desde tu cerebro parte un comité con toda una hoja de reclamaciones para comunicarte, solemnes, que no están satisfechos con el tratamiento que les proporcionas, por lo que se declaran indefinidamente en huelga hasta nuevas instrucciones por parte de la junta directiva. Entonces te toca frenar la movida porque aquí huele que estos se han cabreado en serio. Mientras el médico me explica como funcionan las "enfermedades autoinmunes y sicosomáticas", me rasco enérgicamente y prosigo con mi videoclip mental. Como siempre.

Nº 80

FUE EN ESA FIESTA

Francisco Enríquez

Arturo bailaba conmigo en presen­cia de todos los compañeros del tercer año de la secundaria. Me abrazaba apretando más, mucho más de lo necesario. Yo, con una sonrisa suspendida, los ojos en un punto lejano y los brazos a los costados del cuerpo, me dejaba hacer. ¿Por qué? Por el placer que eso me otorgaba, por no seguir repitiendo no, no, no, como en un sonsonete, pero sobre todo por­que quería algo, o todo, con él. De repente, su mano derecha resbaló por mi brazo izquierdo alcanzando el dorso de mi mano. Lo miré y miré que me miraba y nos miramos, y su mano derecha se apoderó de mi mano izquierda y yo continué mirando que él me miraba. Miré fijamente sus ojos quietos, detenidos en los míos, exigiéndome lo que yo ansiaba darle.

Nº 79

150 palabras antes

karla Leardini

Me han dicho que se trata de superar la primera vez y ya en el tren, desee dominar el miedo. Levanté los ojos y vi mi rostro en la ventanilla. Creí encontrar en su lugar alguna una premonición oscura pero vi sólo el cielo que amanecía sencillo e inmenso. Cuando presioné la sien contra el cristal, una vena empezó a agitarse como rehén fuera de quicio. Contemplé el vaho que opacaba el vidrio y pensé en todo el calor y la sangre que hay por dentro. El índice acarició la figura en espera que yacía en el bolsillo  derecho. Como queriendo borrarla.Un rayo de sol se insinuó prepotente y me besó los parpados. Era como una promesa apenas murmurada. Percibí una sensación de paz en el pecho que enseguida descarté porque fuera de lugar. Podría haberse tratado de un día nuevo sino estuviera yendo a matar a un hombre.

Nº 78

Una noche en Tunez

Marti Calvo
Como todo adolescente llenaba mis oídos con la música que escupían las radios de éxitos. Aquel anciano apretaba la portátil con fuerza y acercaba el parlante al tímpano hasta llevar el sonido al alma. Los ojos sellados y el ritmo marcado por las botas ruinosas.
El encanto de aquella música era tan fuerte que logré vencer mi timidez para despejar mi intriga. "Una noche en Túnez de Dizzy Gillespie", balbuceó una vez que terminó la pieza.
Llegó el momento del debut en el Festival de Jazz de Montreal y no dejo de sentir el aliento rancio de aquel ritual iniciático que me hizo recorrer este camino. Mi trompeta pide abrir el recital con aquel tema.
Nº 77

Amor

Jobis
Todo parecía difícil; lo había intentado muchas veces pero no me salía. Algunas de mis amigas ya eran unas expertas, por eso se dedicaban a explicarme cómo hacerlo. Cuando se acercó, me miró con ternura y me dijo: - ¡tranquila que tú puedes!; me dió confianza. Ese fue mi primer paso, luego pensé que no sería la última vez que lo hiciera; por eso me decidí. Aunque mis manos temblaban, lo empuñe muy fuerte. Puse todo mi empeño y creatividad. ¡Lo hice!. Por fin; Había aprendido a escribir la "A". Entendí que la utilizaría para siempre sobre todo, porque con ella se escribe: AMOR.
Nº 76

El Dia

Jobis
-¿Te quieres casar conmigo?. -¡Sí, quiero!. Era increible, sólo lo conocía hacía un mes y estabamos completamente enamorados. Él tenía cuarenta y dos años, mientras yo contaba con treinta y ocho y aún era virgen. Siempre quise que mi primera vez fuera muy especial, por eso decidimos que fuese en nuestra noche de bodas. Todo era perfecto; velas, flores, chapagna, besos.sólo que en cada intento no podía. ¡Me dolía mucho!. -¡Caramba!. Después de esperar treinta y ocho años para este día. Preocupados por lo que pasó, fuimos al ginecólogo, que me explicó que tenía un himen atabicado, y que este no me permitiría tener una relación completa hasta que fuese retirado quirúrgicamente. -¡Oh, no!. Casada, virgen y tras de el hecho tenían que quitármelo vía bisturí. Una hora después, salía de allí: anesteciada , sin el bendito himen y una incapacidad de una semana.
Nº 75

La primera vez que viajé en avión

Felipe Alarcon
No tengo palabras para describir la emoción que experimenté cuando volé por primera vez en aquel gigante de acero de grandes alas. Corría el año 1998 y desde mi pequeña isla, Cuba, me imaginaba volando en avión de un sitio a otro. Mi habitación era un estudio tan pequeño que tenía que hacer muchos esfuerzos para poder ejercer mi trabajo, artista plástico. Para observar la perspectiva de algunas obras, tenía que acostarme sobre la cama. En mis lienzos pintaba una y otra vez personajes imaginarios con grandes alas. Era una obsesión, soñaba con ese pájaro de acero y poder salir algún día de la habitación. Y de pronto, el milagro, en aquel pequeño cuarto mis maletas preparé y hacia España volé. Desde lo alto observaba aquel cocodrilo verde y a mi pequeña habitación que aclamaba mi ausencia.
Nº 74

La primera vez que la ví

Felipe Alarcon
Se llama Rosi, apareció en mi vida sin darme cuenta. Poco a poco de mi se apoderó la pasión y el verdadero amor. La vi rodeada de amigas, bailando música variada, después tomándonos un café en el bar intercambiamos los números de teléfono. Todo comenzó como una más, pero día a día nos fuimos conociendo, viajábamos sin parar. Fotografías y recuerdos de nuestros viajes más íntimos. Mi familia y la suya se fundieron en una sola, creando así los cimientos de una larga relación. Al final la convertí en mi esposa de hoy, la que me sigue, me apoya y me arropa en los momentos más difíciles y en cada navidad me dice te quiero, caminando así hacia los horizontes más lejanos y una vez allí nos abrazamos como si fuera la primera vez.
Nº 73

El Ninot

Amparo Lopez
No bien concluyó la vibrante traca incendiaria, el nocturno firmamento valenciano se iluminó bajo la atenta mirada de miles de personas. Al poco tiempo, la composición central del prodigioso monumento fallero era celosamente abrazada por las llamas, resplandeciendo en los maravillados ojos de los presentes. A salvo del fuego, un discreto ninot se alzaba a un extremo de la Falla, hasta que, también él, cayera pasto de las llamas. Desapareciendo. Los ojos de la joven bullían en lágrimas observando, impotente, a aquel solitario ninot. De pronto una ola de rojo fuego se cernió sobre la figura de poliestireno, que, sin oponer resistencia alguna, se entregó a su destino. La joven, entristecida y emocionada, contemplaba por vez primera con los ojos de una Fallera Mayor, como el cuerpo de aquella figura prendía sin remisión. Como las facciones del ninot se borraban y se desvanecían en el aire. Era su muñeco preferido.
Nº 72

La primera y la ultima

Carlos S. Pedreira
Todo el mundo (es decir sus amigos Luis, Pedro y Jorge) le había dicho que la primera vez no gusta, que la primera vez sólo es la toma de contacto. Pero que la segunda, la tercera, la cuarta y la quinta vez serían mucho mejores. Y ni que decir tiene que la sexta y siguientes serían mucho mejores aún. No había nada mejor que eso. Y hoy por fin iba a hacerlo, había quedado con María y para los dos iba a ser la primera vez. Lo hicieron, pero a ninguno de los dos les gustó. Decidieron que no lo volverían a hacer jamás. Dijeran lo que dijeran los demás. No volverían a fumar.
Nº 71

Monólogo con un extraño

Maritza Pardo
Tienes la mirada de lobo que necesito para la cena, ya.
Nº 70

Tangerina XXVI

Juan Gonzalez
Lo primero que vimos al llegar a esa ciudad fue una marching band tocando música fúnebre de camino al cementerio, una banda sin uniformar, a no ser por los sombreros de paja de los músicos y el paraguas con grandes puntillas rosas de la viuda, una negra muy gorda que se protegía del sol y llevaba bien el ritmo. Al principio, me pareció que asistíamos al rodaje de una película. Cuando se alejaron, entramos en un burdel convertido en bar, donde las voces negras de un quinteto, se apoderaron de todo. No es un placer misterioso, ni siquiera se siente alivio ?dicen?, es solo la única manera de que no suceda cualquier cosa. Al rato, volvimos a ver aquel cortejo; improvisaban, a la vuelta, una música alegre y llena de ritmo. Todos en esta ciudad, tienen los ojos grandes y brillantes. Y cantan. Haití, 2010
Nº 69

PRE....

Borja Texeira

He de reconocer que me asusté. Mucho. Vi a esos tres magrebíes subirse al Metro y un oscuro pensamiento se me pasó por la cabeza. Para una vez que vengo a Madrid y voy en Metro-pensé-. Luego uno de ellos soltó una gran carcajada acompañándole los otros dos casi al instante y me temí lo peor. Un calambre me subió por la dorsal hasta dejarme completamente tenso. Pero sólo se estaban riendo. Como yo con mis amigos: uno dice cualquier gilipollez y el resto se ríe. En esto no podíamos ser tan diferentes- volví a pensar para consolar mi miedo-. Preferí bajarme del Metro, aunque no era mi parada. Evidentemente, después, no pasó nada y yo me perdí en Madrid.

Nº 68

LUJO

Emilio Rodriguez

¿Por qué te has ido? ¿Por qué te rendiste? Tengo que contarte algo. La primera vez ha coincidido con el primer empleo, la primera entrevista, y una condena eterna. He conocido la realidad, quizá eso te excuse un poco, pero por lo que a mí respecta no tengo escapatoria. Trabaja niña y llegarás lejos, tan lejos como quieras... tan lejos como cerca del suelo deposites tu dignidad. Hace 10 de aquellos 6 inocentes años. Como si fuera ayer. Sin romances, sin poesía, sin placer ni deseo. Sólo un objetivo... y una necesidad. Estoy alimentando a los niños, mis sobrinos, tus hijos. Carlos está muy grande, te echa de menos. Espero que pienses en nosotros y cuando lo hagas no llores. Sonríe, sonríe mucho pues mis sonrisas viajan contigo allá donde vayas. Aquí no hay espacio para ellas. Te quiero hermano.

Nº 67

Amigas

Roberto Delgado
Cuéntanos tu primera vez de nuevo, porfa - rogó Susana, con las palmas de las manos en señal de súplica. ¡Sí, porfa, porfa! - aprobaron el resto de amigas, levantando un pueril alboroto de risas y suspiros de envidia.    ¡Otra vez! - protestó Maite -. Ya os lo he contado por lo menos cuatro veces.Tampoco ha sido para tanto - dijo -, la verdad es que me esperaba más, mucho más.    Da igual - adujo Susana - tu cuenta, cuenta. Ah, y no omitas detalles, eh, que te conocemos, guapa.   Lo que os he contado fue lo que ocurrió - dijo Maite - ni más ni menos. Estuvo bien, pero.   Calla - censuró Susana, alzando una mano en señal de stop -. No nos cuentes lo malo, bueno malo, lo que no salió como te esperabas. Cuéntanos solo lo bueno, lo bonito.
    - Está bien, como queráis - claudicó Maite - os lo contaré de nuevo.
Nº 66

Recuperar la vista

Triana

La primera vez que vi a mi madre después de su operación de cataratas exclamó:

-¡Por Dios, hija!, ¡por Dios! ¡Necesitas botox ya!...

Nº 65

Primeros Pasos

Triana

La primera vez que llevé a mi hija a la guardería mi corazón lloraba. Al recogerla, con su carita de ángel y su lengua de trapo, me dijo:

-Mami, ¿por qué me traes aquí si yo soy buena?

Nº 64

Vida

Isabel Rodriguez

Escuché tu corazón por primera vez a mediados de Octubre. Aún el tiempo era bueno y brillaba el sol, pero yo tenía las manos heladas y tiritaba tumbada en la camilla mientras el doctor me impregnaba la tripa con un gel pegajoso y transparente, tan frio como mis manos. En el monitor que tenía frente a mí, tan solo era capaz de distinguir algunas sombras. Debía suponer que ahí estabas tú, creciendo en mi interior, en alguna parte inapreciable de aquel juego de blancos y negros. Y entonces te escuché latir, con fuerza, ajeno a mi emoción y a mis dudas y a mis miedos. Le pregunté al doctor que si todo iba bien. Sí, dijo. Y, esa fue la primera vez que me sentí madre. Entonces lloré y mis manos se calentaron y dejé de sentir frío para siempre.

Nº 63

Experimentando

Isabel Rodriguez

Paseaba de un lado  a otro de la habitación. La campana tardaba en sonar. No sabía si habían transcurrido uno o cien minutos, tal vez horas. Me encendí un cigarrillo y el humo ocupó todo el espacio de aquel pequeño habitáculo. Y la campana no sonaba, a pesar de que yo lo deseara tanto. En el pequeño espejo del fondo revisé mi aspecto. Me retoqué el rojo de los labios y ajusté el liguero de la media a mi muslo. La campana seguía inmóvil, silenciosa, torturándome. Me encendí otro cigarrillo y el ambiente se hizo irrespirable. Escuché un ruido. Tras el espejo. Frente a mí. Alguien me observaba. Apagué el cigarrillo. La boquilla teñida de rojo. Se abrió una puerta a mi espalda. Entonces sonó la campana.

?Es mi primera vez?.Dije.

Nº 62

Desprevenida

Raquel Saralegui

El primer domingo, la Pascua, mi cumpleaños, el suyo, el día del padre, Navidad, Reyes. El año que murió papá fue una esperada sucesión de primeras veces. La que me pescó desprevenida una tarde de invierno fue la añoranza que me llegó por mail con el anuncio de que ganaba un premio literario por primera vez.

Nº 61

Contraparte

Sra Luna
Mi primera vez tiene su nombre, su cara, su piel...con èl descubrì un mundo que me habìa sido negado hasta entonces, quizàs por desconfianza, quizàs por mala suerte, quizàs porque las "causalidades" se presentan encubiertas muchas veces, nos confunden  y tardamos màs tiempo en entenderlas , hasta que descubrimos que no son simples casualidades que se puedan ignorar...definitivamente tiene que ser algo màs mucho màs profundo y mucho menos intrascendente.
Fuì enlazando cada momento, gesto, detalle...coincidencias asombrosas primero, afinidad de sentimientos, sueños y anhelos...estallar del corazòn en mil partìculas luminosas al escuchar su voz, tener su mirada, sentir su calor...y descubrì maravillada lo que nunca creì sentir...por primera vez en mi vida me habìa enamorado.
Nº 60

EL PLACER

Aristarco

La primera vez no disfruté en absoluto, y ella, mi pareja, sangró más de la cuenta. De eso hace ya tres años, y yo, aunque por darle gusto me presto a sus requerimientos cada fin de semana, sigo sin encontrarle la gracia.

Siempre he aborrecido el boxeo, mucho más las sabatinas veladas de boxeo femenino.

Nº 59

Mama

Maria Pilar Menendez

Mamá, la primera vez... me sentía muy pequeña. Tenía frío. Estaba indefensa. No podía levantar la cabeza. No te veía, no era capaz de encontrarte. Me despertaba cada noche buscándote. No quería comer. No conseguía dejar de llorar. No podía hablar; no entendía lo que me decían y nadie me comprendía. No era capaz de caminar; me caía una y otra vez  y no tenía fuerzas para levantarme. No soportaba saber que no estabas.La primera vez que tu corazón dejó de latir, no me di cuenta de que volvería a sentirte cerca. No sabía que, cuando tropezara y me costara seguir adelante, tu recuerdo vendría a cogerme de la mano.

Nº 58

Diez uñas de espera

Sonia

La primera vez ni siquiera me apercibí, supongo que estaba demasiado nerviosa. Esperaba impaciente que te trajeran de vuelta, era como si aquel médico hubiera robado una parte de mí, la más valiosa. De tantas veces que hice a tu padre abrir la puerta y asomarse afuera, para ver si te traían, me quedé con el número. Recuerdo perfectamente que era la habitación 56. Y también recuerdo cada lento minuto, incluso alguno lo recuerdo dos veces, de tanto que miraba el reloj.
Y entonces apareciste tú. El médico te depositó despacito entre mis brazos y me sonrió. Yo no podía dejar de mirarte mientras te agarrabas a mi dedo, y me di cuenta de que en la espera me había mordido una uña tras otra, yo que nunca antes lo había hecho, y ¿sabes qué pensé? Pensé cuánto me quedaba por vivir todavía.

Nº 57

Ritual Sagrado

Donna Neira

En las ígneas constelaciones astrales que iluminan montañas y estremecen abismos, surge el espíritu solitario que vive prisionero de su vasta libertad. El intuye en sus noches de vida en que su sangre se alborota candente a la luz de los rayos plateados, que su meta se acerca, que los cromosomas bullen por perpetuarse en un sólido enjambre. El quiere vivir, el quiere ser. Un rayo de luna cae trémulo sobre la virgen solitaria que le aguarda expectante, entregada, rendida, ciega al amor. Sus cuerpos extenuados absorben el mundo y conocen secretos sagrados. Cojo alucinada el cuerpo del amado y viajo incansable por firmamentos y galaxias en vértigo volcánico rompiendo fragmentos de tiempo en gritos ahogados.El profundo silencio de la noche recoge afanoso el momento para preservar el hechizo de dos seres en comunión de cuerpo y alma por primera vez

Nº 56

EL primer beso

Donna Neira

Mi sangre sentía el llamado de montañas y acantilados, cuando el viento soplaba fuerte en las noches, mi alma se  llenaba de angustias pretéritas, viajaba en el tiempo enamorada del joven misterioso de ojos negros y profundos, me invadía una ansiedad incontenible y volaba  hasta lo más denso del bosque donde bailaba eufórica hasta el amanecer. El se ocultaba en los frondosos arbustos y seguía hechizado cada movimiento ondulante del baile solitario. Se acerca, sigiloso, misterioso, audaz, ambos corazones laten con pasión, rozan sus labios, cierro los ojos, siento el abrazo en el beso de amor, las almas en éxtasis hasta desfallecer. Abriendo los ojos, nos miramos eternamente   enamorados  y  sin mediar palabra y abrazados emprendemos  el vuelo hacia las colinas nocturnas bajo la mirada cómplice de la luna llena

Nº 55

DEFINICIÓN

Alejandro Ruiz

Considero que un microrrelato va más allá del propio texto. Incita a pensar que hay más que sus palabras:
Me casé hace ocho años con el soldado Abel.
Un microrrelato debe contar una historia, sino es una simple enumeración:
A pesar de ello sigo enamorada de Mehmet, hacemos el amor todas las semanas.
También debe dar a entender que no se acaba con el punto final:
Mi marido ahora es general, y en mi país el adulterio se condena con la lapidación. Cada piedra sobre mi cuerpo es el recuerdo de los dedos de Mehmet en la primera noche.

Nº 54

*Mascletà*

Angel Sammael

Soy un tipo curtido que hizo la mili en la legión. Cuando salíamos de maniobras los ejercicios de tiro eran con fuego real: granadas de mano,
proyectiles de mortero, obuses y todo tipo de bombas estallaban como si estuviésemos en mitad de una frenética batalla.
 También debíamos sortear campos simulados de minas, pero con sorpresas escondidas pues algunas sí explotaban de verdad formando un cráter en la tierra en medio de un estruendo de humo gris y olor a pólvora quemada: esas minas eran falsas y no tenían metralla; el mando decía que servían para quitarnos el miedo y hacernos hombres. La primera y última vez que me metí debajo de una mascletà en Valencia me advirtieron de lo que iba a vivir y a sentir: Menos mal que soy legionario y estoy hecho a todo porque esa experiencia sólo es apta para gente muy.valenciana

Nº 53

Filá de Moros

Angel Sammael

Quién me lo iba a mí a decir: Yo, que serví en el Tercio cuando la Marcha Verde en el Sahara defendiendo la integridad de España frente al invasor marroquí. Yo, que permanecí de guardia quince días seguidos en un puesto avanzado de la Legión en mitad del desierto temiendo un ataque del artero enemigo muslim y ojo avizor a cualquier movimiento de tropas, dromedarios o simple ato de cabras pastoreadas por un beduino.
Quien me lo iba a decir a mí: En aras de la amistad con un buen valenciano de pro me integro en su Falla y me veo, por primera vez en mi vida, ataviado con turbante blanco, capa y manto azul, faja multicolor, zaragüelles rojos y babuchas amarillas. Llevo también alfanje, gumía y un fusil. Y, ¿porqué no? orgullosamente  desfilo por las calles de Valencia en una filá de moros.

Nº 52

Deseo

Rafael Bailón

Me siento como un niño con zapatos nuevos. Es mi debut, mi estreno, y, aunque los nervios se apoderen de mí, he de mantener la calma. Nos tocamos, jugamos con nuestros cuerpos fruto de un irrefrenable deseo. Ella separa las piernas a la vez que siente un leve cosquilleo en sus juveniles senos. Cerramos los ojos y manejamos el tempo , el ritmo. Acaricio sus muslos y descubro sus vergüenzas. La aprieto contra mí y comienzo a sentir el éxtasis, acariciando su rostro, su pelo áureo, su boca.. Primero, suaves roces. Más tarde sexo, sintiéndonos como un solo ser cuando nuestras piernas se hacen humo y el balanceo de ambos nos convierte en aves que alzan el vuelo, en estrellas que pueblan el cielo, en música celestial

Nº 51

Lucia

Rafael Bailón

Notaba el tacto al abrigo de su cuerpo, el néctar convidando mis ansiosos labios: abrazos hoy rotos. Aún recuerdo mi lengua acariciando cada rincón de su cuerpo, emprendiendo un viaje hacia los sitios más recónditos, la tibieza de sus piernas con nuestros cuerpos desnudos, boca embriagándome de amor, cabeza apoyada en mí tras hacerlo por primera vez...

Sucedió tras disfrutar de una cena romántica con mantel y cubiertos dispuestos para la ocasión.Tenía 18 años y un nerviosismo palpable cuando la desvestí y pude tocar aquellos melocotones helados, cuando pude apreciar a qué saben los besos de chocolate y miel, qué se siente cuando muerdes el lóbulo caliente de la oreja y  avivas tu  boca para pronunciar su nombre : ¡Lucía ! ¡ Lucía ! ¡ Lucía !

Nº 50

Fuego Virgen

Jorge Valero

Mi primera vez tiene mirada verde, ojos de la frondosa vegetación que nos envuelve. Olor a selva virgen, que te impregna en tu camino. Las manos, los rostros, todo en un perfecto juego de coordinación que exalta la delicadeza de dos cuerpos desprotegidos. Mientras los querubines miran escondidos tras los arbustos, sonrojados, una lágrima es fuente de nuestras vidas. El gélido ardor, del amor y el no querer, entela los cristales del pasado. Del bosque al fuego, del fuego a la soledad más bien acompañada. Profetas del abandono que son y no son en la atemporalidad del mundo. Yo, mí, me. Contigo. Porque eras los efluvios de esa selva esmeralda, que disfrazados de estrella a seguir, tentaron al infierno más paradisíaco que cualquiera hubiese querido probar.

Nº 49

OSCURIDAD

Gemma Ortiz

De pronto sentí que la oscuridad lo envolvía todo a mí alrededor mientras el monstruo pretendía comerme, devorarme las entrañas en aquella oscura cueva donde ningún ser humano había pisado jamás. Apenas podía contener la respiración para que no me encontrara y permanecía inmóvil en la oscuridad deseando que la fiera no me viese y rogando que no pudiese oler mi miedo. Cuando el monstruo estaba a punto de alcanzarme, oí una voz que provenía de las tinieblas;
- Nena, deja de leer que mañana madrugas. Sal de debajo de las mantas y apaga esa linterna.- Dijo mi madre.
-  Uf! Por poco - Pensé. Seguro que la próxima vez el monstruo me vería. Dejé el libro en la mesita de noche y apagué la luz pensando en lo maravillosa que había sido la experiencia. Era la primera vez que leía un libro y estaba deseando repetir.

Nº 48

El carterista

Cándida Eréndida

Ahora me parece pan comido. Salgo cada mañana, camino del metro. A primera hora hay tanta gente que se me pasa el frío al instante, y enseguida gano en agilidad. Los dedos se sueltan. Recuerdo mis tiempos en que estudiaba, esas escalas diabólicas, vertiginosas, esa velocidad creciente en cada estudio, levantando los dedos que hoy manejo con estética dudosa. Czerny me ha ayudado lo indecible.A veces me vigilan. Hay mucha competencia, y el truco está en cambiar continuamente. El dédalo de escaleras y de corredores es un amistoso laberinto para el carterista. La primera vez fue como un juego. La verdad es que tenía